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6 lecciones clave que he aprendido después de muchos años leyendo desarrollo personal

 

¿Son útiles los libros, cursos y blogs de desarrollo personal? A veces hay cierta controversia sobre la famosa autoayuda. Mucha gente se burla de este tipo de libros, los considera facilones, ñoños, monótonos o superficiales. Así que hoy pongo mi granito de arena al respecto…

 

Después de muchos años leyendo desarrollo personal en distintos formatos, trabajando como coach y arriesgándome a hacer muchas cosas, tengo que decir que sí, que hay un cambio, que lo que lees y relees va haciendo mella y un día te das cuenta de que te atreves a algo, y otro de que ya no te da miedo el miedo…

 

Yo leo desarrollo personal desde hace muchos años, mucho antes de formarme como coach y darle el cambio radical a mi vida (con todo el aprendizaje que eso ha conllevado).

 

Como decía, mucha gente se burla de este tipo de libros, los considera facilones, ñoños, monótonos o superficiales. Hay de todo, desde luego, pero te puedo decir que de todo se puede aprender y sacar provecho y que la continuidad, el haber leído y escuchado tanto, ha hecho que crea más en mi misma y que acepte con naturalidad imprevistos, obstáculos y miedos.

 

Al principio lees cosas y no te las crees o piensas que eso será para otros, que tú no puedes o no vales…

 

Y al final te das cuenta de que de tanto empaparte, te lo has creído. Y no hablo de creer cualquier teoría pseudo-científica, hablo de creer en ti y arriesgarte a hacer cosas, de negarte a escuchar a los demás si no es lo que tú quieres.

 

Siempre hay alguna cita, ejercicio, pregunta o experiencia personal que se te queda grabada y cambia tu forma de ver las cosas.

 

Yo recuerdo leer la historia de las ranas y prometerme a mi misma que sería la rana sorda. Recuerdo leer la pregunta “¿y por qué no?”  Y desde ese momento aplicármela.

 

Y por supuesto eso pasa también con otro tipo de libros. Hay personas que opinan que leer novela s es una pérdida de tiempo y que mejor leer solo libros de desarrollo empresarial o personal. NO ESTOY NADA DE ACUERDO.

 

Una novela te puede ayudar y cambiar tanto o más que un buen libro de desarrollo personal/negocios.

Una novela te puede ayudar y cambiar tanto o más que un buen libro de desarrollo… Click Para Twittear

 

Decía  Zig Ziglar que la motivación es como el baño, hay que hacerlo todos los días.

Pues así es como lo logro yo, rodeándome de mensajes interesantes. Unos me llegan más que otros pero todos me aportan algo y si no lo hacen dejo de leerlos y punto (otro logro, terminar con esa especie de regla absurda que dice que tenemos que acabar lo que empezamos aunque no te guste nada y en realidad sea una pérdida de tiempo…).

 

Es importante rodearte de cosas que te hacen sentir bien, que desafían lo que crees, que te hacen ver las cosas de otro modo. Pueden ser biografías, blogs, podcasts, libros, citas. Siempre hay algo que te ayuda, que te da el empujoncito que necesitas, que te impulsa a seguir adelante.

 

Así que en todos estos años estas son las seis reflexiones o lecciones que he aprendido y que son importantísimas en  mi vida.

 

1. A veces tienes que hacer las cosas a tu manera…

Algunas personas somos cabezotas y necesitamos probar las cosas a nuestra manera, en cierto modo desafiarnos a nosotras mismas, para sentirnos realizadas.

Y sí, eso hace que a veces pierdas tiempo, des rodeos, te des de bruces… Desde luego podrías haber terminado antes si hubieras hecho caso a la primera (a mi me paso al inicio de mi negocio). Pero es lo que necesitamos para aprender y ademas, también hay muchas veces en las que descubres nuevas formas de hacer las cosas.

Porque hay muchas maneras de hacer las cosas.

Y porque probar lo que de verdad quieres nunca es un error aunque otros tengan razón y no funcione bien o salga mejor de otra manera.

Probar lo que de verdad quieres nunca es un error. Click Para Twittear

 

Esto lo he aprendido después de escuchar muchas veces esto hay que hacerlo así, tienes que hacer esto, tú hazlo así que sé de que hablo, hazlo así que funciona. Y sí, claro que tenían razón y funcionaba pero yo sentía por dentro que quería probar otras cosas, lo necesitaba, por mi.

Y las probaba y cuando ha sido necesario no he tenido ningún problema en admitir que “sí, tenías razón”, pero tenía que verlo por mi misma y me he quedado a gusto y no me arrepiento.

[Por supuesto a mis mentoras las he vuelto locas, jaja, igual que algunos de mis clientes a mi : ))]

 

2. Siempre va a haber obstáculos e imprevistos y siempre se nos olvida.

Y cuando llega uno te hace dudar y replantearte todo y hasta abandonar. Pero entonces te acuerdas de que es un simple obstáculo, replanificas y sigues adelante.

Es especialmente difícil cuando, justo cuando has tomado una decisión, te parece una oportunidad para que te quedes como estás. De repente te ofrecen un ascenso, o algo que te pone la miel en los labios y entonces te planteas si de verdad vas a dejar escapar esa oportunidad…

Es un obstáculo más disfrazado de oportunidad o… una oportunidad que llega en el momento adecuado y te hace darte cuenta de que en realidad sí quieres lo que tienes. Lo sabrás cuando te pase.

Y la manera de saberlo es seguir ese revoloteo en el estómago que aparece cuando algo de verdad te emociona.

 

3. Nunca dejas de tener miedo.

Pero te lo tomas de otra manera. Lo aceptas y aprendes a gestionarlo. Ya no te sientes culpable o como una fracasada porque se supone que no tendrías que tener miedo. Sabes que es normal, que viene disfrazado de mil maneras distintas, que cuando superas uno aparece otro.

Es la vida y significa que te estás moviendo porque ante nuevos desafíos y nuevos logros aparecen nuevas inseguridades y miedos.

Es normal y es liberador aceptarlo.

 

4. Sigues poniéndote excusas pero sabes que son excusas y haces algo para que no te paren.

O te las quitas de encima y lo haces igual aunque te de miedo (que es lo que se esconde detrás de cada excusa) o aceptas que no es el momento para ti y conscientemente lo postergas o te olvidas de ellos.

Supone una gran diferencia en tu vida y en cómo te tomas las cosas cuando tú tienes el control, cuando reconoces los miedos y las excusas y decides tú, no ellas.

Estar siempre estarán, pero ya no te dominan y si lo hacen sabes qué hacer al respecto. Otra cosa es que quieras hacerlo…

 

5. A veces te ves igual que antes pero ya eres otra persona.

Y cuando eres otra persona, haces las cosas de otra manera y tienes otros resultados. Por fin entiendes, porque lo vives, el trinomio ser-hacer-tener. Totalmente contrapuesto al que sigue la mayoría de personas: tener, hacer, ser.

Como bien lo explica Raimon Samso, “cuando sea, sabré qué hacer para tenerlo“; en lugar de “cuando lo tenga, ya haré lo que sea necesario”.

Léelo otra vez.

Esto es difícil de seguir pero llega un día en el que te das cuenta de que es verdad y de que lo estas haciendo. Es la persona en la que te conviertes después de todo, la que sabe qué hacer para tenerlo.

 

6. A veces una sola frase puede darle un vuelco a como ves las cosas y sacarte del atolladero.

A veces inviertes en programas que no te dan lo que querías pero que te hacen ver las cosas de tal manera que solo por eso ya ha merecido la pena.

Trabajar con alguien con una mentalidad de perseverancia, abundancia y convicción en sí misma y en lo que hace vale más la pena que todas las estrategias puntuales que puedas aprender. Porque solo al oírla hablar te transmitirá mucha de esa convicción y fuerza que posee.

Porque te hace ver posible lo que antes te parecía imposible para ti. Y entender y aceptar y creer que tú también puedes es lo más valioso que puedes conseguir.

 

Si te das cuenta casi todo se resume en ACEPTAR, aceptar como eres, aceptar tus miedos, etc.

 

Así que sí, reiterándome en lo que he dicho al principio…

Después de muchos años leyendo desarrollo personal en distintas formas, trabajando como coach y arriesgándome a hacer muchas cosas, hay que decir que sí, que hay un cambio, que lo que lees y relees va haciendo mella y un día te das cuenta de que te atreves a algo, y otro de que te crees lo que antes no, y otro de que ya no te da miedo el miedo…

 

Y sé que es así no solo por mi propia experiencia sino por lo que me mandan mis lectores:

 

Con tus lindas palabras veo en este momento más claro mi panorama, y que lo mejor será que pueda tomar otra actitud el día de hoy !”

Me encanto tu reflexión muchas gracias!!!!!!! Me ayudara mucho este punto de vista para recorrer este nuevo camino”.

Gracias a tus consejos tengo la fuerza para atreverme, veo cada día más clara mi misión y visión, y voy como un cohete!!!!

Ya son varias las ocasiones en las que he encontrado respuestas, una voz de aliento y paz en tus artículos!”

“Lo que leí de tu blog me ayudó a comprender mi problema.”

Quería aprovechar para darte las gracias por abrirme los ojos e inspirarme“.

Son mensajes de personas que escribieron para agradecerme que mis artículos han cambiado su forma de ver las cosas e incluso  de hacerlas y cambiar sus vidas. Solo con mis artículos.

Es muy emocionante para mi, por supuesto, y demuestra que sí, que leer también ayuda. Aunque a veces no sea suficiente, muchas veces sí lo es.

¿Qué me dices? ¿Compartes mi opinión? ¿Qué te ha ayudado mas de lo que has leído?

 

Hoy tengo dos recursos para ti:

 

  1. Si te sientes estancada profesionalmente y no sabes cuál es tu siguiente paso. Haz este test, te ayudará mucho.

 

Si te sientes estancada profesionalmente y no sabes cuál es tu siguiente paso. Haz este test, te ayudará mucho.

 

2. Si lo que quieres es un negocio como el mío, no te puedes perder el webinar gratuito que daré este jueves 29. Detalles e inscripción gratuita AQUÍ.

 

portada-webinar2016

 

clientes-no-gusta

 

Me cuenta una lectora que su problema es que las cosas que organiza no parecen gustarle a sus clientes potenciales y que las cosas que le piden a ella no le gustan. ¿Qué hacer entonces?

Suena problemático, ¿verdad? Porque está claro que por mucho que a ti te encante algo, si no se vende, no vas a llegar muy lejos. Pero para todo hay una solución…

Si te sientes identificada y no sabes cómo combinar lo que de verdad te gusta con lo que te piden, estas son algunas recomendaciones:

(más…)

 

Me pregunta una lectora sobre los pasos concretos que di para hacer un cambio profesional tan radical, para reinventarme profesionalmente de científica a coach.

Así que hoy te cuento cómo lo hice exactamente.

Fue algo inesperado y no muy planificado. Mientras estaba de baja de maternidad de un año decidí apuntarme a un curo de coaching para hacer algo durante el largo tiempo de baja.

Había descubierto el coaching unos años antes por un libro, ya había investigado cursos pero no me había animado todavía porque la inversion era alta para un curso que pensaba hacer solo por afición.

Pero en ese momento me apeteció porque sabía que lo iba a disfrutar mucho así que me lancé (con inseguridad al ser todo en ingles). No pienses que las cosas son fáciles y rápidas, siempre hay alguna inseguridad o duda de por medio… (más…)

mujer comiendo 6 buñuelos

 

¿Te has preguntado alguna vez por qué a pesar de estar muy ocupada y de hacer y probar muchas cosas todavía no vives de tu negocio, tu negocio no funciona como tú quieres?

Tanto si acabas de empezar como si ya llevas un tiempo es una sensación MUY FRUSTRANTE ver que hagas lo que hagas no tienes más clientes. Y ves que a los demás parece irles bien y no sabes por qué a ti no…

¿Te suena? 

Con la experiencia que tengo tanto propia como con mis clientes puedo decirte que, muy probablemente, tu falta de resultados es debida a una de estas seis razones (y alguna puede que no te guste).

 

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preocupada por tu futuro. Lee esto

¿Estás centrada (u obsesionada) en buscar algo que sea definitivo, que funcione para siempre y logre que ya no tengas que buscar más?

¿Que sea la solución a todos tus males y aclare de una vez tus perspectivas de futuro?

Me gusta hablar de este tema porque me escribe mucha gente preocupada justo por eso, por sus perspectivas de futuro.

Personas que, aunque estén bien ahora mismo, se sienten mal porque lo que tienen no parece definitivo y, claro, entonces es que algo falla, ¿no?

¿Te suena?

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miedo al no

 

¿Cuántas veces no te has atrevido a pedir algo por miedo a la respuesta? En concreto, el miedo al no (o eso es lo que tú crees que temes, luego te diré la verdad).

Se habla mucho de la importancia de saber decir no y de poner límites a las cosas que de verdad no quieres, pero de lo que no se habla tanto es de cómo el miedo a que te digan que no A TI te puede paralizar y afectar a tus resultados de forma drástica.

Así que hoy, en respuesta a la petición de una de mis suscriptoras, te hablo de cómo superar el miedo al no para que puedas lanzarte de una vez por todas a alcanzar tus sueños, como me decía ella.

>>Escucha este artículo aquí –> Cómo superar el miedo a que te digan que no (especial profesionales)

(más…)

pregunta que no te gusta

Si estás agobiada o estresada por alguna situación que no sabes cómo cambiar. Si te sientes estancada, bloqueada y piensas que en realidad poco puedes hacer…

La pregunta que tengo hoy para ti te va a ayudar mucho. Eso sí, no te va a gustar nada.

> Escucha aquí el artículo –> La pregunta que te va a ayudar pero no te va a gustar

 

La descubrí hace poco leyendo un libro del que ya te he hablado en Facebook en otra ocasión: “Superpoderes del Éxito para gente normal” de Mago More (que por cierto me ha gustado mucho, es muy recomendable).

Y te aseguro que te va ayudar mucho. Así que piensa un una situación que te agobie y de la que no tengas claro cómo salir. Hazlo ahora antes de seguir.

Y aquí tienes la pregunta:

 

¿Y si fuera por tu culpa?

 

Y antes de que te indignes…

Ya sé que muchas cosas no son culpa tuya, obviamente. En realidad da igual de quién sea la culpa, lo que quiero, como siempre, es darte un impulso para que hagas cosas diferentes, para que cambies, para que te atrevas; o para que encuentres lo que buscas y esta es una herramienta más, aunque no te guste.

Y tampoco caigas en la otra cara de la moneda, empezar a pensar que todo es culpa tuya y que eres así o asá. No. Esa no es la idea.

Así que sigue leyendo.

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saber lo que te gusta

 

Uno de los temas que mas suele preocupar a mis lectores es cómo encontrar tu vocación o cómo saber lo que de verdad quieres, y el otro día disfrutando del concierto de Lang Lang en directo en el Palau de la Música, se me ocurrió algo.

Yo siempre he querido aprender a tocar el piano (está en mi lista:) y, sin embargo, me di cuenta de que no sentía ninguna envidia al verle tocar.  Envidia del tipo: cómo me gustaría tocar así. Eso me dejó pensando.

Cuando acabó y todo eran aplausos y bravos, pensé en la cantidad de pianistas que habría allí escuchándole y que seguro que desearían estar recibiendo la ovación. A mi sin embargo no me despertó ningún deseo tampoco.

Por otro lado, cada vez que veía una entrevista, noticia o vídeo sobre algún actor o actriz de doblaje en acción, todo era emoción y lo primero que se me venía a la cabeza era que me encantaría hacer eso.

O cuando era más pequeña y leía una biografía de algún científico o alguna noticia de un premio científico yo decía, qué guay, yo quiero estar ahí.

 

Seguro que te ha pasado a ti alguna vez y, probablemente más de una (y si eres multiapasionada ¡te pasará continuamente!).

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Este mes de marzo se cumplen cinco años desde que creé Coach de la Profesional y seis desde que dejé mi carrera científica para ser coach.

En estos cinco años han sucedido muchas cosas tanto personal como profesionalmente y han supuesto un cambio impresionante en mi mentalidad. Siempre digo que tener tu propio negocio es el mejor programa de desarrollo personal que puedes hacer y si tú tienes un negocio seguro que lo confirmas :  )
Durante estos años he compartido muchas cosas contigo, cómo mantengo la motivación , cómo compagino mi negocio con dos hijos pequeños, mi pregunta favorita para salir del bloqueo, las frases de mis mentoras que más me han ayudado profesionalmente, cómo compaginé mi embarazo con mi negocio y los errores que cometí y también mis dos puntos débiles y cómo los solucione, entre otras muchas cosas.

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motivacion

 

Seguro que te has sentido así alguna vez. Acabas de empezar tu negocio y te cuesta mantenerte motivada porque todavía no tienes clientes o tienes muchos altibajos, se te está haciendo pesado y lento y empiezas a dudar…

Además a veces no te sientes a la altura todavía, te pone nerviosa  no estar segura al 100% de si tus clientes van a quedar satisfechos (o no).

Eso hace que pierdas el tiempo porque no sabes en qué centrarte y acabas sintiéndote peor todavía. ¿Te suena?

> Escucha el podcast de este artículo aquí –>Cómo mantener la motivación cuando no tienes resultados

Es completamente normal, especialmente cuando acabas de empezar o has hecho un cambio radical, pero que sea frecuente no quiere decir que sea fácil de llevar. Entonces, ¿qué puedes hacer para mantener la motivación y seguir trabajando?

Porque ya sabes que las cosas no funcionan de la noche a la mañana, que hay que ser perseverante y trabajar aunque no te apetezca, aunque no estés motivada, aunque se te haga cuesta arriba y te sientas insegura…

Pero muchas veces cuesta mantenerse a pie de cañón,  así que te cuento que me ha funcionado a mi para ver si alguna de estás técnicas o pequeños trucos te ayuda a ti también. Apunta.

 

1. Esta cita…

A lo mejor ahora piensas que antes de lanzarte a hacer cualquier cosa tienes que estar motivada, que si no mejor ni intentarlo. Yo pensaba así al principio, que tenías que estar motivada para hacer algo y que si no estabas motivada es que algo fallaba. Y, aunque la verdad es que no me suele faltar motivación, sí que pensaba que era el prerequisito a cualquier cosa.

Pero la motivación no funciona así y esta cita de Zig Ziglar me ayudó en su momento a darme cuenta de suele ser una excusa para no empezar.

 

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La motivación no aparece por arte de magia y se queda para siempre. Si  estás esperando a que eso suceda para hacer algo, vas a esperar mucho tiempo. A veces estás muy motivada para empezar algo, sí (entonces aprovecha), pero muchas otras veces la motivación llega cuando te pones en marcha, cuando te ves capaz, cuando vas viendo pequeños logros.

Y a veces hay altibajos de motivación y entonces tu misma tienes que recordarte los motivos por los que decidiste hacer lo que haces. La motivación hay que trabajarla y muchas veces ignorarla. Así que si no estás motivada, empieza de todos modos y ya llegará, no te pases la vida pendiente de si estás motivada o no y ponte en marcha.

No te pases la vida pendiente de si estás motivada o no y ponte en marcha. Click Para Twittear

 

2. La carpeta “good girl”

Esto me lo recomendó una de mis primeras coaches,  Karyn Greenstreet.

Al iniciar mi negocio, cuando tenía altibajos de seguridad y me daba miedo no estar a la altura y que la gente pensara que era un fraude (¿a alguien le suenan esos síntomas? Ja, ja). Cuando yo misma pensaba que a lo mejor no podía ayudar, entonces ella me recomendó tener una carpeta donde guardar los correos de agradecimiento que me llegaran.

Por supuesto en ese momento yo dudaba que alguien me agradeciera algo nunca, pero los correos llegaron y cuando tenía un bajón los leía para recordarme que sí, que estaba ayudando.

Esto era en el 2010 (el primer mensaje lo recibí el 19 de febrero concretamente : ) y, a día de hoy, aunque ya no la necesito, todavía tengo la carpeta y sigo guardando algunos de los mensajes que me van enviando (¡muchas gracias, por cierto, me hacen mucha ilusión!). Me da seguridad saber que está ahí : )

Así que empieza hoy mismo y crea tu carpeta o recopilatorio para tus momentos de bajón.

 

3. Un descanso a tiempo

Cuando pierdo la ilusión, cuando me desespero, cuando empiezo a perder el tiempo de mala manera… Sé que ha llegado el momento de un descanso. Si puede ser ese mismo día.

Dejo de trabajar y hago algo diferente, dar un paseo, leer, cocinar. Cualquier actividad que te relaje, te guste y que… te va a hacer sentir culpable porque piensas que tendrías que estar trabajando.

Te lo recomiendo mucho porque sienta fenomenal, así dejas que las ideas fluyan y la motivación vuelva. Y te lo confirmo, al principio te costará porque te sentirás MUY culpable. A mi me costó un tiempo hacerlo con tranquilidad y es que, seamos sinceras, si te quedas “trabajando” en realidad vas a estar sentada sin hacer nada, vagueando o mirando Internet. Sabes de sobra que no estás de humor para hacer nada importante, así que levántate y sal. Oblígate si hace falta, son tus deberes.

Al final verás como no solo no has perdido el tiempo sino que lo has ganado, porque estás más relajada, contenta y eres más productiva. No falla, así que oblígate a ello en vez de seguir mirando cosas al azar en internet y llegará el día en el que será automático, una herramienta más para mejorar tu productividad y motivación y dejarás de sentirte culpable.

 

4. Deja de leer libros de negocios, newsletters…

Mira que me cuesta porque me encanta leer, aprender y estar al día, pero a veces lo que de verdad necesitas es desconexión, es un rato para pensar y hoy en día puede ser difícil encontrar ese espacio, ¿verdad? Porque hay muchísima información y mucha es muy buena y si eres como yo y te encanta aprender pues apaga y vámonos.

Cuando pierdas el norte, cuando sientas que has perdido motivación o ilusión desconecta del mundo y céntrate en lo que tú quieres, deja fluir tu creatividad para reconectar contigo misma. Es fundamental.

 

5. Trabajar

A veces lo que viene bien es justo lo contrario, volver a ponerte las pilas, a tu lista de objetivos y al trabajo para recuperar la motivación y la energía.

A mi me encanta lo que hago y volver a ponerme manos a la obra logra que recupere la motivación y vuelva a estar como siempre. Eso sí, teniendo delante la visión de lo que quiero lograr, ya sabes que yo planifico lo que hago por trimestres y me pongo objetivos anuales y mensuales para estar muy centrada y saber dónde enfocar mis esfuerzos y te recomiendo que tú también lo hagas.

Espero que alguna de estas recomendaciones te ayude  a seguir adelante, ya sabes que el que consigue resultados es el que hace lo que tiene que hacer. Así de simple, que no fácil… Como siempre digo, nadie dijo que fuera fácil.

 

Cuéntame qué usas tú para mantenerte motivada cuando te da un bajón. Entre todos podemos dar muchas ideas : )

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http://coachdelaprofesional.com/no-acabas-las-cosas-ni-obtienes-resultados/

 

Si ahora mismo estás dudando entre varias opciones, si quieres una cosa pero también otra, si quieres un cambio pero te cuesta dejar lo que estás haciendo ahora, hay una pregunta que puede ayudarte a solucionar tus dudas profesionales y a dar el primer paso.

Es una pregunta que me hizo una vez mi primera coach, Kristalyn Ryanque me cambió la forma de ver las cosas y me ayudó en un momento de bloqueo, en concreto cuando me estaba costando lanzarme a poner mi negocio de coaching y dejar la ciencia.

Escucha el podcast aquí –>La pregunta que puede solucionar tus dudas profesionales

Es una pregunta sencilla y hasta obvia pero que puede ayudarte a solucionar tus dudas profesionales. Pero ni a mi en en ese momento, ni a muchas otras personas (por la experiencia que he tenido con mis clientes lo sé) se nos había pasado por la cabeza. Porque cuando estás bloqueada y dándole vueltas a lo mismo una y otra vez, a veces hasta lo obvio desaparece de tu vista.

(más…)

iniciar negocio o no

Me escriben muchas personas que quieren tener su propio negocio pero no dan el paso, se sienten indecisas, no acaban de lanzarse.

Si ese es tu caso también, esto es lo que yo te recomiendo que te plantees antes de lanzarte.

> Escucha este artículo aquí: ¿Indecisa sobre si iniciar o no tu propio negocio? 7 preguntas para ayudarte a decidir

 

(más…)

 

Durante mi trayectoria profesional, especialmente al cambiar de carrera y tener mi propio negocio, ha habido una serie de frases o lecciones que me han ayudado mucho a ver las cosas de otra manera.

Que han tenido un verdadero impacto en mi mentalidad y resultados, que me han ayudado a conseguir lo que quiero profesionalmente.

Así que he decidido compartirlas contigo por si necesitas algo así justo ahora.

Son frases o reflexiones que me dijeron mis mentoras (excepto una que no recuerdo dónde la escuché o leí) y que me abrieron los ojos en su momento y me han ayudado mucho. Apunta.

(más…)

cambio profesional radical

 

¿Te estás planteando un cambio profesional radical? Un cambio importante, quizá un cambio de profesión o de empleada a emprendedora o algo que realmente sea significativo para ti.

Si es tu caso hay tres factores que, según mi experiencia, son claves para poder tomar la decisión con confianza.

Es algo que tienes que conocer y plantearte antes de hacer el cambio, para estar lo más preparada posible y aumentar las probabilidades de estar satisfecha con tu elección, aunque haya momentos duros (que suele haberlos). (más…)

bloqueada

 

¿Te has sentido alguna vez bloqueada, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez, sin avanzar y cada vez más agobiada?

Seguro que sí, y más de una vez, ¿verdad? Porque es algo que nos pasa a todos en distintos momentos de nuestra vida y, además, tanto personal como profesionalmente.

Escucha este artículo aquí –> Qué hacer cuando estás bloqueada y no avanzas (usa esto)

Quizá estés intentando tomar una decisión y no haya manera de avanzar. Por un lado quieres, por otro tienes miedo… Sé por experiencia que hay decisiones que te pueden tener días, semanas o más agonizando, como quien dice (como cuando decidí dejar mi carrera científica y empezar mi negocio de coaching sin ninguna experiencia previa. Qué rápido se escribe y que duro fue.)

O quizá quieras crear un nuevo servicio en tu negocio y no sepas bien por dónde tirar. O puede que estés en una etapa de tu negocio o profesión en la que quieres algo más pero ya estás saturada y no ves cómo lograr dar ese paso.

(más…)

lascosasnosalen

 

lascosasnosalenHay muchas veces en las que te esfuerzas mucho, haces las cosas como se supone que tienes que hacerlas y no tienes los resultados que esperabas…

O bien cuando esperabas algo (siendo realista) y de repente las cosas no salen en absoluto como esperabas. ¿Qué hacer entonces?

¿Prefieres escuchar? Pincha aquí para escuchar Qué Hacer Cuando las Cosas no Salen como esperabas

Yo lo divido en dos partes.

 

La parte práctica

– Primero hay que determinar si realmente has sido realista.

Porque muchas veces nos proponemos o autoconvecemos de cosas que en realidad no son realistas. Por ejemplo, hablaba con una clienta que quería lanzar un curso y que se apuntaran 80 personas. Eso sí, sin hacer mucha cosa para “no molestar” a su lista y con una lista de menos de 1000 suscriptores. No voy a decir que sea imposible, pero es muy poco probable y, al no ser realista, podría haber trabajado y puesto su energía, ilusión, motivación y hasta dinero en ese proyecto y luego no tener los resultados que quería.

Es importante ser realista y si ya no puedes hacer nada al respecto, por lo menos determinar si lo has sido o no. Si no has sido realista en lo que te has propuesto, ya tienes una razón y para la próxima te toca ajustar objetivos.

 

– Por otro lado, si lo que esperabas era razonable y te ha pillado de sorpresa puedes analizar si ese resultado no esperado ha dependido de ti (estaba en tus manos hacer algo al respecto) o más bien era algo fuera de tu control.

Porque muchas cosas dependen de ti pero muchas otras no y no tiene sentido castigarse por eso y, si es ese el caso, puedes sentirte frustrada pero NO estaba en tus manos.

Por ejemplo, te contratan para algo y se cancela en el último momento. O te contacta un cliente potencial y desaparece cuando te había dicho que sí. Por supuesto, siempre hay cosas prácticas que puedes tener en cuenta, pero aparte de eso, en primer lugar plantéate: “¿este cambio ha dependido de mi? ¿Estaba en mi mano hacer algo?”

 

La parte emocional

Seamos sinceros, lo que de verdad te afecta no es el resultado en sí, sino cómo reaccionas a ese resultado.

Muchas veces lo que nos afecta no es el resultado en sí, sino nuestra reacción a ese resultado. Click Para Twittear

Y por eso me encanta lo que dice Steve Chandler al respecto. Según él, cuando ocurren estas cosas reaccionamos de esta manera:

PASO 1. Lo consideras negativo.

PASO 2. Reaccionas emocionalmente.

PASO 3. Procesas interna y externamente esa emoción, quejándote y diciéndoselo a todo el mundo.

Claramente, lo que pasa te afecta porque lo consideras negativo. Pero ¿y si le vieras el lado positivo? ¿Y si la alternativa en realidad no fuera tan mala?

Por ejemplo, en su caso le cancelaron una charla que le apetecía mucho dar y que se había preparado concienzudamente. Decidió aprovechar ese nuevo “tiempo libre” para estar con su familia.

¿Cómo puedes aprovechar tú la nueva situación? ¿Qué has obtenido a cambio? Quizá sea tiempo libre inesperado, menos gastos en algo, etc. Así que en vez de enfadarte o pasar todo ese tiempo libre quejándote, ¿por qué no emplearlo bien? Emplear ese cambio de manera productiva para ti.

De ese modo cada vez que algo no salga como esperabas, ante todo no etiquetes el suceso directamente como algo negativo (porque ya sabes lo que vendría después, la reacción emocional, etc) considéralo como un mero hecho. Ha pasado esto, voy a hacer esto.

Obviamente no somos maquinas y tenemos sentimientos, pero una cosa es sentirte frustrada o decepcionada brevemente y otra muy distinta que esa emoción te controle y determine tus acciones.

Si eres capaz de ver ese resultado inesperado como un hecho, ni bueno ni malo, un simple hecho, podrás responder “con cabeza” y sacarle partido, porque siempre hay algo positivo que puedes sacar. Aprovecha todo lo que puedas y a por lo siguiente.

¿Qué me dices? ¿Cómo reaccionas tú antes hecho que no salían como tú esperabas? ¿Algún método que quieras compartir? ¡Soy toda oídos!

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tu futuro depende de las acciones que tomes hoy

 

tu futuro depende de las acciones que tomes hoySeguro que alguna vez te ha pasado, o quizá te pase ahora, esto…

Quieres algo diferente, un cambio radical de carrera, quizá animarte de una vez a poner en marcha tu negocio online de una vez, o que el que ya tienes tenga mejores resultados todavía y sabes que tienes que hacer algo, algo distinto a lo que estás haciendo ahora. Muchas veces hasta sabes qué es exactamente lo que tienes que hacer, pero…

Te quedas como estás. Estancada en tu zona de confort, de comodidad, o como lo quieras llamar. Igual que antes.

 

Y probablemente te sientas frustrada, culpable, hasta un poco cobarde, ¿verdad? O quizá eres de las que encuentra mil excusas para no aceptar la realidad. En todo caso, da igual ahora mismo, no tienes que sentirte mal. No es nada fácil dejar aquello a lo que estás acostumbrada y con lo que te sientes cómoda y segura y es que hay muchas razones por las que es fácil quedarse así.

 

Hace poco escuché una clase de Shawn Driscoll donde explicaba varias razones por las que es difícil salir de la zona de confort. Estoy totalmente de acuerdo con ellas, así que te cuento algunas de las razones por las que sigues así, para ver con cuál te identificas y también, como siempre, qué puedes hacer al respecto. Ya sabes que lo importante no es leer sino actuar (¡y que conste que soy una lectora empedernida!).

 

Razón número 1. Te pones excusas.

Del tipo cuando gane X entonces haré lo que quiero hacer o haré los cambios que deseo.

Recuerda la imagen de este artículo y elimina los “cuando—entonces”. Empieza ahora con lo que tienes y puedes y después vas cambiando lo que necesites. Como dice la cita: “Tu futuro depende de las acciones que tomes hoy.”

Si te das cuenta es una forma segura de quedarte como estás porque hasta que no pase X no tienes que hacer nada (y en muchos casos tu misma te aseguras de que X no pase…). Deja de esperar a que las cosas cambien y empieza ya, aunque sea con algo mínimo.

 

Razón número 2. Pierdes la confianza en ti misma

Cuando llevas mucho tiempo haciendo lo mismo, incluso aunque al principio no te gustara, empiezas a pensar que a lo mejor no estás tan mal… Y lo peor, que a lo mejor no estás a la altura del siguiente paso, que quién eres tu para dar ese paso y expandir tu alcance. Quién soy yo para cobrar más, para hablar en conferencias para…. Dudas de ti misma y te quedas donde estás. Y es que estar mucho tiempo sin desafíos, sin actuar a pesar del miedo y las dudas, sin demostrarte a ti misma que puedes y de sobra, tiene ese efecto. Te hace sentir pequeña e indefensa.

La realidad es que estás de sobra capacitada y que es hora de ponerse en marcha. A mi me gusta imaginarme que diría la Aida futura con 90 años sentada en una mecedora (eso que no falte, me encantan las mecedoras, ja,ja) de la situación que paso. Probablemente: qué boba eres, hija, déjate de chorradas y a por ello que lo vas a conseguir ( o a lo mejor “chorradas” ya no lo diría con 90 años).

¿Qué te diría tu yo futura?

 

Razón número 3. La rabieta o rebeldía

“No puede ser, yo tendría que ser capaz de hacer esto sola. No necesito ayuda ahora mismo, yo ya sé lo que hay que hacer.” ¿Te suena?

Te encierras en esa actitud y trabajas, te esfuerzas pero no ves resultados. Tienes la típica rabieta o rebeldía que te ciega y no te deja ver que pidiendo ayuda llegarías más lejos. Estás tan convencida de que tú puedes que pierdes un tiempo valioso hasta que te das cuenta de que esta vez, algo de ayuda te daría un buen empujón. Yo peco de esto muchas veces, pero tras perder varios meses la primera vez que me pasó, ahora soy rápida en reconocerlo y ponerle fin.

Aquí la solución claramente es darse cuenta cuanto antes y buscar la ayuda que necesites. Porque si te sigues empeñando, entonces hablamos de orgullo y pasaran semanas y meses sin ver cambios porque “yo puedo sola”.

A veces sí, y a veces no. No pasa nada, hasta los mayores expertos tienes asesores, mentores y coaches. No es un crimen y de hecho es adictivo, una vez que empiezas disfrutas dela sensación de apoyo, y los resultados que obtienes.

 

Razón número 4. Estás a gusto

No nos engañemos, quedarte en algo que dominas y conoces a la perfección es muy cómodo. No arriesgarte, no exponerte, no perder. Y es que el mero pensamiento de atreverte a hacer algo desconocido puede ser aterrador. Y es muy cómodo seguir como estás.

En este caso lo importante es recordarte por qué quieres hacer ese cambio. Siempre les digo a mis clientas que tu gran por qué es el motor que te llevará adonde quieres. Tienes que tenerlo muy claro. ¿Por qué quieres lo que quieres? ¿Por qué merece la pena correr el riesgo, salir de tu círculo? Y también tienes que pensar, ¿por qué merece la pena quedarme como estoy? Porque te aseguro que tienes muchas razones para seguir así (no arriesgarte a fracasar, que nadie diga nada de mi, no ver que nadie quiere lo que tengo qe ofrecer,..). Encuentra las tuyas y sopesa. ¿Qué prefieres, qué merece más la pena?

¿Vivir de lo que te apasiona o seguir así y que nadie te critique? ¿Cambiar la forma en que ofreces tus servicios o arriesgarte a no vender nada? ¿Qué resultado final merece más la pena?

 

Razón número 5. Prioridades y necesidades en conflicto

Muchas veces la razón de que sigas como estás es que hay un conflicto interno entre tus prioridades y tus necesidades actuales. Por ejemplo, por un lado deseas la libertad de tener tu propio negocio pero por otro lado tu trabajo es el que te da dinero a fin de mes y tu familia cuenta contigo, te da miedo arriesgarte (aunque yo soy partidaria, en ese caso, de empezar compaginando ambas cosas).

O quieres cambiar de profesión e irte a otro país pero ahora mismo la salud de un familiar te preocupa y no sabes bien qué hacer. Son situaciones complicadas y en vez de seguir como estás y sentirte culpable (porque seguro que te pasa eso), es un momento de tomar una decisión: o lo haces o lo pospones, CON FECHA, hasta que el momento sea mejor, o lo vas preparando.

Se suele decir que no hay mejor momento que hoy mismo, y yo misma antes te he dicho que no te pongas excusas y empieces hoy; pero ahora no estamos hablando de excusas, ¿verdad? Sino de un choque muy real entre dos cosas importantes para ti. Así que decide, qué necesitas para hacer el cambio realidad? ¿Puedes hacerlo ahora? Si no, ¿cuando? ¿Puedes al menos ir empezando?

Planifica, decide y libérate del sentimiento de culpa.

 

Seguro que te identificas con más de uno, ¿verdad? Ahora ya sabes que hacer al respecto y quiero acabar con algo que comentó Shawn en su clase y que te ayudará muco a tener más claro cuándo es momento de cambiar.

Es momento de cambiar cuando:

  • Las cosas no te funcionan como antes aunque lo hagas igual, no tienes los mismos resultados.
  • Te sientes limitada: tus ingresos, tu alcance, tu potencial,tu libertad…
  • Lo que has construido NO es lo que quieres.
  • Cuando te sientes quemada, resentida y desmotivada.
  • Estás aburrida de hacer siempre lo mismo, lo seguro.

Entonces es momento de cambiar. De conseguir MÁS de lo que de verdad quieres.

¿Qué me dices? ¿Ha llegado tu momento? Cuéntamelo en los comentarios.

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sindrome postvacacional

 

sindrome postvacacionalCon la vuelta a la rutina de septiembre me preguntaba una lectora cómo distinguir entre síndrome postvacacional o la desmotivación total por lo que haces (ya seas profesional por cuenta ajena o independiente).

Como sabes el síndrome postvacacional se refiere a la ansiedad, desmotivación, desánimo al enfrentarte de nuevo al trabajo después de las vacaciones. Pero en este caso, mi lectora no tenía claro si era eso o más bien algo más duradero. ¿Cómo saber la diferencia? Es una pregunta muy interesante y esto es lo que te recomiendo para distinguirlo.

Por un lado, el Síndrome postvacacional es temporal. En cuanto recuperas la rutina vuelves a la normalidad y te readaptas. Por otro lado si lo que sucede es que tu situación profesional o tu negocio ya no te aportan lo que buscas, la insatisfacción y desmotivación seguirán presentes hasta que hagas algo al respecto.

Sinceramente cuando te planteas mucho este tipo de cuestión es que en el fondo hay algo que te reconcome, que no te deja estar satisfecha. Si no, un típico pensamiento puede ser que no te apetezca mucho volver pero que ya te pondrás al día y volverás a la normalidad. No le das más importancia.

Pero sí es importante conocer la diferencia por dos razones:

  1. Para que no tomes una decisión precipitada pensando que tu trabajo no te llena cuando pueden ser otras las causas de tu insatisfacción.
  2. Para que no pases meses pensando que que largo se te está haciendo el síndrome postvacacional cuando en realidad es momento de hacer un cambio.

 

Te dejo tres recomendaciones.

 

1. A lo mejor la sensación de desmotivación y angustia o presión a la vuelta son debidas a que no has descansado lo suficiente.

Puede que en tus vacaciones no hayas desconectado del todo (¿has seguido mirando mails, conectada a las redes o pensando en tu negocio o cosas pendientes? ) y por eso ahora sientes agobio al volver porque en realidad no has desconectado. De hecho mucha gente es incapaz de desconectar y sigue trabajando.

(Por cierto sabías que el exceso de trabajo es un patrón típico del Síndrome del Impostor? En este artículo te cuento los otros 5 patrones típicos.)

También puede ser que necesites más días (yo, por ejemplo, tardo un par de días o tres en dejar de pensar en trabajo y relajarme del todo), o que hayan sido agotadoras y no hayas descansado y casi necesites unas vacaciones de las vacaciones.

Y es que cuando descansas, DESCONECTAS y te relajas (*y relajarse es distinto para cada persona. Para ti puede ser irte una semana a la playa, para otra persona viajar a otro país, etc) y entonces sí vuelves como nueva, con ganas, con ilusión.

Así que piensa, ¿has descansado de verdad o necesitas más vacaciones? Esto no te lo digo para que te tomes más vacaciones (aunque sí puedes, claro que sí), si no para que veas que puede que no estés quemada sino que no hayas aprovechado bien las vacaciones, no sea que tomes una decisión precipitada. Así además podrás planificar las próximas teniendo esto en mente.

Es fundamental que sepas qué te ayuda a relajarte y a desconectar y que al menos una parte de las vacaciones lo dediques a eso. Puede ser la naturaleza, la playa, irte a otra ciudad, no tener horarios, lo que sea pero tienes que saber qué es para ti.

 

2. Te recomiendo un ejercicio que leí hace poco “vacacionar” tu vida, porque muchas cosas no tienen por qué quedar relegadas a las vacaciones.

Haz una lista de lo que más te gusta y te hace disfrutar de las vacaciones. Por ejemplo: estar más tiempo con familia o amigos, no tener horarios, ir a la playa/piscina a menudo, comer fuera más, helados y granizados, visitar otros sitios, etc.

Ahora elige algunas que puedas seguir haciendo ahora. Quizá descubras que lo que mas te gusta es tomarte una paella en la playa (no se nota que vivo en Valencia ; ) y puedes hacerlo los fines de semana si vives cerca de la playa. O quedar más con los amigos y puedes seguir haciéndolo. O no tener horarios, y puedes elegir algún día sin horarios. O hacer turismo y puedes reservar algún fin de semana para eso.

¿Qué es lo mejor de las vacaciones para ti? ¿Cómo puedes añadirlo a tu vida?

 

3. Si te has dado cuenta de que no es temporal y es algo más serio.

Si has descansado lo suficiente y no hay manera de recuperar la motivación, la pregunta ahora es: ¿necesitas un cambio drástico o mejorando algunas cosas sería suficiente para recuperar la motivación e ilusión? Para contestar a esto te dejo con dos artículos que escribí al respecto:

¿Satisfecha en tu trabajo? Cómo conseguir la satisfacción laboral

4 preguntas para determinar si necesitas un cambio profesional drástico

 

Así que cuéntame, qué haces tú para volver a recuperar la motivación (si es que la pierdes). Yo por mi parte suelo volver contenta y con ganas de retomarlo todo.

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¿Llevas un tiempo estancada, dispersa y sin tener los resultados que quieres y no sabes cómo superar ese bache? Tener altibajos es algo muy frecuente y normal en un negocio, al igual que pasar algún que otro bache. Si esta es tu situación y aunque quieres mejores resultados no sabes cómo hacerlo, te dejo tres alternativas en función de en qué etapa del negocio estés:

 

>> Escucha este artículo aquí –> Qué hacer cuando tu negocio no progresa como tú quieres (3 alternativas)

 

1. Aplica un modelo/sistema probado

Si estás empezando o llevas relativamente poco tiempo, y tu problema es que no tienes suficientes clientes o ingresos y te gustaría al menos ganarte la vida, algo que funciona muy bien es aprender de alguien que ya lo haya logrado. Alguien que tenga un negocio justo cómo tú lo quieres y al que le vaya bien. Un mentor o mentora que te pueda enseñar paso a paso qué hacer para que tú también tengas esos resultados. Esta opción funcionó para mi negocio en dos ocasiones diferentes, contraté a la persona para que me guiase, cambié el modelo de mi negocio, actúe y tuve muy buenos resultados. Tanto al comienzo como un poco más adelante.

Es la manera más rápida de empezar a tener resultados y dejar de perder tiempo y motivación haciendo cosas al azar. Eso sí, hay que tener en cuenta tres cosas fundamentales para que esto funcione y te sientas satisfecha:

– No lo intentes copiando el modelo de otra persona, por detrás de los que ves hay mucha estrategia y copiar sin más no te dará resultados.

– Tienes que actuar, no sirve de nada si pones excusas y no haces lo que te dicen. Si has contratado a alguien es para hacerle caso, si no, ni te molestes. Esto parece una tontería, pero no todo el mundo es capaz de simplemente hacer lo que hay que hacer.

– Es fundamental que la mentora que elijas sea alguien en quién confíes y que te guste el modelo de negocio que tiene y que enseña. No tiene sentido aprender algo que luego no quieras poner en práctica porque en realidad tú quieres otra cosa.

 

2. Mejora lo que ya tienes con buenas estrategias de marketing

Está claro que el marketing es fundamental en cualquier etapa de tu negocio, pero hay momentos en los que centrarse en el marketing (y, si es necesario, contratar a una asesora de marketing) te puede dar resultados especialmente buenos, y momentos en los que te ayudará más otra opción. Por ejemplo, al poco de empezar mi negocio contraté a una asesora de marketing (a dos, de hecho) y aunque eran muy buenas no veía resultados. Simplemente porque mi modelo de negocio no estaba bien definido, en ese momento lo que necesitaba era definir mi modelo, no centrarme en técnicas de marketing.

Sin embargo, si tienes un negocio establecido y estás contenta con tu modelo pero has llegado a un tope y no sabes cómo crecer, sacarle más provecho y tener más ingresos sin acabar agotada, entonces mejorar cosas cómo estrategias de lanzamiento de programas, publicidad en redes sociales, textos que venden, ventas, conversión de tu web, aumentar la lista y el porcentaje de apertura, por nombrar unos ejemplos, podría ser lo que necesitas para dar ese salto sin tocar lo fundamental, los cimientos. Y aquí es donde entra una asesora de marketing (Laura Ribas es un ejemplo perfecto y muy recomendable).

 

3. Reestructura tu modelo creando algo más personalizado

Hay veces en las que las cosas te van bien pero no sabes cómo escalar tu negocio, cómo hacer que crezca y ves que dar el salto supondría complicar mucho las cosas y tener una carga de trabajo excesiva o cambiar a un modelo de negocio que no te satisface tanto.  ¿Cuál es la alternativa entonces?

En este caso puedes pensar a corto plazo y mejorar tu marketing para ver buenos resultados, pero también es imprescindible pensar a más largo plazo para que tu modelo de negocio no acabe quemándote. Así que sería momento de reestructurar tu negocio, volver a los cimientos y valorar tus objetivos y necesidades, eliminar lo que no funciona o no te aporta tanto, potenciar aquello que te encanta y en lo que destacas especialmente y crear un nuevo modelo a medida, más simple y ya no basado en el sistema de otra persona, por muy bien que funcione.

 

Ahora piensa en lo que ya tienes y decide:

1. Estoy bien por ahora : )

2. Acabo de empezar y necesito un sistema paso a paso probado.

3. Me encanta mi modelo, pero quiero mejorar los resultados.

4. Es hora de crear algo más personalizado que me permita crecer pero también cumplir otros requisitos (menos complicaciones, más tiempo libre,…)

 

Cada punto requiere su estrategia y su esfuerzo. Yo te puedo ayudar si tu caso es el 2 o el 4, enseñarte mi sistema probado o ayudarte a crear algo personalizado. Si lo que quieres es ir mejorando estrategias de marketing avanzadas, busca ayuda en ese tema.

 

Así qué dime, ¿cuál de las tres alternativas necesitas tú ahora mismo? Cuéntamelo en los comentarios y, por favor, comparte  si crees que puede ayudar a alguien más:  )

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entrevistalauraribas

 

Hoy os traigo una entrevista muy especial e interesante. Nada más y nada menos que a Laura Ribas, experta en marketing para autónomos y pequeñas empresas pero en la entrevista de hoy no vamos a hablar de eso…

Laura acaba de publicar un libro que, por cierto, te recomiendo mucho, “Quién soy yo para hacer esto“, donde habla de autosaboteje, miedos y todos los obstáculos que te impiden conseguir el éxito. Todo mezclado con retazos de su vida personal que lo hacen muy ameno e inspirador. Como le digo a ella en el vídeo, casi lo podría haber escrito yo, de tanto que encajan nuestras formas de pensar.
Dale a play y escucha (mi parte tiene el sonido bastante bajo, pero lo importante es lo que dice Laura : )

Hablamos de dinero y ambición 7:59

En cada nivel de éxito hay distintas creencias limitantes 12:08

Hacemos muchas cosas por amor (autosabotaje) 13:15

Tener círculos de personas que ganan más que tu 14:20

Hablamos de la culpa, ¿te sientes culpable o culpas a los demás? 15:26

Lo que hace que tengamos éxito es … 22:58

Y mucho más…

La oferta que mencionamos en el vídeo ya no está disponible.

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¿Te gustaría dejar tu trabajo y dedicarte a lo que realmente te gusta? Me escriben muchas personas agobiadas porque eso es exactamente lo que quieren hacer y no saben cómo.

Personas que son infelices en su trabajo y que se sienten frustradas y bloqueadas porque no ven una alternativa viable. ¿Te pasa a ti también?

>>Escucha este artículo aquí –>Qué hacer si quieres dejar tu trabajo y dedicarte a lo que de verdad te gusta

 

Lo que me parece especialmente interesante de estos casos es que hay muchas personas que solo ven una opción, blanco o negro, o sigo como estoy o lo dejo todo y hago lo que me gusta y, claro, ante esa disyuntiva se bloquean, normal. Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta y esa es una de las cosas que más me gusta hacer con mis clientes, hacerles ver las distintas opciones que tienen delante y que a veces, por tu estrés o bloqueo, no eres capaz de ver.

 

¿Cuáles son esas opciones? Por supuesto depende de cada caso, pero tengo para ti cinco recomendaciones.

 

1. No dejes tu trabajo todavía

No hace falta ser tan radical, a no ser que tengas un buen colchón económico que te permita vivir sin estrés como mínimo un año. Dejar tu trabajo y partir de cero puede significar mucho estrés para ti y afectarte de muchas maneras. Lo recomendable es compaginar ambas cosas, al menos al principio, y si todavía no puedes ni siquiera compaginar porque partes totalmente de cero y tampoco te gusta tu trabajo, cambia la perspectiva y considéralo un medio para conseguir lo que de verdad quieres. ¿Qué puedes aprovechar de tu situación actual? Quizá puedas empezar a hacer contactos, o ahorrar para tener ese colchón económico que te permita en un futuro dedicarte a lo que te gusta, o pagar las facturas y poder tener tiempo para practicar. ¿Qué puedes aprovechar ahora?

 

2. Ten paciencia

Esto es algo importantísimo y ya lo he dicho más veces: que no puedas hacer algo ahora no quiere decir que no lo puedas hacer nunca (pincha aquí para tuitear esto). Vivimos en una época de inmediatez en la que todo tiene que ser ahora mismo, y porque no pudo ser ayer. Para algunas cosas está bien, pero para otras no y este es uno de esos casos porque te desesperas y crees que tu no vales para eso y que tu vida no tiene sentido y tampoco es eso.

Hay un momento para cada cosa, a veces no tienes que esperar mucho y aveces sí, hay cosas que requieren su tiempo. Que se lo digan a alguien que quiere ser médico o científico, son muchos años de estudios y formación, así que tampoco se puede pretender ahora construir Roma en día.

La cuestión es no rendirse. Si de verdad quieres dedicarte a eso analiza tu situación actual y haz un plan, eso hará que recuperes la motivación y que puedas decidir qué pasos dar para acercarte a tu objetivo. Además, no tienes por qué quedarte de brazos cruzados mientras tanto.

 

3. Empieza a hacer algo

Este es uno de los errores que más veo, quedarse de brazos cruzados. O todo o nada. Puedes empezar ya mismo aunque sea con algo pequeño, leyendo un libro, haciendo un curso, averiguando cómo vivir de lo que te gusta, lo que sea que suponga un avance. También puedes empezar a hacer lo que te gusta como una afición, aunque no quieras que sea una afición, pero mejor eso para empezar que nada. Eso te mantendrá enfocada, te llenará de energía y quién sabe qué oportunidades te brindará.

 

4. No esperes a que llamen a tu puerta

Lánzate tú, busca, pregunta, insiste (con educación y con límites, por supuesto). Eso de esperar a que te llamen no lleva a ningún lado. No quiere decir que vayas a encontrar algo ahora mismo, pero aumentará tus posibilidades, eso está claro. Y si no sabes dónde, pregunta, busca. No te escudes en los peros y los “no sé cómo”, recuerda bien: “quien quiere, puede”; y también “quién algo quiere, algo le cuesta.”

 

5. Escucha lo que te piden

La de veces que he escuchado decir a clientas o lectoras que sus amigos o conocidos les piden que hagan eso que se les da tan bien y ellas… ¡hacen oídos sordos! Hay que aprovechar las oportunidades y escuchar a tus clientes potenciales. Si todo el mundo te pide que le des un masaje y te intentan pagar, no vayas tu y pongas excusas o no cobres. Si te piden tus servicios, ¡dáselos!

Es obvio pero MUCHA gente no lo hace y espero que tu no seas una de ellas. Si quieres ser coach, practica y luego cobra, si eres nutricionista lo mismo. Sea lo que sea a lo que te quieres dedicar, primero hazlo, y segundo, no menosprecies tu tiempo, esfuerzo y talento y cobra por ello. Y si no lo haces, que sea una decisión bien pensada, estratégica; si no, a ponerse en marcha y empezar a hacer cambios.

 

Así que ya sabes, aplica estas recomendaciones y empezarás a ver progreso, que es lo que de verdad importa que te vayas acercando a tu objetivo.

¿Por dónde vas a empezar? Cuéntamelo en los comentarios más abajo : )

 

esfuerzo, aguantar¿Eres una de las personas que piensan que sólo llegarás a sentirte satisfecha y realizada cuando encuentres algo que te encante y te resulte fácil?

¿Cuándo las cosas fluyan y se acaben los esfuerzos? Quizá pienses que, al igual que con el tema de encontrar tu vocación, hasta que no encuentres ese algo que te apasione, se te de bien y sea fácil, no podrás sentirte satisfecha. (más…)

esperando

 

esperando¿Te ha pasado alguna vez que sabes que algo no va bien o al menos no tan bien como te gustaría y, sin embargo, sigues sin hacer nada?

Seguro que sí, es totalmente normal, algo que nos pasa o nos ha pasado a todos en un momento u otro pero que no te beneficia en nada. De hecho, probablemente te preguntes a menudo “¿por qué si sé que tengo que cambiar, no hago nada?” (y ya no entramos en el tema de las quejas constantes). Y lo malo es que ese tipo de reflexiones solo consiguen que te sientas peor todavía.

>> Escucha este artículo aquí –>Por qué sigues sin hacer nada cuando las cosas no van bien (y la solución)

Aunque lo más útil en estos casos no es preguntarse “por qué” sino “cómo lo puedo hacer”, sí es cierto que a veces conocer el porqué puede abrirte los ojos y hacer que cambie tu actitud.

Normalmente, la razón más frecuente es algún tipo de miedo, ya sabes: a los cambios, al fracaso, a no estar a la altura, etc. Pero hay otra razón que no se suele tener en cuenta y también es importante…

 

Nada más y nada menos que tu orgullo, la necesidad de tener la razón.

 

Eso es lo que hace que no quieras dar tu brazo a torcer. Y más si alguien te lo dice, y más si ese alguien no es alguien que tu consideres que tiene que saber más que tu. Un ejemplo lo vi en el caso de Laura Roeder, que con 23 años era millonaria y experta en redes sociales y a muchas personas mayores no les entraba en la cabeza que alguien tan joven pudiera enseñarles a ellos, por no hablar de pagarle por eso; y  ya no pagarle, sino que tan joven hubiera llegado más lejos que ellos.

 

Si de verdad quieres ponerte en marcha y cambiar las cosas es importante tener una actitud abierta y estar dispuesta a aprender de personas que están donde tu quieres estar, que han conseguido lo que tu quieres. Esto parece obvio pero aquí es donde entra el orgullo de:

 

  • Con lo joven que es me va a decir a mi que hacer.
  • Para ella funcionará pero yo soy diferente (esa obsesión con que somos diferentes a todo el mundo y, aunque en muchas cosas sí, en muchas otras no. He hablado con muchas personas que piensan que algo les pasa solo a ellas hasta que les digo que no, que les ha pasado a casi todas mis clientas y a mi misma y se quedan sorprendidas. La verdad es que en muchos casos, una solución sí puede ser válida para muchas personas, aunque tengas que ajustarla un poco).
  • Es que en mi país es distinto.
  • Un largo etc.

 

Hay mil excusas que hacen que te niegues a hacer cosas que le darían la vuelta a tu situación y una de ellas es ese orgullo de “no puede ser que esta/este que es más joven, guapa, fea, de España, de Mongolia, con hijos, sin hijos, me diga a mi lo que funciona”. ¿Te suena esa actitud?

Si a eso le sumas todos los miedos e inseguridades, lo único que vas a conseguir es seguir como estás (y mientras, por cierto, esa persona que “no está a tu altura”sigue avanzando).

 

Lo que no puede ser es que sepas que vas por mal camino y sigas igual. Como dice Suzanne Evans en su libro “The way you do anything is the way you do everything”: Si fueras conduciendo y en un momento te dieras cuenta de que te has equivocado y vas en sentido contrario, ¿verdad que darías la vuelta inmediatamente? ¿Qué sentido tendría seguir en dirección contraria sabiendo que no vas bien? Sería ridículo hacerlo solo porque quieres seguir teniendo la razón, ¿no?

Pues lo mismo pasa con tu negocio, profesión o cualquier situación personal. No tiene sentido seguir en la dirección equivocada solo porque te empeñas en tener razón.

No tiene sentido seguir en la dirección equivocada solo porque te empeñas en tener razón. Click Para Twittear

¿La solución? Me apunto a la que da Suzanne Evans  en su libro: el método Band-Aid (tirita en inglés). Ya lo conoces, cuando te pones una tirita la puedes quitar poco a poco para que no te haga daño (o dejar que se caiga sola incluso) o puedes optar por dar un tirón rápido, más doloroso sí, pero acabas antes.

Y es que cambiar es doloroso, siempre te afecta de alguna manera, eso hay que tenerlo claro. Pero más claro tienes que tener el querer hacer algo cuando las cosas no son como quieres.

 

En resumen, ¿por qué sigues como estás? Por miedo o por orgullo. Solución: estar dispuesta a cambiar de dirección cuando te equivocas y usar el método tirita, cuanto antes mejor, aunque duela más será más rápido.

¿Qué opinas?

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coronadeespinas

 

Me han escrito muchas personas comentándome que quieren hacer algo con su vida, algo que les encanta, que les apetece mucho pero que tendrían que hacer un gran sacrificio para conseguirlo. Y le dan vueltas y vueltas a la cabeza para ver cómo salen de esa situación. ¿Te sientes identificada?

>> Escucha este artículo aquí –> Qué hacer cuando lo que quieres requiere un sacrificio

Si esa es tu situación, es importante que tengas esto en cuenta:

 

1. Si fuera fácil, no estarías leyendo esto.

Ya lo dicho muchas veces, las cosas pueden ser relativamente sencillas de hacer, pero no son fáciles. Si no todo el mundo tendría lo que quiere.

 

2.  Todo requiere un sacrificio, mayor o menor, las cosas no son gratis.

Todo tiene un coste, la cuestión es si estás dispuesta a asumirlo o no. Esa es la verdadera pregunta, ¿estás dispuesta a conseguir lo que quieres cueste lo que cueste?

Todo tiene un coste, la cuestión es si estás dispuesta a asumirlo o no. Click Para Twittear

La respuesta depende solo de ti y no hay nada mejor o peor, todo depende de tus circunstancias y prioridades ahora mismo. Quizá sí sea el momento de dar el salto ya, o quizá todavía no. Tu decides, pero no pienses que los demás conseguimos las cosas sin sacrificios porque no es así.

A veces te sale una oportunidad de trabajo buenísima pero está muy lejos de tu familia.

A veces te surge una oportunidad en otro país pero tu pareja no quiere ir.

A veces te surge una oportunidad de negocio pero supondría reducir muchísimo tu calidad de vida durante un tiempo.

A veces quieres tener hijos pero tu carrera se resentiría en este momento.

 

Hay muchas situaciones distintas y solo tu puedes decidir y, al contrario de lo que puedas pensar, nos pasa a todos. ¿Qué pasó cuando decidí que quería hacer el doctorado en Barcelona? ¿Fue fácil? No, tuve que dejar a mi familia e irme sola a una ciudad que no conocía. No fue fácil.

¿Qué pasó cuando mi marido y yo decidimos hacer un postdoctorado? Que nos fuimos a 6000 km de nuestra familia y les veíamos una vez al año. Que no pudimos pedir plaza en los laboratorios que queríamos para poder estar en la misma ciudad (el quería uno de Boston y yo uno de Washington). Que nuestro primer hijo lo tuvimos sin el apoyo de la familia.

¿Qué paso cuando decidí dedicarme al coaching? Que estuve mucho tiempo sin ingresos dependiendo de mi marido (y para una persona independiente como yo, eso es muy difícil de asumir), que estuve más de un año sin comprarme ropa, que veía una bata de laboratorio y me preguntaba si me había equivocado al dejarlo…

 

En cada una de estas situaciones tuve, o tuvimos, que analizar lo que de verdad queríamos y el coste, las consecuencias de la decisión. Y lo mismo te toca a ti, y no es válido lo que me dicen muchos: ” Si supiera que lo que voy a hacer va a salir bien entonces lo haría.”

 

Hombre, claro, tu y todos. Pero eso no lo podemos saber de antemano, como ya he mencionado muchas veces. Hay que correr el riesgo. No puedes esperar hasta estar segura de que algo es seguro, valga la redundancia, porque estarás esperando indefinidamente. Hay momentos para correr riesgos y hay momentos para esperar. Y depende de ti, de tu carácter, de lo que quieres en la vida y, como dije antes, de tus prioridades. Probablemente no tomarías la misma decisión con 20 años y soltera, que con 37 y con dos hijos o que con 65 jubilada. Es normal.

 

¿Cómo decidirte entonces?

 

Analiza tu situación actual, tus opciones y lo que de verdad es importante para ti ahora mismo y elige. A veces puedes compaginar varias cosas, a veces no. Hay que elegir, así es la vida, ¿estás dispuesta a aceptar el sacrificio que conlleva lo que quieres? O quizá lo que quieres no lo quieres tanto…

 

Da igual, es tu vida y es tu decisión.

 

¿Qué me dices? Cuéntame en los comentarios a qué estás dispuesta para lograr lo que quieres o cómo lo has afrontado tú.

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¿Estás pensando en cambiar de trabajo o incluso en empezar tu propio negocio pero te da miedo no encontrar nada, que no funcione bien y quedarte en una especie de “limbo económico” (como me decía una de mis lectoras)?

>> Escucha este artículo aquí –> ¿Te da miedo el limbo económico si haces un cambio profesional?

Ese es uno de los grandes temores cuando tienes que hacer un cambio y, como mencionaba hace tiempo en otro artículo, la sensación es similar a la de lanzarte al vacío, ¿verdad? Aunque a mi me gusta más la comparación con el trapecista que suelta un trapecio para agarrarse a otro y ese momento en el que está en el aire sin apoyo alguno…

 

La cuestión es que es normal que esa sensación te produzca intranquilidad o miedo. Siempre digo que no somos máquinas que vayamos por ahí sin sentir ni padecer. Así que pretender hacer un cambio de ese tipo sin preocuparse es poco realista. Obviamente la situación mejora cuando ya tienes algo más o menos seguro, pero aun así tendrías algún tipo de miedo: a fracasar, a arrepentirte, a no estar a la altura, etc.

 

Acuérdate, el miedo no desaparece, se sustituye por otro y lo mejor es seguir adelante a pesar de ese miedo, no esperar a que desaparezca.

 

De todas formas, esto es lo que puedes hacer para atreverte y que te cueste menos:

 

1. Ten una red de seguridad

Si puedes antes de hacer el cambio, de dar el salto, ahorra para que puedas estar un tiempo sin cobrar y sin estresarte por ello. La verdad es que es muy diferente empezar algo nuevo sin estrés porque se te acaba el dinero. Con estrés no piensas con claridad. Por eso a veces merece la pena esperar un poco más mientras te haces con un colchón económico.

Otra opción es pedir un crédito o un préstamo a un familiar. Yo personalmente prefiero evitarlo y partir de lo que yo tengo y puedo, te recomiendo no endeudarte porque entonces volvemos a las mismas; pero es decisión tuya.

 

2. Descubre tu gran porqué.

¿Recuerdas que lo he mencionado muchas veces? Cuando tienes claro por qué quieres hacer algo, eso se convierte en tu motor en los momentos bajos. Y con “tu por qué” me refiero a una razón verdaderamente fuerte, sea la que sea, una razón que te diga: esto lo voy a conseguir sí o sí por…

Y que cuando la digas te enciendas. Nada de porque estoy aburrida, porque quiero más dinero, algo que te de fuerza y eso solo lo puedes decir tu, puede ser una razón altruista o egoísta, da igual, lo importante es que te de fuerzas. Que cada vez que la digas tu vocecita interna te diga “¡eso es!” Como por ejemplo:

– Porque yo he nacido para esto y me lo merezco.

– Porque quiero callarles la boca a todos y demostrarme que puedo.

– Porque quiero cambiarle la vida a otras mujeres.

– Porque quiero vivir rodeada de lujos.

– …

Y no voy a parar hasta conseguirlo.

Lo que te inspire a ti, no hay nada incorrecto.

 

3. Rodéate de gente que te entienda y apoye.

Esto supone una diferencia enorme,  lo bien que te sientes entre personas que están pasando por lo mismo que tu. Te sientes “normal” y apoyada. No hay críticas ni desánimo, sino apoyo e ideas, y eso hace que estés más motivada, que sientas que tienes una red segura si te caes y que te lances a por más. No falla.

 

Y si nada de esto te funciona entonces plantéate bien ese cambio. ¿De verdad es lo que necesitas? Quizá mejorando parte de la situación se produzca el cambio que buscas. A veces cambiar tu actitud o mejorar otro área de tu vida tiene el efecto que quieres. Sobre todo en lo relativo a dejar un trabajo con un sueldo estable y empezar tu negocio tienes que tener claro que no es para todo el mundo, por una sencilla razón: tener tu propio negocio implica saber convivir bien con la incertidumbre económica y hay personas para las que eso supondría un estrés y angustia constantes.

¿Cómo puedes saberlo? En mi experiencia si la incertidumbre te da un poco de miedo y mucha emoción vas por buen camino. Sin embargo si solo te produce angustia y la idea de no contar con un sueldo fijo te aterra, piénsatelo bien. Tener tu propio negocio implica, sí o sí, saber convivir y disfrutar con la incertidumbre.

Tener tu propio negocio implica, sí o sí, saber convivir y disfrutar con la incertidumbre. Click Para Twittear

Aquí no hay respuesta correcta o incorrecta, lo que mejor te haga sentir es lo que vale.

¿Qué vas a hacer al respecto? Cuéntamelo en los comentarios más abajo : )

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pensamientos toxicos

 

¿Hasta qué punto afectan los pensamientos negativos a tus resultados? A estas alturas ya sabes de sobra que tus creencias y pensamientos influyen en tu actitud y, por tanto, en tus resultados y satisfacción.

>> Escucha este artículo aquí –> 7 Pensamientos tóxicos que tienes que eliminar para pasar página de una vez

 

Ayer leía en el libro “The way you do anything is the way you do everything de Suzanne Evans que uno se cree especial (y no en un sentido positivo, precisamente) por los problemas que tiene. ¿Te suena? El pensar que tu no puedes lograr algo porque te pasa X.

La cuestión es que en ese aspecto todos somos especiales o, mirándolo de otra forma, de especial no tienes nada (en ese aspecto, en el positivo seguro que tienes muchas cosas : ), porque absolutamente todos tenemos problemas de algún tipo. Lo que marca la diferencia no es que que tengas un problema o no, sino cómo reaccionas ante él (pincha aquí para tuitear esta frase).

Lo que marca la diferencia no es que que tengas un problema o no, sino cómo reaccionas ante él. Click Para Twittear

 

Respecto a eso el otro día leí en el blog Lifehacker un resumen de cierto tipo de pensamientos tóxicos que sólo te perjudican y con los que estoy totalmente de acuerdo. Aquí tienes mis reflexiones sobre algunos:

 

1. Pensar que eres una víctima.

Es decir, quejarte por todo y echarle la culpa a los demás o a las circunstancias. Puede que no te guste lo que te está pasando, pero culpar a los demás no va a solucionar nada. Es hora de hacerte responsable de tu vida y de tus decisiones, y de poner manos a la obra para hacer los cambios que de verdad quieres. Y no, no es fácil. Ni para ti ni para nadie.

 

2. Pensar que puedes cambiar a otras personas.

En esto caemos todos en algún momento u otro y por distintas razones, pero es frustrante e inútil. Tu puedes ayudar a cambiar a alguien que esté dispuesto a hacerlo, pero quien no quiere cambiar o ni siquiera es consciente de que puede hacerlo no va a hacerlo por más que tu te empeñes. Es difícil de a asumir pero hay que aceptar a las personas exactamente como son y ayudarlas en lo que te pidan o servirles de inspiración cambiando tu para que encuentren esa motivación.

Si no te ves capaz de aceptar a una persona como es quizá tengas que replantearte la relación o cambiar tu a ver qué sucede…

Nada fácil tampoco.

 

3. Resistirte a la realidad.

Este punto me gusta especialmente y te puede cambiar la vida. Hay muchas cosas que puedes cambiar: puedes cambiar de trabajo, mejorar tu aspecto físico, aprender algo nuevo, etc. Pero también hay cosas que no puedes cambiar (entre ellas a ciertas personas como menciono en el punto anterior): no puedes cambiar que tu jefe no sea como tu quieras, no puedes cambiar que vaya a llover, o tener que pagar la hipoteca o impuestos…

Hay muchas cosas que tu directamente no puedes cambiar, pero puedes aceptarlas en vez de resistirte y eso hará que estés más relajada y que puedas tomar mejores decisiones al respecto.

Muchas personas me escriben quejándose porque su jefe es de tal o cual manera, o sus compañeros de trabajo, o sus condiciones de vida o trabajo; e incluso afirman que saben que la situación no va a cambiar. Resistirse a algo es muy frustrante y te puede hacer muy infeliz. Tienes dos opciones: aceptarlo y seguir adelante o cambiar (tu o tus circunstancias).

Y no, no es fácil, pero merece la pena aprender e intentarlo porque el efecto en tu salud física y mental se nota.

 

4. Pensar que las cosas son siempre mejores o más fáciles o… para los demás.

Esto también es muy típico. Es que tu has tenido mucha suerte, es que como fulanito es más atractivo, es que ese lo tiene más fácil porque tiene más dinero, es que…  

Las personas que han conseguido lo que quieren no lo han tenido fácil. Todo cuesta y da igual que seas más rico, más guapa, más delgada, morena, rusa, madre o soltera. Cada situación tiene sus pros y sus contras, unas cosas te resultarán más fáciles y otras más difíciles. Una persona alta quizá llegué mejor a la canasta pero tenga problemas para comprarse un coche. Una persona guapa quizá consiga antes un trabajo (no tengo ni idea, que conste) pero luego la subestimen porque es demasiado guapa.

Cada uno tiene sus problemas y sus circunstancias y, en general, el que llega alto es porque ha trabajado mucho, ha tomado decisiones, se ha arriesgado y no se ha quedado de brazos cruzados. Por eso encuentras gente de todo tipo con éxito (incluyendo muchas que seguro que lo han tenido bastante más difícil que tu. Y no lo digo para hacerte sentir mal sino para que veas la realidad y te quites la máscara de víctima cuanto antes.)

Así que no te engañes, deja de pensar en lo “fácil” que lo tiene los demás y si de verdad quieres algo ponte manos a la obra.

 

5. Preocuparte por lo que piensan otras personas.

Sinceramente yo pienso que esto es inevitable, al menos en cierta medida. Somos humanos, tenemos nuestro corazoncito y en general queremos gustar, así es la vida. Pero una cosas es aceptar que te preocupe y otra muy distinta dejar que limite tu vida. Yo, por ejemplo, siempre o casi siempre hago lo que quiero, ¿quiere eso decir que no me preocupa lo que piensen los demás? A veces sí y a veces no, depende de quien sea la persona, pero lo que está claro es que esa preocupación o necesidad de aprobación no me va a detener. La acepto y sigo adelante. Y tu puedes hacer lo mismo.

Y no, no es fácil aceptarlo, se consigue poco a poco hasta que un día te das cuenta de que ya no te afecta tanto.

 

6.  Pensar que solo hay una cosa buena o correcta y el resto ya no lo son.

Esto es algo que poca gente se ha parado a pensar, es como el tema de encontrar tu vocación. Parece que o tienes clarísima tu profesión ideal o vas a ser infeliz el resto de tu vida. Y solo hay una opción válida, buena, correcta, el resto no te conviene o no merece la pena.

Este tipo de pensamiento es la causa de la infelicidad de muchas personas pero, ¿sabes qué? La realidad es que puedes ser feliz de distintas maneras y que hay muchas opciones perfectamente válidas para ti. Pensar que solo hay una cosa es estresante y descorazonador, entras en la angustia de “la vida pasa y no he encontrado ESO que me hará feliz de aquí al resto de mis días”. Bueno, pues “reality check” como dicen en inglés. Puedes ser feliz con distintas opciones y puede que lo que te ha hecho feliz hasta ahora no lo haga en un futuro.

Y no pasa nada, es normal, ley de vida. Es cuestión de averiguar qué opciones tienes y elegir la que mejor se ajuste a tus circunstancias, prioridades y valores actuales. Tardarás más o menos, puede que necesites ayuda para encontrar tus opciones; pero lo que quiero que tengas claro es que no hay UNA SOLA COSA perfecta, hay opciones y tu eliges.

 

7. Pensar que tu pasado determina tu futuro.

Sobre esto ya he hablado otras veces, que hayas cometido un error en el pasado no quier decir que tu vida se haya acabado para siempre y que no puedas hacer las cosas de otra forma. El pasado, pasado está y siempre tienes la oportunidad y el derecho de empezar de nuevo. La tuviste ayer, la tienes hoy y la tendrás mañana. Como casi todo en esta vida, es tu elección…

 

En resumen, está claro que no somos robots, que tenemos altibajos y que ciertas circunstancias o personas pueden desencadenar especialmente este tipo de pensamientos, y está bien. La cuestión es ir dándote cuenta para poder cambiarlos poco a poco. Porque la realidad es que pueden afectar mucho a lo que consigues en la vida, a tu felicidad y cualquier cosa que puedas hacer para sentirte realizada y más satisfecha siempre vale la pena, ¿o no?

Así que cuéntame en los comentarios con cuál de estos 7 puntos te identificas más y qué vas a hacer al respecto (que al fin y al cabo es lo que importa).

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Seguro que de vez en cuando tienes etapas en las que aparecen obstáculos o problemas de distinta categoría que, aunque no sean necesariamente importantes, te preocupan o te estresan. Puede ser que haya aparecido un gasto imprevisto, que se te haya estropeado algo, que tengas un bajón de clientes…. De repente parece que las cosas no van bien y te estás agobiando.

>> Escucha este artículo aquí –> Cómo dejar de preocuparte por tus problemas (y empezar a solucionarlos)

Obviamente todos tenemos problemas, y no hay ni que decir que esperar no tenerlos nunca es totalmente absurdo e irreal. La cuestión entonces radica en lo que haces cuando surgen esos problemas, en tu actitud ante ellos. Ya sabemos que un cambio de actitud hace maravillas, pero ¿cómo lograrlo?

Como siempre, fácil no es pero hace poco leí dos opciones que me parecieron interesantes. Estas son:

 

1.  Cambia tu concepción de problema, redefínelo.

Las palabras tienen un poder emocional mayor del que nos creemos. Si recuerdas, en otro artículo mencioné cómo cambia la situación si en vez de pensar que estás “nerviosa” (antes de una charla, por ejemplo), piensas que estás “emocionada”. Es algo que funciona muy bien y en este caso puedes hacer lo mismo.

Steve Chandler en su libro “Time Warrior” sugiere que en lugar de pensar en un problema, con todas las connotaciones negativas que ello conlleva (porque esa palabra siempre la asociamos con cosas negativas y, por tanto, mejor no tenerla en mente), pienses en un proyecto.

Sí, un proyecto, que puede ser difícil y puede no gustarte. Pero ¿te das cuenta de la diferencia? Emocionalmente, un proyecto es algo más emocionante y divertido que un problema. Te permite salir del estancamiento y bloqueo mental y empezar a pensar en cómo llevarlo a cabo (es decir en cómo acabar con el problema), ¿o no? A lo que hay que añadir  los sentimientos de realización y autoestima cuando terminamos un proyecto.

Una sola palabra puede suponer un gran cambio en tu percepción, en tu actitud y en tus resultados. No es lo mismo problema que proyecto. No es lo mismo obsesionarte y agobiarte pensando en que tienes un problema y que no sabes qué hacer, o en por qué tienes tantos problemas o cualquier otro tipo de pensamiento victimista, que verlo como un desafío, un proyecto que hay que acabar. Pruébalo.

 

2. Considéralos algo fascinante, un objeto de estudio.

Me parece que fue en uno de los newsletters de Suzanne Evans donde ella comentaba que ya que problemas vas a tener sí o sí, por qué no empezar a considerarlos como algo fascinante que aparece en tu camino. Sí, fascinante. A mi esta forma de verlo me encanta. Cuando tengas una de esas etapas en las que aparecen obstáculos o problemas de distinta categoría (y cuanto más estresada estás mas suelen aparecer, ¿verdad?), en lugar de agobiarte y estresarte aun más, por qué no pensar: “Fascinante, mira lo que aparece ahora para ponerme las cosas interesantes. ¿Qué puedo aprender de esto?”

Al considerarlo algo fascinante tu actitud cambia, por lo menos hace que te tomes las cosas de otra forma y ya sabemos que ahí reside todo, en tu actitud. Mejor estar divertida o intrigada que estancada, ¿no? Mejor preguntarte qué puedes hacer al respecto, qué puedes aprender o por qué aparecen ahora tantos obstáculos, que estar lamentándote. Quizá te hayas relajado y hayas pasado por alto cosas importantes, quizá sea momento de hacer un parón y recargar pilas. La cuestión es que verlo de esta forma te hace pensar de otra manera y así es como empiezan los cambios.

 

Por supuesto hay problemas y problemas y no pretendo solucionar el mundo. Hay determinadas situaciones que requerirán otro tipo de medidas, pero si te acostumbras a pensar así ante pequeños problemas, quizá cuando aparezca uno mayor lo sepas llevar mejor, ¿no crees?

 

Aparte de esto, no hay que olvidar que los problemas te hacen más fuerte, más segura de ti misma. Como bien dice Steve Chandler, los problemas en realidad son buenos para nosotros, pero no somos capaces de darnos cuenta (excepto cuando les pasan a otros) debido a las connotaciones emocionalmente negativas de la palabra. Así que ya sabes, a partir de ahora prueba con una de estas opciones, a ver si cambia algo…

 

Cuéntame en los comentarios cuál te gusta más y si te ha dado resultado. A mi la de “fascinante” sí : )

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Uno de los obstáculos que me suelen comentar mis lectoras es que a veces se sienten atadas por lo demás, hasta el punto de descuidar su vida personal y profesional, no conseguir sus objetivos y todo por querer estar en todo sin conseguir en realidad estar en nada. ¿Te suena?

>> Escucha este artículo aquí –>¿Te sientes atada por los demás? 4 cosas que puedes hacer al respecto

 

Una de las razones más frecuentes es esa creencia de que eres el pilar de todo y que sin ti las cosas no funcionarían. Por supuesto, no es cuestión de subestimar tu papel en tu familia o profesión pero, ¿qué has conseguido hasta ahora con esa actitud? Esto es algo muy común en las mujeres, no lo vamos a negar, pero hay que tener cuidado, que no te obceques tanto con estar para todo y para todos y que un día te des cuenta que tu no has hecho nada realmente significativo para ti. Y eso sólo lo puedes decir tu. Entonces, ¿qué puedes hacer al respecto?

 

1. Dejar de pensar que si te preocupas por tus cosas eres una egoísta.

Esto lo he mencionado varias veces, querer cumplir tus objetivos, tener sueños y deseos y sacar tiempo para ti NO es ser egoísta. Es ser un ser humano con intereses, no un robot y tienes todo el derecho del mundo (y si alguien te ha dicho lo contrario, a buscar otras compañías). Dejar de pensar así no es fácil, pero cada vez que te encuentres pensando eso, recuérdate que tienes derecho a tener tiempo para ti y que si tu no estás bien, los que te importan tampoco y tu profesión también se resiente. Así que sacar tiempo para ti beneficia a todos, que no se te olvide.

 

2. Dejar de pensar que si tu no haces algo se acaba el mundo y nadie sobrevivirá.

Es imprescindible que aprendas a delegar. Si eres exigente y perfeccionista te costará, para qué negarlo, pero piensa en el beneficio a corto y largo plazo de hacerlo. Es imposible que puedas con todo tu sola, y si ahora puedes, te irás adjudicando cada vez más obligaciones hasta que acabes totalmente agotada y tampoco queremos llegar a eso. Es mejor parar las cosas antes, ¿no? Así que empieza a practicar delegando tareas que no te gusten, no se te den bien o que cualquier otra persona pueda hacer. Tanto personal como profesionalmente. Tareas como la limpieza de la casa, la contabilidad, la compra (pedir por Internet por ejemplo te puede ahorrar tiempo), etc. Para cada persona y situación es diferente, así que siéntate y piensa por dónde vas a empezar a delegar.

 

3. Determinar si parte del problema es la falta de organización.

Puede ser que te descuides porque te exiges o te exigen demasiado o porque no te organizas bien y crees que no tienes tiempo pero en realidad sí. Son dos cosas distintas… En estos dos artículos hablo de eso: aquí y aquí.

 

4. Dejar de querer estar en todo porque al final no estás en nada.

Hay que empezar a ser más selectiva y cuando te involucres en algo hacerlo bien. Eso implica aprender a decir no y tener muy claro que actividades y compromisos de verdad quieres hacer y cuáles te acercan más a tus objetivos. Una pregunta clave a tener siempre en mente es:

 

¿Esto que estoy haciendo ahora me acerca más a mi propósito/objetivo/sueño (o lo que tengas en mente)?

 

Esto también puede ser difícil, ¿cómo saber qué hacer y que no hacer? Cuanto más claro tengas lo que quieres conseguir, tanto personal como profesionalmente, más fácil te resultará decidir qué aceptar y qué posponer o rechazar.

 

Si te sientes atada por las circunstancias o personas que te rodean que no se te olvide que eres tu la que se deja atar. Es duro de oír pero es cierto, todos tenemos nuestras debilidades y es importante ser conscientes de ellas y actuar en consecuencia. No puedes cambiar a las personas pero sí puedes hacer algo distinto de lo que haces ahora y eso solo depende de ti .

No puedes cambiar a las personas pero sí puedes hacer algo distinto de lo que haces ahora. Click Para Twittear

 

Así que cuéntame, ¿qué primer paso vas a dar para acercarte más a lo que quieres? Dímelo en los comentarios más abajo (ya sabes que no puedo responder a todos pero sí los leo uno a uno : )

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imagen Scarlett O'Hara

¿Cuántas veces te has propuesto hacer algo y, cuando ya estabas decidida, te ha surgido un imprevisto u obstáculo de última hora y has decidido abandonar?

Seguro que sabes a qué me refiero (y si no lo sabes, ¡enhorabuena!). ¿Qué pasa cuando de verdad quieres hacer algo pero un obstáculo te lo impide?

>> Escucha el podcast aquí –>Qué hacer ante los obstáculos de última hora

¿La verdad? Que no estarías tan decidida, porque cuando quieres algo de verdad, pero de verdad de la buena como dicen los niños, no hay obstáculo que te pare. ¿O no?

 

En la vida es inevitable que surjan obstáculos, inconvenientes o imprevistos, es así y no se puede hacer nada. Así que lo único que determina hasta qué punto te afectan los obstáculos es tu actitud ante ellos. En general hay dos tipos de actitud predominantes, a ver con cuál te identificas:

 

1. Asumir que si ha aparecido un obstáculo en el camino es porque ese camino no es para ti y que es mejor abandonar.

2. Entender que los obstáculos son inevitables y, como dice María Tolmo en su libro “Una Princesa en el Espejo”: “Están ahí para probar tu perseverancia, tu creatividad y tu ingenio.”

 

Esto es algo que he hablado ya con varias personas, cuando te surge un obstáculo, ¿por qué en vez de pensar que es una señal de que vas por mal camino no lo interpretas como una prueba final de que de verdad quieres lo que dices que quieres?

El problema es que la gran mayoría de las personas elije la primera opción y se rinden a la primera de cambio. Por eso no hay tanta gente que logre sus objetivos porque ven cada obstáculo como una señal de que ese no es el camino a seguir y abandonan. Pero ¿sabes qué? Eso no es más que otra excusa.

Igual que el miedo, la vergüenza o cualquier “razón” que puedas tener tu. Todos nos ponemos excusas, para qué negarlo, pero hay que ser consciente de ello y no dejar que paralicen tu vida. Quien quiere algo, algo le cuesta; las cosas no se regalan y si te rindes ante el primer obstáculo ahí te vas a quedar.

 

Sin embargo, ¿sabes que tienen en común las personas que triunfan, que logran lo que quieren? Además en cualquier campo, que no se dejan detener por los obstáculos. Unos los consideran simplemente una piedra más del camino, otros una lección que aprender. A veces se ignoran, a veces son tan imponentes que te detienen temporalmente, pero nunca te planteas abandonar, porque a ti no hay nada que te pare y abandonar no es una opción. Sí puedes contemplar hacer cambios, porque es imprescindible ser flexible, pero abandonar al primer contratiempo, de eso nada.

 

Esa es la actitud que te lleva más lejos. No es difícil de entender, pero sí de lograr. Hay personas que de manera innata son perseverantes y no hay nada que se les resista, pero muchas otras no. Entonces, ¿cómo lograr una actitud así?

 

Una de las cosas fundamentales es tener clarísimo por qué quieres lograr tu objetivo. Como siempre digo parece obvio, pero mucha gente en realidad no se ha parado nunca a pensarlo.

Si de verdad quieres conseguir lo que te propones tienes que tener una razón que te impulse en cada momento, de forma que los obstáculos sean, como mucho, una molestia de la que deshacerte de una forma u otra. Aunque tengas días malos, aunque a veces tengas mil dudas y prefieras no levantarte.

En esos momentos es cuando te recuerdas que, como decía Scarlett O’Hara en una de mis frases favoritas : )

 

Después de todo, mañana será otro día. Click Para Twittear

 

¿Qué me dices? ¿Qué actitud vas a elegir a partir de ahora? Cuéntamelo en los comentarios y comparte este artículo si te ha ayudado : )

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Una de las preguntas que recibo a menudo es cómo hacer para poner en marcha tu negocio si ya sabes lo que quieres pero no cómo conseguir clientes o simplemente cómo empezar.

>> Escucha este artículo aquí –> Qué hacer cuando no sabes cómo iniciar tu negocio

Cuando yo empecé también estaba muy perdida, sabía que quería vivir del coaching y ayudar a personas a tomar decisiones profesionales y se acabó.

Así que, a pesar de que mi liquidez no era mucha, decidí contratar a una coach para que me ayudara a aclarar esos primeros pasos. Desde luego fue una gran decisión y con el tiempo he aprendido muy bien qué pasos tienes que dar para ponerte en marcha en vez de quedarte paralizada por el exceso de información y el caos mental.

Apunta:

 

(más…)

 

¿Cuántas veces te has encontrado haciendo cosas o tomando decisiones casi sin saber por qué e indecisa acerca de las consecuencias?

He hablado muchas veces de la importancia que tiene ser consciente de tus valores, prioridades y necesidades no solo a nivel personal sino también profesionalmente.

Lo considero algo imprescindible para asegurarte de que lo que haces está alineado con lo que quieres, para que no te encuentres dedicando tu tiempo y energía a algo que no te satisface ni te hace sentir realizada, algo que es más frecuente de lo que parece.

Pero aparte de eso hay también otro factor que es importante conocer y que puede determinar mucho las decisiones estratégicas que tomes en tu carrera o negocio: tus motivadores.

(más…)

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¿Estás pensando en hacer un cambio profesional importante pero tienes miedo a perder lo que ya tienes?

 

Muchas personas me escriben contándome que se sienten paralizadas por el miedo a perder lo que tienen, aunque no estén muy satisfechas. Están pensando en cambiar de trabajo o en montar su propio negocio pero el miedo a que no funcione o a no lograr los ingresos necesarios para vivir las detiene.

>> Escucha este artículo pinchando aquí –> Cómo evitar que el miedo a dejar lo que tienes te mantenga bloqueada

 

Es una situación perfectamente comprensible, estamos hablando de dejar algo a lo que estás totalmente acostumbrada y donde te desenvuelves bien, tanto si estás más o menos contenta en tu estado actual como si no, por algo  incierto. Un cambio importante genera mucha inseguridad y eso hace que muchas personas sigan en la misma situación sin dar el paso de cambiar por mucho que lo deseen. Ya sabes que yo misma tardé meses en decidir si dejar la ciencia y montar mi propio negocio por esos dos factores, porque no sabía si me iba a ir bien y porque tenía miedo a dejar lo que tenía y a arrepentirme. Especialmente porque me gustaba mucho lo que tenía y volver a la ciencia después de un parón largo podría ser complicado, para que engañarnos.

 

El problema de esta situación es que el miedo no es buen compañero de viaje, es un gran obstáculo a la hora de tomar decisiones porque te impide ver las cosas con claridad. Es como si lo vieras todo a través de un velo borroso. La cuestión es que si llevas un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de hacer algo distinto y no eres capaz de quitártelo de la cabeza es porque hay algo dentro de ti que de verdad quiere un cambio. Pero, como me decía una lectora hace poco, es difícil dejar ciertas situaciones y obligaciones y lanzarte a algo que no sabes seguro cómo va a salir.

 

Claro que es difícil, si te das cuenta siempre llegamos a la misma conclusión, no te atreves a hacer algo porque es difícil y no sabes cómo saldrá. Si estás esperando a que alguien te ponga las cosas fáciles y te asegure que todo va a ir bien para dar el paso, puedes coger una silla porque va para largo. En esta vida este tipo de cambios son difíciles, sí, qué se le va a hacer. La cuestión es si lo quieres tanto como para que te de igual lo difícil que sea.

 

Además, es imposible estar segura de cómo van a salir las cosas, tanto si eliges un trabajo nuevo como si decides establecerte por tu cuenta. Imposible, y aspirar a eso sólo hará que sigas como estás. Nadie que haya conseguido algo ha empezado sabiendo que lo iba a lograr. Es hora de aceptarlo y de decidir si de verdad quieres tanto hacer ese cambio o si prefieres no arriesgarte y dejar las cosas cómo están. Las dos opciones son buenas, toma una decisión, acéptala y sigue adelante. No todo el mundo tiene por qué hacer cambios radicales, aunque puedan. Recuerda que el hecho de que puedas hacer algo no significa que tengas que hacerlo… (pincha aquí para tuitear esto).

 

Y si te decides a dar el paso, sí hay ciertas cosas que puedes hacer para minimizar los riesgos, por ejemplo:

 

1. Asegurarte de que quieres hacerlo.

Si supieras que todo iba a salir bien, ¿lo harías? Si la respuesta es un sí emocionado, bien; si sigues teniendo dudas, hay que preguntarse si realmente quieres eso o es que, como estás insatisfecha, es lo primero que se te ha pasado por la cabeza para salir de esa situación. Entonces es momento de pararte a pensar qué es lo que quieres de verdad (y a veces no es nada fácil contestar a esa pregunta, si no no tendría clientes). A lo mejor necesitas cambiar otra parte de tu vida que te está influyendo tanto que le atribuyes la culpa al trabajo. A lo mejor solo necesitas un descanso. A lo mejor mejorando tu trabajo se arregla la cosa y no tienes que hacer un cambio radical. Pero para eso necesitas saber qué quieres y qué está fallando ahora, ¿qué te falta?

 

2. Probarlo antes si tienes la oportunidad.

Esto ya lo mencioné en otro artículo, no tienes por qué lanzarte a la piscina de buenas a primeras, en algunos casos puedes meter el dedo antes (haciendo prácticas, voluntariado, hablando con alguien que haga lo que tu quieres hacer y que te cuente cómo es en realidad)

 

3. Buscar toda la información que necesites y formarte o contratar a alguien que te guíe en lo que no sabes.

Esta es una buena forma de minimizar el riesgo. Yo, por ejemplo, estuve varios meses dando tumbos sin tener ingresos hasta que decidí contratar a alguien que supiera y que me ayudara a hacerlo bien. A partir de ahí las cosas cambiaron.

 

4. Si lo que te preocupa es no tener ingresos y te tiene totalmente paralizada…

Crea un colchón que te permita vivir al menos seis meses sin ingresos. Por supuesto, eso significará ahorrar y hacer sacrificios o tener que posponer tu negocio, pero es algo realista que te quitará mucho estrés. Es absurdo empezar un negocio sin dinero, porque un negocio requiere que inviertas en él. Si no tienes ingresos, no tienes ahorros para vivir y no puedes contratar a alguien que te ayude porque no te quieres gastar el dinero, mal vamos. Mejor ahorra un poco y aunque tardes más te sentirás más segura.

 

Dejar lo que tienes, a lo que te has acomodado, aunque no estés muy convencida, cuesta mucho, si no nadie estaría aguantando situaciones que no le gustan. Da mucho miedo e inseguridad y no sabes cómo va a salir, por eso es importante que estés convencida de que quieres hacerlo, de que vas a intentarlo sea como sea. Recuerda, tu gran por qué es el que te impulsará en los momentos de dudas e inseguridad porque tenerlos los tendrás, como los hemos tenido todos.

 

Así que cuéntame, ¿qué vas a hacer ahora? Déjame tu comentario con una sola acción que vas a realizar hoy mismo.

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criticas

 

¿Hasta qué punto te afectan las críticas de los que te rodean? O peor, el miedo a que se den…

Me escriben muchas personas diciéndome que les encantaría poner su propio negocio o hacer un cambio importante en su trayectoria profesional pero que les da mucho miedo que les critiquen. ¿Te suena?

>> Escucha el podcast de este artículo aquí –> ¿Te afecta demasiado la opinión de los demás? 5 pasos para superar el miedo a las críticas

 

No nos vamos a engañar, a todos nos gusta caer bien y que alaben lo que hacemos y no queremos que nos critiquen, eso es normal y no estás sola. Eso sí, una cosa es que te afecte algo y otra que te paralice completamente.

 

El miedo a las críticas, que no es otra cosa que el miedo al que dirán, a lo que opinen los demás, suele aparecer cuando quieres hacer algo que es radicalmente distinto de lo que haces ahora (como dejar tu carrera científica para ser coach) y que va a implicar muchos comentarios. Aquí está involucrada la importancia que le des al estatus y es que, nos guste o no, hay algunas profesiones que son más valoradas que otras socialmente y en función de la importancia que le des a eso te va a afectar más o menos lo que piensen los demás.

 

Otra opción es que tengas miedo al qué dirán si las cosas no salen bien. El típico “si ya lo sabía yo, es que le faltan dos dedos de frente”, “pero a quién se le ocurre”, etc.

 

¿Con cuál te identificas?

 

Seguro que conoces el famoso cuento de las ranas que estaban subiendo a un árbol mientras a su alrededor se reunían sus compañeras comentando lo locas que estaban y que que se creían, etc. Las ranitas que subían fueron cayendo una a una, excepto una, que logró subir hasta arriba del todo. ¿Por qué? Porque estaba sorda y no podía oír los comentarios de las que estaban abajo.

 

Yo le añadiría al cuento una segunda ranita triunfadora, que oía los comentarios y pensaba “¿Ah, sí? Te vas a enterar de quien soy yo, me vas a decir tú a mi lo que puedo o no hacer”

 

Hay muchas personas que tienen la suerte de tomar las críticas como motivación, de usar el enfado o indignación como motor para hacer lo que quieren con más ahínco, o que simplemente hacen oídos sordos a los comentarios de los demás; pero si ese no es tu caso y el miedo a las críticas está haciendo que lleves una vida que no quieres, esto te puede ayudar:

 

  • Cada vez que alguien te haga un comentario negativo piensa para ti “eso es lo que tu piensas, yo no estoy de acuerdo” y te haces la sorda o cambias de tema.

 

  • El miedo a las críticas puede suponer una falta de seguridad en ti misma o de autoestima, busca ayuda en ese tema. Cuando estás convencida de que haces lo que de verdad quieres no dejas que las críticas de los demás te paren.

 

  • No comentes tus intenciones hasta que no te sientas más segura. A veces necesitas que pase un tiempo para sentirte más confiada y que te de igual lo que piensen los demás. Mientras ese momento llega no des muchos detalles si no quieres.

 

  • Aléjate de personas que solo saben malmeter y criticar. Una cosa es la crítica constructiva, que te ayuda a crecer y mejorar (aunque duela un poco), y otra la crítica descarnada y con mala idea. Aléjate de ese tipo de personas y rodeate de gente que te apoye y te anime, que no quiere decir que te den siempre la razón, pero que al menos te apoyen. Ya sé que a veces esa persona es un familiar cercano y que no es nada fácil, y no te digo que rompas la relación con ella, solo que no le comentes los detalles o que, si te preguntan, digas que todo va bien y cambies de tema.

 

  • No le des importancia a las críticas de las personas que no saben de lo que hablan. Esto para mi es fundamental. Decide ya a quién vas a hacer caso y a quién no. Porque a la gente le encanta dar consejos aunque no tenga ni idea de lo que está hablando. Escucha a alguien que tenga experiencia en tu situación. Si tienes un negocio y te empiezan a dar consejos personas que no saben nada de negocios, pues les agradeces la intención pero lo que te interesa es la gente que sabe de lo que habla. Si estuvieras enferma, irías al médico, ¿no?  ¿O harías caso a la vecina que te recomienda unas pastillas que le fueron muy bien sin tener ni idea de si a ti te irían bien o no? (Si lo haces, no deberías porque estás poniendo en peligro tu salud). No es necesario ser prepotente, siempre está bien tener en cuenta las ideas de personas de otros campos porque te pueden abrir los ojos a ciertas cosas que no habías considerado. Eso es una cosa y otra dejar que alguien que no sabe nada de lo que tu haces te diga que haces bien o mal.

 

Ten en cuenta que siempre te van a criticar por una cosa o por otra, si haces porque haces y si no porque no, pero recuerda que es tu vida. Cuando tengas 90 años, ¿qué vas a pensar de este momento? Si te van a criticar, por lo menos que lo hagan por algo que de verdad te apetece hacer.

 

¿Sabes qué? Es muy fácil estar abajo quejándote y amargando a los que intentan subir, lo difícil es atreverte a subir al árbol. Así que decide, ¿qué tipo de rana eres tú?

 

Déjame tu comentario más abajo.

 

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ilusion

 

 

ilusion¿Has perdido la ilusión que tenías por lo que haces? ¿Te sientes algo desanimada, desmotivada y sin saber cómo recuperar la energía e ilusión que solías tener en tu trabajo o negocio? 

>> Escucha este artículo aquí –> Cómo recuperar la ilusión por lo que haces

 

Puede que hayas perdido la ilusión porque nadie te apoya y por mucho que te encante tu proyecto te sientes sola. Puede que lo que te pase es que te has esforzado mucho, has sacrificado cosas, te has involucrado al 100% pero no ves resultados y ya no sabes qué hacer. O bien que, aunque todo te vaya bien, te falta algo. En realidad hay muchas razones por las que puedes haber perdido la ilusión por lo que haces, ya sea en tu carrera o en tu negocio. Entonces, ¿qué puedes hacer al respecto?

 

 1. Desmitifica la ilusión 

Esto lo nombré en el artículo de la semana pasada. Por mucho que te guste lo que haces, hay cosas que no te van a gustar tanto y, además, no puedes estar ilusionada todos los días, 24 horas al día. Tendrás momentos malos, estarás desmotivada algunos días y habrá cosas que preferirías no hacer. Así es la vida, la cuestión es seguir adelante hasta en esos momentos, no abandonar a la primera de cambio. El que la sigue la consigue, en eso consiste una parte muy importante del éxito. Así que deja de pensar que si no tienes ilusión es que algo va mal, no tiene por que ser así.

 

2. Analiza las causas 

Cuando la desilusión de verdad te preocupa y sabes que es algo más profundo, es hora de analizar las causas. En realidad lo que importa no es tanto la causa, sino la solución. En este caso si determinas qué ha cambiado, que tenías antes que no tengas ahora, podrás encontrar la solución más rápido (y recuperar lo que tenías antes). Así que piensa, ¿qué ha cambiado? ¿Que tenías antes, cuando tenías ilusión, que no tengas ahora? A lo mejor es que estás estresada y necesitas unas vacaciones, o que has entrado en una fase rutinaria y te vendrían bien nuevos desafíos, o que lo que haces ya no te hace feliz y es hora de un cambio (aunque te de miedo). ¿Qué te falta? Encuéntralo y busca la solución.

 

Algunas cosas más concretas que puedes hacer, en función de tu situación:

 

  • Tomate un descanso, desconectando de todo (nada de redes sociales o de llevarte el portátil, eso no es desconectar).
  • Busca apoyo en grupos de mujeres con tu misma mentalidad, amigas, etc.
  • Aprende algo nuevo que no esté relacionado con lo que haces (esto puede tener una influencia positiva mucho mayor de lo que piensas).
  • Vuelve a involucrarte al 100%, empéñate en volver a hacer las cosas bien, cuidando los detalles, porque eso genera mucha motivación, ilusión y satisfacción por un trabajo bien hecho.
  • Un truquito que leí hace poco en un blog, imagínate que te dan un aumento de sueldo (o que te lo das tu misma si eres autónoma) y cobras 300 euros la hora. Imagínatelo, de verdad. ¿Cómo te sientes? Aprovecha esa sensación e ilusión para adelantar cosas o atreverte a hacer algo más : ) No subestimes el “subidón” que te dan ese tipo de emociones. Es como cuando bajas de una atracción de feria o cuando acabas de hacer algo emocionante, sales entusiasmada y con mucha energía y eso te hace ser más atrevida, así que aprovéchalo.

 

Recuerda es normal perder la ilusión a veces, lo importante es perseverar y ponerle solución si ves que te afecta demasiado. Nadie dijo que esto fuera fácil. ¿Qué me dices?

Cuéntame en los comentarios qué vas  a hacer para cambiar tu situación.

 

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¿Te consideras una persona con poca voluntad, que posterga las cosas y nunca acaba lo que empieza?

>> Escucha este artículo aquí –> Por qué nunca acabas lo que empiezas

 

Mucha gente me escribe comentándome que no son perseverantes, que no acaban lo que empiezan, que lo postergan todo o que no tienen voluntad. Y hace poco vi un vídeo de una de mis mentoras, Marie Forleo, que es perfecto para esta situación y te lo resumo aquí junto con mi opinión y experiencia personal.

 

Terminar las cosas es simple y llanamente un hábito, una costumbre. Es como lavarse los dientes. Si no te los lavas nunca te da una pereza terrible, ¿verdad? Pero si te acostumbras a hacerlo, te pasa lo contrario, te los tienes que lavar ¡o sufres! Y de hecho no tienes ni que pensarlo. Pues esto es lo mismo, si no acabas lo que empiezas es simplemente porque no estás acostumbrada y es cuestión de crear ese hábito.

 

¿Cómo creas el hábito? Aquí es donde Marie Forleo recomienda cuatro cosas:

 

1. Deja de pensar que tienes que disfrutar del proceso en todo momento.

Este consejo es magnífico. Como ya comenté en un artículo anterior, parece que cuando haces algo que te gusta tienes que estar disfrutando todo el tiempo y si no, es que algo va mal y ¡no es así!

Incluso aunque disfrutes la mayor parte del tiempo (que puede no ser el caso tampoco), hacer cosas es difícil y duro. Por ejemplo, por mucho que te guste escribir, escribir un libro es muy duro; o preparar una comida para 25 personas si eres chef, o escribir un blog y ser constante, u organizar una exposición de fotos. Siempre hay partes duras y partes que te gustan menos (o nada). Todo cuesta y no todo es siempre diversión, hay que ser consciente de eso.

Apúntate esto, la diferencia entre un aficionado y un profesional es que el profesional acaba las cosas cueste lo que cueste (pincha aquí para tuitear esto).

Así que tenlo en cuenta porque estamos hablando de tu profesión, tu eres una profesional y las profesionales de éxito acaban lo que empiezan, aunque sea duro. Eso sí, para diferenciar esto del autosabotaje de obligarte acabar las cosas lee este artículo, porque no es lo mismo acabar lo que es importante, que perder el tiempo porque no eres capaz de dejar algo inacabado (como cuando te empeñas en conseguirle a tu hijo un muñeco de la feria y estás a punto de gastarte todo lo habido y por haber por explotar los globos con los dardos; por suerte ya sabía como controlarme aunque me costó irme sin el muñeco, ja,ja)

 

2. Empieza por las cosas pequeñas.

¿Cómo te las arreglas con las pequeñas tareas del día a día? Por ejemplo, leer y responder emails, publicar en las redes sociales (si lo haces), contestar a clientes, etc. ¿Acabas lo que empiezas o tienes un batiburrillo de cosas a medias? Es decir, ¿tu problema de no acabar lo que empiezas se extiende también a las pequeñas actividades del día a día? Esto es muy importante porque los grandes proyectos están formados por pequeñas tareas y si no eres capaz de acabar pequeñas cosas tampoco lo harás con las grandes. Hay un dicho inglés perfecto para esto: “The way you do anything is the way you do everything” (algo así como “como haces una cosa es como lo haces todo”)

Así que a partir de ahora cuando estés contestando un email, por ejemplo, no pases a otro y lo dejes a medias. Empieza y acaba uno a uno. O si te pones a pagar facturas, no dejes algunas para luego, acaba lo que empieces. Una vez que empieces a controlar las pequeñas cosas, las grandes se cuidarán ellas solas, ya lo verás.

 

3. Que no sea opcional.

La cosa está clara, cuando no te queda más opción que hacer algo, lo haces. Te cueste más o menos, te guste más o menos. Si mañana tienes que entregar un informe o si no te echan, mañana lo tienes listo, da igual lo largo que sea. Si tienes que renovar el pasaporte este mes, lo renuevas. Cuando no te queda otra acabas las cosas. Y aquí es donde Marie añade algo especialmente interesante (en mi opinión): la razón por la que no acabamos las cosas es porque nos damos opciones para no hacerlo, porque valoramos más las promesas que hacemos a los demás que las que nos hacemos a nosotros mismas. Como dice ella: “Si quieres ser responsable, mantén las promesas que le haces a los demás. Si quieres tener éxito mantén las promesas que te haces a ti mismo.”

 

Una última recomendación, el régimen o dieta de proyectos. Si eres una persona activa o emprendedora seguro que enseguida te apuntas a todo proyecto que te parezca interesante, pero si luego no acabas ni la mitad estás perdiendo tiempo y energía. Así que  a partir de ahora, como le decía a una clienta hace poco, a subirse al tren del no o,como dice Marie en su vídeo, a hacer dieta de proyectos. Escoge uno y hasta que no lo acabes no cojas otro. Nada de llenarte el plato con mil cosas para , al final, no acabar ninguna…

 

Acostúmbrate a acabar una cosa antes de empezar otra y adelantarás más. Y ya sé lo que estás pensando:” Sí, claro, tu no tienes ni idea de la cantidad de cosas que tengo que hacer para ayer, imposible hacer solo una”. Error. Si sigues haciéndolo todo a la vez no acabarás nada. Escoge una, las más importante en este momento, acábala y empieza otra. Pruébalo, no pierdes nada y puede que te cambie la forma de hacer las cosas.

 

Así que dime, ¿cuál de estas cuatro estrategias te parece más interesante o te vas a animar a probar? Gracias por tu comentario y por compartir el artículo : )

 

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pensando

 

Hace poco me escribió un lector explicándome su situación y preguntándome: “Aida, cómo sé que esto es lo que realmente quiero”. Muy buena pregunta, cómo todas las que me hacéis.

Es cierto que algunas personas tienen muy claro lo que quieren (yo misma la mayoría de las veces), pero muchas otras no. Si este es tu caso puede que, al igual que este lector, te preguntes cómo saber si algo es lo que realmente quieres.

>> Escucha este artículo aquí –> Cómo saber si realmente quieres algo

 

Esta pregunta puede referirse a dos cosas distintas:

 

  1. Saber si realmente quieres dedicarte a una cosa en particular.
  2. Saber si lo que crees que quieres es de verdad lo que tu quieres (y no lo que los demás te han inducido a querer).

 

Hace tiempo escribí un artículo sobre  qué hacer cuando tienes demasiadas ideas o pasiones, que te puede resultar útil si estás en el primer caso. Si no estás seguro de si realmente quieres dedicarte a algo hay dos cosas que puedes hacer. Primero, recopilar toda la información que puedas sobre el trabajo en cuestión, incluyendo hablar con personas que ya se dediquen a eso y que te podrán contar lo que de verdad supone dedicarse a eso y lo que necesitas para lograrlo.

 

Y en segundo lugar, el método más efectivo, probarlo. Nada puede superar eso. Hay momentos en que hay que dejar de pensar y ponerse manos a la obra, porque pensar solo te lleva hasta cierto punto. Si ya has llegado a ese punto, pruébalo. Ofrécete como voluntaria, haz un curso de introducción, lo que sea. Por ejemplo, ¿cómo confirmé yo que me gustaba la ciencia (aunque ya lo sabía, una cosa es lo que crees y otra la realidad)? Buscando un laboratorio donde hacer prácticas gratis e insistiendo para que me cogieran porque no solían coger a alumnos de 3º curso. ¿Cómo supe que me gustaba el coaching? Me apunté a una sesión de introducción y luego hice el curso. Probarlo en persona supera todo los demás y te deja las ideas claras. Así que si hay algo que te despierta curiosidad, que dices “me encantaría hacer eso”, apúntate a un curso y lo compruebas.

 

Respecto al 2º caso, quizá te pueda parecer chocante no saber distinguir lo que tu quieres de lo que los demás esperan de ti, pero no lo es. Recuerdo a una cliente que me lo decía, “No sé si esto es lo que yo quiero o lo que creo que quiero porque es lo que los demás aprueban.” Una situación complicada. En este caso tienes tan absorbido el agradar a los demás que dejas que las cosas vayan pasando hasta que un día te das cuenta de que ya no puedes más, que no eres feliz y que quieres empezar a hacer lo que de verdad tu quieres. ¿Problema? No sabes lo que quieres.

 

En este caso sí te vendría bien la ayuda de un coach porque es probable que no dejes de darle vueltas a las mismas ideas y te sientas bloqueada. Es importante que hagas un análisis de lo que es importante para ti y que empieces a reconectar contigo misma, con tu intuición, para saber determinar cuándo algo enciende una llamita dentro de ti y cuando no. Esto a veces es fácil de ver por los que te rodean, si son capaces de detectar el cambio en tu expresión o en tu tono de voz cuando hablas de algo en particular que te hace ilusión de verdad. Esto lo he comprobado con muchas clientas, que al principio suenan agobiadas y cuando hablan de lo que de verdad les gusta se encienden, la voz se eleva, se alegran, se iluminan.

 

En resumen, si estás considerando hacer algo diferente y no estás segura de si es lo que realmente quieres, infórmate bien y pruébalo. Y tampoco te estreses demasiado obsesionándote con encontrar la profesión perfecta para ti, si lo que haces al final no te gusta, lo cambias (y lo de siempre, ya sé que no es fácil, pero es lo que hay). Todos tenemos derecho a equivocarnos, a probar y a cambiar de opinión y tu no eres la excepción (pincha aquí para tuitear esta frase). Y si lo que quieres es estar segura de hacer lo que tu realmente quieres, no lo que quieren los demás, empieza por descifrar qué es lo que de verdad quieres. No te dejes llevar por lo más cómodo o lo más lógico, párate a pensar y más que a pensar, a sentir; porque a veces pensar demasiado lo complica todo más.

 

¿Qué me dices, qué método utilizas tú? Cuéntamelo en los comentarios : )

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start

 

>> Escucha este artículo aquí –> Volver a empezar de cero

 

Cuando empiezas algo nuevo, lo ideal y lo que más deseas es que todo vaya bien y que logres el objetivo que te habías propuesto. Todos partimos con esa ilusión, por supuesto, y hacemos lo que haga falta para que las cosas funcionen, pero qué pasa cuándo no es así.

 

Muchas veces, por mucha ilusión y esfuerzo que pongas, las cosas no salen bien y, ya sea por una mala decisión (como me comentaba una lectora el otro día) o porque te empeñas en algo que no es más que un peso muerto, te toca abandonar el barco y empezar desde cero. Y ¿entonces qué?

 

Tu siguiente paso dependerá del tipo de situación en la que te encuentres en ese momento. ¿Con cuál de estas tres te identificas?:

 

1. Te has quedado completamente bloqueada y no sabes qué hacer.

Nunca te habías parado a considerar otras alternativas, tu siempre a lo tuyo y tan contenta y ahora que te encuentras sin ello, no sabes qué hacer. Si este es tu caso te toca trabajo de introspección, como comentaba en otro artículo, volver a considerar qué quieres en la vida, qué te gusta hacer, qué se te da bien o te pide la gente. Ese es el primer paso. No es fácil, así que cuanto antes empieces mejor. Puedes intentarlo por tu cuenta, buscar algún libro o contratar a alguien que te ayude, lo que sea con tal de salir de ese estado de angustia y bloqueo.

Pero sabes qué es lo mejor, evitar llegar a esa situación.  ¿Cómo? No esperando a que pase algo así para descubrir qué otras cosas te gustan. Así, si en algún momento tienes que empezar de cero, tendrás miedo y lo pasarás mal pero al menos sabrás que tienes opciones. Empieza ya a experimentar y probar otras cosas para ver qué te gusta. Yo por ejemplo hice el curso de coaching por afición y mira donde estoy ahora.

Un ejercicio muy útil y a veces muy difícil es pensar si existieran cinco universos paralelos en los que no pudieras dedicarte a lo que haces ahora, ¿qué harías? Yo ahora lo tengo claro pero cuando era científica ¡no! No me imaginaba haciendo nada más, creía que no me gustaba nada más, hasta que empecé a hacer cursos y a probar…

 

2. Estás desanimada y agotada pero al menos sabes qué quieres hacer a continuación.

En este caso, la cuestión es volver a ponerte en marcha sin que los miedos y dudas te saboteen. Recuperar las fuerzas (tomándote unas vacaciones si es necesario), recordar las lecciones aprendidas y manos a la obra de nuevo.

Cuando yo decidí cambiar mi negocio de coaching para cientificos en Canadá me costó mucho porque estaba muy apegada a mi idea y no hacía caso a mis mentoras. Al final tuve que admitir que me tocaba empezar de nuevo, con resignación e impaciencia porque había invertido tiempo, ilusión, dinero y no me apetecía nada tener que volver a empezar, ¡nada! Pero ¿qué otra opción te queda? ¿Quedarte protestando y renegando? De eso nada, me tomé una vacaciones y aproveché para hacer la mudanza a España y asentarme en Valencia mientras reorganizaba ideas y a empezar de nuevo.

No fue nada fácil y menos para una impaciente crónica como soy yo, que quiero resultados ya, pero esta vez las cosas fueron mucho más rápido porque ya sabía qué evitar y había aprendido muchísimo de la experiencia anterior, así que en tres meses ya tuve mejores resultados que en todo el año anterior. No hay mal que por bien no venga : )

 

3. Sabes lo que quieres pero te has quedado sin recursos.

En este caso, si ya sabes lo que quieres y estás decidida a conseguirlo, ¿qué necesitas? Encontrar recursos, así que a ser creativa y a tener paciencia. A veces podrás pedir créditos o ayuda a conocidos, pero otras veces te tocará apretarte el cinturón e ir ahorrando, o buscarte un 2º trabajo para poder costearte los gastos. No es fácil, ya, si lo fuera todo el mundo sería multimillonario y haría lo que quisiera. Pero si esa es tu situación ese es el sacrificio.

La cuestión es, ¿de verdad quieres lo que dices que quieres? Si es así estarás dispuesta a hacer lo que haga falta y serás consciente de que el sacrificio es sólo una parte del camino. Si no, te buscarás 50.000 excusas y sólo serás capaz de centrarte en el sacrificio, no el el proceso y en el resultado que quieres conseguir. Ahí ya depende de ti..

 

Ya de por sí la decisión de abandonar es muy dura, especialmente si es algo en lo que has trabajado mucho o le has puesto mucha ilusión y recursos; y volver a empezar puede hacerse cuesta arriba. En cualquier caso, lo más importante de esta experiencia es aceptar que lo hiciste lo mejor que pudiste según tus circunstancias, que ha sido un revés y una lección y tomarte el tiempo que necesites para reflexionar, recuperar fuerzas y volver a empezar.

 

Cuéntame, ¿qué 1º paso vas a dar tu? Ya sabes que la cuestión es empezar, sea por donde sea. Abrir una cuenta y empezar a ahorrar, comprarte un libro y averiguar qué te gusta hacer (te recomiendo este y este), tomarte un descanso para coger fuerzas… Cuéntamelo en los comentarios : )

 

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quemada

 

Hay días o incluso temporadas más largas en las que te entran las dudas, no te convence nada de lo que haces y, peor aún, no te apetece hacer nada. Con lo cual vas posponiendo cosas, se te acumula el trabajo y te sientes peor todavía. Seguro que sabes a qué me refiero porque nos ha pasado a todas en un momento u otro.

 

Las razones de que te sientas así pueden ser varias: ver que no avanzas o que tu trabajo no da sus frutos, estar agotada tras trabajar muy duro mucho tiempo (¡necesitas unas vacaciones!), haber vivido algún acontecimiento negativo en tu vida, etc.

 

>>Escucha este artículo aquí –>Qué hacer cuando dudas de todo

 

Sea la razón que sea, la verdad es que son momentos difíciles de los que es mejor salir cuanto antes porque no te benefician ni a nivel personal ni, por supuesto, profesionalmente; ya que no le dedicas a tu trabajo o negocio las ganas que deberías. ¿Qué puedes hacer entonces en esta situación? A mi personalmente me ha ayudado:

 

  • Ser paciente conmigo misma. En momentos así lo mejor es intentar no ser muy dura contigo misma, dejar de criticarte pensando que deberías estar haciendo esto o lo otro. Aceptar que es una etapa que pasará y que no estás haciendo nada malo. Todos somos humanos y nadie puede rendir al 100% todos los días de su vida (pincha aquí para tuitear esta frase).

 

  • Desconectar totalmente. Sí, aunque parezca contraproducente, a veces lo que necesitas es desconectar para volver a recuperar las ganas. Tanto si la causa es que has estado trabajando demasiado como si es otra, tomarte unos días libres te ayudará a recargar las pilas. Así que no hagas nada de nada, tírate en el sofá, ve una maratón de series o, si eres más activa, haz ejercicio, ve a dar paseos. Diviértete y durante un par de días al menos no pienses en nada más. Esto hace maravillas, de verdad.

 

  • Recuerda tu gran porqué. Yo creo que esto lo repito en todos mis artículos, tienes que tener una razón que sea tu punto de apoyo cuando las cosas no vayan bien y este es exactamente el momento de recordar por qué te metiste en esto.

 

Aparte de eso, lo que quiero que tengas en cuenta es que lo importante no es sólo cómo salir de ese estado de apatía y cansancio, sino cómo evitar que vuelva a pasar. Está claro que hay cosas que no puedes controlar, pero hay muchas que sí; así que si quieres evitar volver a ese punto de agotamiento, desánimo y desmotivación, apunta:

 

– Ten clara tu estrategia. Cada cierto tiempo párate a definir qué quieres profesionalmente (y personalmente también) y qué acciones necesitas llevar a cabo, para que si hay otro momento de bajón no tengas que plantearte qué hacer después, sino seguir tu propio plan. Porque no siempre estás para pensar en estrategias, ¿verdad?

 

descanso– Descansa. Lo mismo que mencioné antes, pero esta vez no para recuperarte sino para prevenir. Es obvio, sí, pero ¿lo haces? Oblígate si es necesario a desconectar a menudo, tómate días libres y si ya los tienes aprovéchalos para desconectar del todo. No hagas nada relacionado con tu negocio o trabajo. No tiene sentido que te pases el fin de semana conectada a las redes sociales o adelantando trabajo, eso no es descansar. Igual que todos los días te lavas los dientes (o deberías ; ), planifica tiempo de desconexión. Semanal, anual, diario y lo tienes que respetar tu misma y hasta ponerlo en tu agenda si es necesario.

Por ejemplo, yo todos los días antes de sentarme a trabajar me reservo 30 minutos para mi, que aprovecho para hacer cosas no relacionadas con mi negocio: llevo a mi hijo al cole, desayuno tranquilamente, leo un rato, ordeno la casa, lo que sea. Así me levanto con ganas porque sé que antes de trabajar tengo mi ratito.

Otro ejemplo, los viernes por la tarde como con mi marido y luego toda la tarde libre, sin clientes ni trabajo (vale, a veces hago excepciones, ja,ja). Empieza a pensar en sacar ratitos para ti a diario, semanalmente o anualmente (a mi nadie me quita mis vacaciones de Navidad, verano y semana santa). Descansar y desconectar es imprescindible para tu salud mental.

 

– Pon límites. Esto también lo he nombrado innumerables veces. En muchas ocasiones lo que pasa es que das demasiado, cedes demasiado, tienes que conocer tus límites y aplicarlos. Eso te hará todo más llevadero.

 

Como siempre, poner en práctica esto muchas veces no es fácil. Sobre todo cuando tienes mucho trabajo, una profesión muy exigente o cuando te apasiona lo que haces y te resulta difícil desconectar (como me pasa a mi) y parece que te da algo si no miras tu correo una vez más, pero la recompensa merece mucho la pena.

Así que, ¿por dónde vas a empezar tú? Cuéntame  en los comentarios que tres actividades vas a planificarte empezando hoy mismo, sé específica ya sabes que lo general no te ayuda mucho.

 

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piscina

 

Una de las preguntas que me hacen mis lectoras es cómo superar el miedo cuando quieres empezar algo distinto.

En este caso te hace mucha ilusión empezar algo nuevo, totalmente distinto a lo que hacías hasta ahora, pero el miedo te paraliza. Sé perfectamente lo que se siente, ya que dejé 11 años de carrera para empezar mi negocio como coach, lo que supuso dos cosas distintas: pasar de científica a coach y de empleada a emprendedora. Dos cambios radicales.

>>Escucha este artículo aquí –>Cómo superar el miedo a empezar algo distinto

 

Como siempre digo es importante identificar bien a qué le tienes miedo exactamente. Probablemente sea una mezcla de cosas: a fracasar, a no estar a la altura, a arrepentirte, a las críticas de los demás. Pero si te centras en el miedo no saldrás de ahí nunca. Ya he comentado varias veces que lo importante no es superar el miedo sino seguir adelante a pesar de él, porque el miedo siempre estará ahí. Irá cambiando de nombre según vayas avanzando pero ahí estará siempre a tu lado, por eso es fundamental no dejar que te paralice, tragarte los nervios y seguir adelante.

 

Yo comencé con un miedo tremendo a arrepentirme, más que nada porque la ciencia era vocación pura y dura y da más miedo dejar algo que te apasiona que dejar algo que nunca te ha gustado. Por si te sirve de consuelo no me he arrepentido ni una sola vez. Por otro lado, lo que opina la gente nunca me ha impactado demasiado (al menos hasta ahora) pero sí que decidí distanciarme un poco de ciertas personas o no tocar el tema porque la negatividad que recibía me agobiaba.

 

A eso le siguió el miedo a fracasar y un resurgimiento del síndrome del impostor, totalmente normal cuando comienzas algo nuevo. Claro que, que sea normal no quiere decir que no lo pases mal! Entonces, qué puedes hacer tu para superar esta fase (en mi opinión una de las peores del cambio de carrera) o al menos para llevarla de la mejor manera posible (no te engañes, mal lo vas a pasar, es normal, no es que seas un bicho raro o una cobarde):

 

1. Ten bien claras las razones por las que haces el cambio, que para ti sean un motor.

En mi caso, lo que más me motivaba no era ser coach sino tener mi propio negocio, con la flexibilidad y libertad que eso supone y sabía que si lo conseguía no me iba a arrepentir porque era exactamente lo que quería. Y tú, ¿por qué quieres hacer el cambio? Para hacer lo que de verdad te apasiona, para tener el estilo de vida que siempre has querido, para demostrarte a ti misma algo. Que tu razón supere todos tus miedos, que sea el motor que te impulsa cuando no tienes fuerzas. No subestimes el poder de un buen porqué, así el miedo a arrepentirte no te afectará tanto porque sabrás que es lo que de verdad quieres.

 

2. Pruébalo primero antes de lanzarte.

Una de las razones del miedo y la incertidumbre suele ser la falta de información. Así que una de tus tareas es tener toda la información posible sobre lo que quieres hacer, porque una cosa es lo que crees y otra, a veces muy distinta, la realidad. Habla con gente que se dedique a eso (y le vaya bien), haz voluntariado, ¡pruebalo! Tener la máxima información y haberlo probado disminuye mucho la angustia. No tienes que lanzarte a la piscina de buenas a primeras, puedes meter un dedo en el agua primero para hacerte una idea.

 

No tienes que lanzarte a la piscina de buenas a primeras, puedes meter un dedo en el agua… Click Para Twittear

 

3. No le des demasiadas vueltas.

Está bien considerarlo seriamente, pero llega un momento en que tienes que arriesgarte o seguir en ese limbo de miedos y creencias limitantes que se autoalimentan. Si tienes claras tus razones, tienes suficiente información y estás deseando hacerlo, ¡decídete! En mi caso después de darle mil vueltas, hablarlo con varios coaches y seguir exactamente igual, decidí lanzarme al ruedo porque estaba harta de ese estado de bloqueo. Mi pensamiento fue: “Si sale, bien y si no, ya me buscaré la vida.”

 

4. Comprométete y ten siempre presente que eres una persona con recursos y que si las cosas no salen como quieres te adaptarás bien, te las apañarás.

Lo más importante ante cambios así es comprometerte al 100% porque los inicios serán duros, pero el que la sigue la consigue. Lo importante es perseverar y ser consciente de que si las cosas no funcionan como tu habías pensado, siempre habrá más oportunidades. Eso es lo mejor de empezar algo nuevo, que empiezas a conocer a gente nueva y se te abren posibilidades que nunca habías considerado.

 

Cuando te lanzas a hacer lo que de verdad quieres (al menos en ese momento, lo que quieres puede ir cambiando), la satisfacción de haberlo intentado supera con creces al miedo a perder algo. Está claro que cuando eliges un camino dejas otro atrás, pero si el que eliges es el que de verdad quieres, aunque mires al otro con cariño y algo de nostalgia no te arrepentirás, porque sabrás que estás donde quieres estar.

 

Y tú, ¿dónde quieres estar? Cuéntamelo en los comentarios y comparte este artículo si te ha inspirado : )

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Foto de trublueboy

dreaming

 

>>Escucha este artículo aquí –> Qué hacer con tu negocio-2ª parte

 

La semana pasada te comentaba en este artículo cuatro tipos de situaciones que provocan que estés insatisfecha y bloqueada y que no sepas qué hacer con tu negocio: estar en un negocio familiar que en realidad no te gusta, estar muy estresada, no ver resultados y perder la ilusión o motivación aunque las cosas vayan bien. En este artículo, que va a ser un poquito más largo de lo habitual, te voy a dar unas recomendaciones o sugerencias para cada caso:

 

1. Si te identificas con el 1º caso y estás en un negocio que no te gusta por alguien, es hora de tomar las riendas de tu vida, aunque no sea fácil. A priori tienes dos opciones: ponerle más alegría a tu trabajo, encontrar una parte que te guste y donde puedas utilizar tus habilidades y fortalezas hasta que puedas cambiar de sitio o de negocio para hacer lo que de verdad quieras (o hasta que empiece a gustarte, que también puede pasar cuando haces las cosas con atención y cuidado y te interesas). O bien ser fuerte y buscar algo que de verdad te guste. No va a ser fácil, pero ¿cuál es la alternativa?

 

2. Si tu problema es un exceso de trabajo. Es un problema que muchos desearían, ¿verdad?, pero eso no quiere decir que no te pase factura y estés empezando a considerar seriamente si de verdad merecía la pena dejar tu trabajo anterior para esto. Aquí tienes que pararte un momento a analizar tu negocio y tus resultados. ¿Qué es lo que de verdad te agobia? ¿Demasiados clientes, poco tiempo para crear más cosas o simplemente que no te queda tiempo para nada? ¿Demasiados proyectos a la vez? Probablemente es el momento de tres cosas:

  • Empezar a decir que no a nuevos proyectos hasta que vuelvas a sentir que tienes el control.
  • Subir tus precios y ser más selectiva con tus clientes para tener más tiempo sin que se resientan tus ingresos.
  • Delegar, contratar a alguien más que te ayude.

 

De esta forma tendrás tiempo para trabajar en la parte que más te guste de tu negocio y para replantearte el siguiente paso sin acabar destrozada en el intento.

 

3. Si no tienes ingresos o no al nivel que de verdad quieres. Este es uno de los casos más frecuentes y si no eres capaz de obtener ingresos es muy estresante y agobiante, así que cuanto antes te pongas manos a la obra mejor. En este caso probablemente te plantees si es hora de abandonar o si de verdad puedes hacer algo para salir a flote. Sobre abandonar ya escribí un artículo hace tiempo (este). En el caso de que decidas continuar y no sepas cómo salir de esa situación, mi recomendación sin dudarlo ni un momento es contratar a alguien que te ayude a conseguir los resultados que tu quieras. Alguien que esté donde tu quieres estar y que te pueda guiar en esa situación.

 

Sé de primera mano que invertir dinero en tu situación da mucho miedo (lo sé por experiencia), pero muchas veces es lo mejor que puedes hacer. ¿O prefieres seguir dando tumbos y sin generar ingresos? Cada euro o dólar que no ingresas es un euro o dólar que pierdes. Es así de simple. Hay algo que es importante tener claro desde el principio: si tienes un negocio vas a tener que invertir en él en todas las etapas y, si no estás dispuesta, quizá un negocio no sea para ti (pincha aquí para tuitear esto). Cuesta mucho aceptarlo pero cuanto antes lo hagas mejor. Recuerda ¿cuál es la alternativa? Seguir sintiéndote mal y perdiendo dinero mes tras mes….

 

 

4. Las cosas van bien pero te falta algo. Esta es una situación que he experimentado yo misma y también alguna de mis clientes. Las cosas van bien, vas avanzando, trabajas en lo importante, tienes sistemas puestos a punto pero… te falta algo. No es que te puedas quejar o que no tengas trabajo y estés aburrida sino que te falta algo, motivación, ilusión… ¿Qué hacer en este caso? En este momento es importante que te replantees tu negocio desde la base, considerando al menos estas tres cosas: qué quieres conservar, qué quieres eliminar (productos o servicios que ya no te motiven o que no sean rentables, por ejemplo) y cuál es tu nueva visión.

Quizá ya domines las estrategias que usas y por eso te sientes algo aburrida y necesitas nuevos desafíos, en ese caso ¿qué puedes añadirle a tu negocio que te devuelva el cosquilleo? ¿Algún producto nuevo, una forma distinta de hacer las cosas? Quizá es hora de cambiar de nicho porque lo que antes te satisfacía ya no lo hace, y ahora te piden otras cosas o te apetece hacer otras cosas. Por ejemplo, yo empecé haciendo coaching puro y duro enfocado en científicos y mujeres profesionales que necesitaban decidir el siguiente paso a dar en su carrera. Aunque mantengo esa parte (todavía me gusta), con el tiempo he añadido algo que me satisface mucho y que me han pedido mucho: coaching y mentoría para mujeres que quieren un negocio online como el mio. Algo que ni me había planteado en un principio, la verdad ¡y ahora me encanta!

O puede ser que necesites un cambio de tu marca, del branding, con el que te sientas más tú.  Siéntate a crear un plan de aquí a 1 o 2 años hasta que veas que vuelves a recuperar la ilusión porque es para ti un desafío nuevo.

 

Como te mencioné la semana pasada, los cuatro casos son normales y frecuentes y puedes pasar por varios en distintas etapas de tu negocio. ¿Se te ocurre alguno más? Cuéntame tu caso en los comentarios y comparte este artículo si te ha ayudado.

 

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>> Escucha este artículo aquí –> Qué hacer cuando no sabes qué hacer con tu negocio

 

¿Te sientes estancada y ves que tu negocio no tiene los resultados que quieres, o que directamente no es lo que pensabas que sería? Quizá lo pusiste en marcha con muchas ganas y motivación y ahora ya no te da tanta satisfacción, y no estás segura de qué hacer a continuación. ¿Sigues, lo dejas, cambias algo?

 

Si estás  en esa situación, el primer paso que tienes que dar es averiguar cuál es exactamente el problema. Porque si no sabes lo que falla no podrás solucionarlo. Esto parece obvio pero a lo mejor no te has parado a considerar qué es lo que pasa, y simplemente te has dejado llevar por el desánimo y la rutina del día a día, ¿me equivoco?

 

Dentro de las muchas situaciones posibles hay cuatro que son especialmente frecuentes entre mis lectoras o clientes:

 

1. No estás satisfecha con tu negocio porque en realidad nunca ha sido tu idea. Quizá te has dejado llevar por algún familiar o amigo que te contagió su ilusión y ahora te encuentras con que a ti no solo no te motiva la idea, sino que es casi una agonía. No disfrutas, no empleas tus habilidades y ya no sabes cómo salir de esa situación porque la idea de dejarlo te hace sentir culpable, no sea que se vayan a enfadar contigo. Y no sólo eso, sino que a lo mejor lo que te para es que no sabes qué hacer si lo dejas, dónde o en qué trabajar.

 

2. Tu negocio te encanta, o te encantaba en un principio, pero estás tan estresada que no tienes tiempo para nada. Te pasas el día ocupada, no en lo que más te gusta, sino en otro tipo de tareas imprescindibles para tu negocio pero que te están quitando la ilusión y la energía. Estás agobiada y te empiezas a cuestionar si de verdad merece la pena, porque esto no es lo que tenías en mente y no sabes cómo salir de la situación sin abandonarlo todo.

 

3. Empezaste tu negocio con mucha ilusión y muy motivada, pero llevas ya un tiempo sin ver resultados o no con continuidad y eso hace que te desanimes y empieces a dudar de tus habilidades o de tu idea. ¿De verdad vales para esto? ¿Y si mejor lo dejas y buscas trabajo? Esto es muy frecuente en las primeras etapas de un negocio, cuando todavía no tienes suficientes ingresos para ganarte la vida o cuando tienes muchos altibajos, que te causan inseguridad y estrés. De hecho, es una de las razones por las que se cierran negocios, porque no se aguanta esta etapa.

 

4. Las cosas te van bien, no te puedes quejar, pero te falta algo. Has perdido la emoción y motivación del comienzo y no sabes cómo recuperarlas. Además te cuesta hasta reconocerlo, justo ahora que tienes clientes, empiezas a ser reconocida y te va económicamente bien…


¿Te sientes identificada con alguna? Las cuatro son muy frecuentes, incluso puedes experimentar varias en distintas etapas. De hecho es bastante frecuente pasar del 3 al 2 y luego al 4. Por ejemplo, cuando yo empecé pasé por un período de dudas e inseguridad relacionado con la falta de clientes y de movimiento. Es una etapa agobiante porque dudas de todo y eso hace que no te centres en lo necesario para sacar adelante tu negocio, sino en tus creencias limitantes. Una vez pasada esa etapa entré en la situación número 2, un poco de descontrol, estrés y sin tiempo para hacer lo que mas me gustaba: atender a más clientes y generar nuevas ideas. Eso me llevó a la cuarta situación, la pérdida (temporal, afortunadamente) de ilusión y motivación.

 

Lo importante aquí no es evitar que te pase eso, sino identificar cuanto antes qué es lo que te pasa a ti para después decidir cuál es el siguiente paso a dar. En el próximo artículo te hablaré de las soluciones a estas cuatro situaciones. Mientras tanto, párate a pensar cuál es tu caso, y si no es ninguno de estos cuéntamelo en los comentarios.

 

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Foto de Cristina Chirtes

duda

hombre dudando

El artículo de hoy es la respuesta a una pregunta que me hizo hace poco Carmen, una de mis lectoras: ¿Qué hacer cuándo sabes lo que quieres pero no puedes conseguirlo?

Es una pregunta que me encanta porque a veces crees que no tienes opciones y simplemente es que no eres consciente de que están a tu alrededor, sólo que de formas que tu no te esperas. Si este es tu caso y sabes lo que quieres pero crees que no puedes conseguirlo, esto es lo que puedes hacer:

 

1. Replantearte lo que crees.

¿Estás segura de que no puedes conseguirlo? ¿100% segura? La mayoría de las veces nuestras creencias limitan mucho lo que conseguimos, como por ejemplo creer que si no tienes una vocación tu vida profesional está perdida. O que si tienes una determinada edad ya no hay nada que puedas hacer. Si solo te centras en lo negativo, en lo que se supone que no puedes hacer, no serás capaz de ver las oportunidades cuando se presenten, porque uno ve lo que quiere ver…  Es el típico caso de que te quieres ir a Canadá y de repente ves libros de Canadá, ofertas de viajes, canadienses por todos los lados. Ya sabes a qué me refiero : )

En tu caso empezarás a ver “pruebas” de que de verdad no puedes, porque es lo que estás buscando, aunque sea inconscientemente.  Como dice Marie Forleo “Everything is figure-out-able”, todo se puede averiguar. Si piensas de esta forma te será más fácil ver opciones y soluciones.

 

2. Buscar alternativas.

A veces es verdad que no puedes conseguir exactamente lo que quieres, pero puedes encontrar alternativas. Por ejemplo, quizá no puedas ser bailarina profesional a los ochenta años, pero sí puedes apuntarte a clases de ballet y disfrutar de ellas. Lo que está claro es que muchas veces las cosas no son fáciles y hay que ser flexible y probar distintas cosas, porque si no quieres hacer nada diferente seguirás como estás. Así que piensa, ¿qué alternativas tienes?

A veces no puedes conseguir exactamente lo que quieres, pero puedes encontrar alternativas Click Para Twittear

 

3. Si aun así sigues bloqueada, tómate tu tiempo y responde a estas preguntas:

 

  •  ¿Es de verdad imposible lo que quiero, o es lo que yo creo? Si no creyera que es imposible, ¿qué haría?

 

  • ¿Qué es exactamente lo que me gusta, motiva o inspira de lo que quiero conseguir?

 

  • ¿En qué cambiaría mi vida si ya lo tuviera?

 

Estas preguntas son fundamentales, primero porque a lo mejor te das cuenta de que tus creencias son lo que te para y que si no tuvieras miedo sí tendrías lo que quieres. Segundo, porque es importante ser consciente de qué es exactamente lo que te atrae de algo en particular y así poder aplicarlo a otras situaciones, trabajos o escenarios. Por ejemplo, a lo mejor tu sueño es ser enfermera porque te gusta ayudar a los demás y te encanta el ambiente hospitalario y viéndolo así, quizá puedas tener esos dos factores juntos de otra formas, como trabajando de voluntaria en un hospital, por ejemplo.

 La 3ª pregunta también es fundamental, ¿en qué cambiaría tu vida si consiguieras lo que quieres? Así sabrás qué es lo que esperas que suceda y entonces aplica la pregunta clave:

 

 ¿CÓMO PUEDES CONSEGUIR ESE MISMO RESULTADO CON LO QUE TIENES AHORA?

 

Son preguntas intensas, lo fácil es leerlas por encima y luego refugiarte en el “no lo sé”, pero si quieres salir de la situación hay que hacer un esfuerzo. Una de las razones por las que no todo el mundo está satisfecho y consigue lo que quiere es que no se esfuerzan en hacer el trabajo necesario, ya sea pensar, probar o arriesgarse. Es más fácil y cómodo seguir como estás. Si quieres conseguir algo y no te resulta fácil hacerlo es hora de que te plantees otras alternativas, aunque te cueste, aunque te de miedo, aunque sea diferente de lo que haces…

 

Cuéntame en los comentarios qué es lo que de verdad te motiva, te gusta o te inspira de lo que sabes qué quieres y qué paso vas a dar para hacerlo realidad.

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gilda

 

gilda ARRUAHoy tengo el especial placer de traeros a una de mis antiguas clientas, Gilda Arrúa, fundadora de la fundación Juan Pablito (en honor a su hijo Juan Pablo) y jefa de prensa de la selección paraguaya de fútbol. La puedes encontrar en Twitter (@gildaarrua), Facebook, en la web de su fundación http://www.juanpablito.com  y en su blog.

 

>>Gilda, es una alegría tenerte aquí para que compartas tus experiencias con nosotras no solo como gran profesional sino como una mujer que ha transformado un experiencia muy dolorosa en un proceso de desarrollo personal y ayuda a los demás increíble. Cuéntanos un poco sobre la fundación Juan Pablito, a quién va dirigida y cómo te decidiste a fundarla.

Antes que nada te agradezco mucho, Aida, por la entrevista y sobre todo por difundir la causa de la Fundación que nació en memoria de mi hijo Juan Pablo Ernesto. Brindamos apoyo psico-social a bebés que nacen en forma prematura y sus familias; bebés con diagnósticos terminales (como trisomía 13 y 18) y sus familias así como contención a los padres que quieren a sus bebés. Me decidí a fundarla porque Juan Pablo con su misión en esta vida me hizo descubrir mi misión: aportar nuestro granito de arena a la humanización de la Medicina y de la sociedad en general en temas que muchas veces son tabú, como lo es la muerte de un hijo así como la atención en las terapias neonatales. Nuestro lema es: Toda Vida es Valiosa.

 

>>¿Cómo compaginas tu trabajo en la fundación con un empleo tan exigente como ser jefa de prensa de la selección?
Realmente a veces no sé cómo lo hago (risas), pero como lo hago con tanto amor siempre encuentro tiempo para poder hacer ambas cosas. Soy demasiado apasionada por lo que hago, a veces ni siquiera me pongo límites en mis sueños. Por eso, a veces tengo que frenar un poco y repensar, para seguir caminando. Esa es mi fórmula actual.

 


>>A muchas lectoras les interesará saber qué se necesita profesionalmente para lograr ese puesto y qué es lo que más te gusta del trabajo, ¿y lo que menos?

Respecto al trabajo en la selección paraguaya se necesita constancia, especialización, iniciativa, creatividad, humildad y amor. Constancia porque no es fácil llegar a este puesto y eso es importante porque tuve que hacer un largo camino para llegar a donde estoy, camino que me enseñó a ser una mejor profesional y a aprender mucho de las experiencias. Especialización porque nunca me contenté solo con lo aprendido en la Universidad sino que constantemente intentaba aprender nuevas cosas de mi profesión así como otras actividades. Iniciativa porque fui en búsqueda de los trabajos, no espere que lleguen a mí. Creatividad porque para avanzar en este puesto uno se debe re-inventar muchas veces. Y algo muy importante: la humildad. Esto no es un trabajo para ser famosa ni para alardear de que estás en el mundo del fútbol. Es un trabajo como cualquiera en dónde se te debe valorar por tu profesionalismo. Pero sin el amor a este trabajo todo lo demás no funciona.

 

 

>>Como mujer profesional trabajando en un ambiente muy masculino, ¿has tenido que superar algún obstáculo? ¿Qué consejo te gustaría haber recibido cuando empezaste?

Al hombre le cuesta seguir reglas hechas por mujeres y sobre todo en mí caso que todo era nuevo para los medios de prensa (mi primer trabajo fue en el primer departamento de prensa de un club de fútbol en Paraguay, en el Club Libertad). Pero una vez que se dan cuenta que haces tu trabajo bien y en serio poco a poco valoran tu trabajo. A la discriminación siempre la enfrenté con trabajo serio y responsable. Ese consejo si lo recibí, de mi padre, que también trabajó en fútbol y eso me ayudó bastante. Al principio no quería que trabajara en fútbol porque me decía que conocía el ambiente, pero una vez que me vio progresar, fue el que más me alentó a demostrar que podía hacer un gran trabajo. Creo que en todos los ambientes hay cosas difíciles por enfrentar y eso no debería ser un obstáculo.

 

 

gildafundacion

>>¿Qué tres recomendaciones les darías a las mujeres que trabajan en ambientes parecidos?

– Que si creen que pueden llegar, no duden en seguir luchando por sus metas. Aunque todos les digan que no y sientan que su carácter no les permita. Si ustedes lo visualizan es porque se puede.

– Que la mujer está totalmente preparada para trabajar en un ambiente masculino así como lo puede hacer un varón en un ambiente femenino. Entonces que sean ellas mismas siempre. No debemos cambiar porque el resto es diferente a nosotros.

– Que el poder de organización y trabajo en equipo que tiene la mujer debe ser el punto de partida para confiar en que podemos avanzar en un ambiente así. Podemos aportar
muchísimo como mujeres pues vemos las cosas desde otro punto de vista. Los hombres les estarán muy agradecidos.

 

>>¿Qué les dirías a una persona que esté pasando por una experiencia tan dolorosa como es la muerte de tu hijito?

Primero le daría un gran abrazo porque eso es lo que necesitamos todas las mamás y papás en una situación tan límite como la muerte de un hijo. Luego le diría lo que aprendí con Juan Pablo: que cada vida tiene una misión en este mundo. No importan los segundos, horas, días o años. Enfrentando al dolor acepté que debía amar a mi Juan Pablo con su vida corta pero con una huella profunda llena del más puro amor. Como me dijo una amiga, el duelo no es una enfermedad, es la respuesta al amor. Una vez que pasas por ese proceso, te das cuenta que lo más importante es el amor y el amor es para siempre.

 

Muchas gracias Gilda por compartir tu experiencia y por dedicarnos tu precioso y ocupado tiempo : ) Si estás leyendo esta entrevista fíjate como Gilda lo impregna todo de cariño y amor, ¿verdad? Hay que ser muy fuerte para superar una tragedia así y, sobre todo, para convertirla en amor.

 

Hay muchas reflexiones valiosas en esta entrevista. Por ejemplo la necesidad, cuando estás muy ocupada, de frenar y re-pensar. A veces se nos olvida y es muy importante. Lo que se requiere para llegar a un puesto de ese nivel, mucho trabajo y persistencia (así que si es lo que estás buscando ¡no tires la toalla!) Y me ha gustado mucho el consejo del padre de Gilda: afrontar la discriminación con trabajo serio y responsable. Para todas las que trabajéis en sectores tradicionalmente masculinos, recuerda, estás totalmente preparada para trabajar en cualquier ambiente (y lo mismo en la situación inversa si eres un hombre).

 

¿Qué es lo que más te ha impactado de las palabras de Gilda? Dímelo más abajo y comparte esta inspiradora entrevista con tus conocidos. Y si no quieres perderte la siguiente entrevista, suscríbete a mi boletín semanal pinchando aquí.

cocinar

 

cocinando¿Cuántas veces has pensado que, a pesar de no poder quejarte y de que te vayan bastante o muy bien las cosas, te falta algo? Muchas de mis clientas y lectoras me comentan eso, que les falta algo. A veces tienen un trabajo que les gusta y con el que se sienten realizadas pero algo falla. Otras veces tienen carreras profesionales en las que han ascendido puestos, superado desafíos y llegado a lo más alto y, sin embargo, sienten que lo que hacen no les llena.

>> Escucha este artículo aquí –> Los dos ingredientes clave para sentirte satisfecha

Esta situación es muy frecuente y es frustrante porque, en la mayoría de los casos, no saben exactamente qué es  lo que les falta. En general, son personas que cuando saben lo que quieren van a por ello, no hay nada que las detenga. Son trabajadoras y perseverantes, pero llega un momento en el que se sienten estancadas, incluso desmotivadas, por ese algo que echan en falta.

 

En general, si estás en esta situación, es bueno volver a plantearte cuáles son tus prioridades, no sea que haya cambiado alguna circunstancia de tu vida y las cosas que antes te parecían primordiales ahora no lo sean tanto. Aparte de eso hay dos cosas fundamentales que tienes que tener en cuenta, tanto personal como profesionalmente, si quieres sentirte satisfecha con lo que haces. Dos ingredientes clave que tienen que estar presentes en lo que hagas:

 

LOGROS: ir consiguiendo metas, superando retos y desarrollándote.

REALIZACIÓN: hacer cosas que sean importantes para ti, que tengan sentido.

 

Para sentirte satisfecha y feliz con lo que haces, ya estemos hablando de tu carrera profesional o de otras áreas importantes de tu vida, tienes que asegurarte de que haya logros, que vayas consiguiendo metas y superando desafíos, y de que te sientas realizada. Es algo relativamente obvio pero que muchas veces se pasa por alto, y es muy fácil centrarse sólo en uno de esos aspectos y olvidar el otro. Esto explica distintas situaciones. Por ejemplo, cuando te sientes realizada en tu trabajo, te gusta lo que haces, lo haces bien, pero te falta algo. Como me dicen algunas clientes: “Necesito algo más”. En general, ese algo más es crecer, tener desafíos, lograr cosas nuevas, llegar más lejos.

 

Y lo mismo en el caso opuesto, personas que se han desarrollado mucho profesionalmente, que han superado retos, han conseguido muchas cosas pero sienten que ahora necesitan algo que de verdad las llene. ¿Por qué? Porque no se sentían o no se sienten en este momento realizadas con su trabajo. Es facil dejarse llevar  por una carrera en la que te vas desarrollando, cada vez tienes más responsabilidades, más sueldo, más reconocimiento… Hasta que un día te das cuenta de que te falta un elemento clave: sentirte realizada. Este caso es bastante frecuente frecuente en mujeres que, a partir de los cuarenta, se plantean hacer un cambio, poner un negocio o hacer algo que en el fondo es lo que de verdad quieren.

 

Así que, a partir de ahora, tanto si sientes que te falta algo como si no, plantéate a menudo si tienes los dos ingredientes clave para sentirte satisfecha: si te sientes realizada con lo que haces y si, además, hay retos y logros frecuentes (por supuesto la frecuencia la determinas tú, cada persona es distinta). Y si no es así, es hora de plantearse cuál de estos ingredientes te falta y qué necesitas para lograrlo. Por ejemplo, si no te sientes realizada, párate a pensar qué te hace sentir realizada. Piensa en tu vida y tu trabajo, ¿en qué momentos te has sentido realizada? ¿Qué tenías o experimentabas que no tengas ahora?

 

Si lo que te faltan son desafíos plantéate cómo puedes conseguirlos y si es imprescindible que estén presentes en tu trabajo, en tu carrera profesional. A veces puedes añadir logros personales en otras áreas (por ejemplo, si eres deportista) y ya es suficiente. Otras veces, de verdad necesitas que tus logros sean profesionales, y entonces tienes que analizar si tu situación actual te permite conseguirlos o no y qué puedes hacer al respecto. Quizá sea hora de pedir un aumento, más responsabilidad o de cambiar de trabajo si tu crecimiento no es posible.

 

¿Cuál de estos dos ingredientes te falta y, lo más importante, qué vas a hacer para solucionarlo? Cuéntamelo más abajo y no olvides apuntarte a mi boletín semanal gratuito para no perderte el próximo artículo.

 

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camino

 

caminoHay muchas veces en las que te propones hacer algún tipo de cambio, ya sea relativamente pequeño o de mayor impacto y al final acabas posponiéndolo o abandonando al poco de empezar.

Quizá te hayas propuesto cambiar algunos hábitos para estar más sana, o un cambio de carrera más o menos drástico y, al final, no te has atrevido a dar el paso o has renunciado antes de lo que pensabas.

En ese caso, te será útil identificar tres errores que solemos cometer cuando queremos empezar algo que supone un cambio importante, ya sea profesional o personal.

 

>> Escucha este artículo aquí –> 3 errores que impiden que empieces a hacer cambios

 

1. Buscar validación en los sitios equivocados.

 

O, mejor dicho, en las personas equivocadas. Cuando vas a empezar algo nuevo es normal tender a  buscar validación entre los que nos rodean. A veces como ese pequeño empujón que nos falta, a veces solo para corroborar que tendremos apoyo.

Lo ideal sería ser lo suficientemente independiente y fuerte como para no necesitar ningún tipo de validación externa. Pero es difícil, así que si no te queda más remedio y quieres recurrir a ella, mira bien dónde vas a buscarla, a quién vas a recurrir.

Volvemos a lo que comento siempre, procura rodearte de gente positiva que te apoye. ¿Para qué vas a buscar validación en alguien que sabes de antemano que te va a poner pegas o va a criticar lo que quieres hacer? Hay veces en las que es mejor comentarle tus planes solo a aquellas personas que sabes que te van a escuchar y no necesariamente a darte la razón, pero sí a ayudarte de manera constructiva.

O bien no comentar tus planes hasta que no estés convencida de que nadie te va a hacer cambiar de opinión porque estás segura de lo que quieres.

 

2. Negar tus barreras y juzgarte a ti misma.

 

Todas tenemos una serie de barreras que suponen un obstáculo para nuestros planes, y lo que solemos hacer al respecto es criticarnos duramente por ello e intentar aguantar y seguir adelante; cuando lo más fácil sería ir por otro camino que no tenga esa barrera.

Un ejemplo perfecto podría ser mi aversión a los gimnasios. Durante mucho tiempo asumí que para estar en forma tenía que apuntarme a un gimnasio. Daba igual que no me gustaran, eso eran excusas, lo que pasaba es que era una vaga. ¿Qué es lo que estaba haciendo aquí? Primero juzgarme a mi misma. ¿De verdad soy una vaga por no querer ir a un gimnasio? No tiene por qué, no hay nada malo en preferir otras cosas. Y por otro lado, negar mis barreras. Para mi el tema gimnasio es una gran barrera, no me gustan, no disfruto y punto. El avance se produjo cuando acepté eso y busque otras alternativas, que las hay.

En tu caso puede ser otra cosa que estás intentando negar o justificar, y te juzgas porque no debería ser así; pero es que es así y no pasa nada. Acéptalo y busca otra alternativa.

Hay que acabar con el mito de que para conseguir las cosas hay que sufrir. Quizá para algunas cosas sí, pero lo que está claro es que cuando haces algo de una forma que te gusta, eres más consistente y tienes mejores resultados (pincha aquí para tuitear esta frase).

Cuando haces algo de una forma que te gusta, eres más consistente y tienes mejores resultados. Click Para Twittear

Evita luchar contigo misma u obligarte a aguantar ciertas cosas. Bastante duro es de por sí empezar algo nuevo. Así que piensa, ¿qué barreras puedes evitar para que te resulte más fácil hacer ese cambio que buscas?

 

3. Empeñarte en no hacer nada hasta que lo tengas todo controlado y seguro al 100%.

 

Está claro que es importante saber dónde te metes, estar informada y preparada. Pero muchas personas utilizan esto como excusa para estar formándose continuamente o para quedarse paradas esperando a que pase algo que les asegure que todo va a salir bien.

Si quieres que las cosas pasen tienes que ponerte en marcha. Lo bonito de ponerse en marcha no es sólo la motivación que sientes, el aumento de autoestima y los resultados que obtienes; sino que abres las puertas a nuevas oportunidades y personas que no habías ni considerado. Esa es la mejor parte, que cuando empiezas el trayecto, en realidad no sabes adónde te va a llevar el camino ni a quién te encontrarás en él…

 

Hay muchas cosas que pueden influir en la decisión de ponerte en marcha y en si abandonas o no, estos tres errores son algo a tener muy en cuenta a partir de ahora. ¿Con cuál te identificas? Cuéntamelo más abajo.

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paciencia

 

Seguro que alguna vez te has encontrado en un punto de tu trayectoria en el que trabajas muchas horas, has invertido ya tiempo y dinero y, sin embargo, no ves resultados o, mejor dicho, no ves los resultados que quieres.

Especialmente cuando tienes un negocio. Y aunque ya sabes que para recoger primero hay que sembrar y que eso lleva un tiempo, te entra la impaciencia. Pero no la impaciencia sana que te hace ser más eficiente y que hace que te esfuerces más, sino la insana, la que surge de compararte con los demás. Y empiezas a pensar que a lo mejor no vales para eso, que fulanito mira lo que ha conseguido ya, etc.

>> Escucha el podcast de este artículo aquí –>Cómo sobreponerte a la impaciencia cuando no ves resultados

 

Ya comenté en otro artículo que cuando te comparas con alguien siempre sales perdiendo, porque eliges a personas que están por delante de ti. Si utilizáramos una escala del uno al diez y tú fueras, pongamos, un 6, elegirías a un 9 o un 10 para compararte, eso seguro.

Es cuando piensas que a fulanito le va muy bien y a ti no tanto y te desesperas, te impacientas y entras en un círculo de pensamiento autodestructivo del tipo soy una negada para esto. O bien tomas decisiones poco meditadas, saltándote pasos o directamente imitando a fulanito a ver si copiándole consigues lo mismo (y no lo haces).

 

Lo que no te paras a pensar es que aquellas personas a las que les va bien y son conocidas y reconocidas, las “estrellas” de tu campo son, en general:

 

  • Profesionales con una amplia trayectoria, con una gran experiencia. Personas que a lo mejor llevan ocho años dedicándose a lo mismo que tu, que llevas dos y, por tanto, es una comparación irreal e injusta, te queda un trecho hasta llegar a su altura.

 

  • Personas especialmente brillantes o que han sabido dar con la oportunidad adecuada en el momento adecuado, independientemente de la experiencia (y que han trabajado mucho, ¡ojo!) pero que al poco de empezar ya han dado el salto.

 

Tu los miras, te comparas y te desanimas. En esos momentos, que todos hemos tenido, párate a pensar en tu propio camino, en todo lo que has conseguido. Sí, eres un seis y no un nueve, pero tampoco un uno, ni un dos, es un gran avance.

Recuerda tu situación cuando empezaste y compárala con la actual, aunque todavía no estés donde quieres estar has avanzado mucho, seguro. Además tu eres el modelo a seguir de los que todavía no han llegado tan lejos como tú (y si acabas de empezar y te identificas con el uno o el dos, piensa en todos los que todavía no se han atrevido a dar el paso y en el mérito que tienes, ¡eso es lo que más cuesta, dar el primer paso!)

 

Recuerda que muchos de los que ahora brillan han trabajado duro muchos años (y empezaron igual que tú), ya te llegará a ti si sigues por el buen camino. Y recuerda también que personas que triunfan de la noche a la mañana hay pocas y no te beneficia nada compararte con ellas. Alégrate por su éxito, aprende lo que puedas y sigue tu camino. Si tienes claro lo que quieres y te centras y esfuerzas, paso a paso llegarás a tu cima.

Otra cosa que te puedes preguntar es qué es exactamente lo que te gusta o lo que envidias de esa persona, de su vida o de su éxito. Eso te dirá mucho sobre lo que de verdad quieres conseguir y así podrás ponerte a ello.

 

No sé dónde leí que en la cima hay sitio para todos, a lo que yo añado que, además, hay cimas de sobra para todos. Cada una con su forma y tamaño, no tenemos por qué llegar todos a la misma.

Así que ya sabes, no dejes que una estrella te ciegue, utiliza su brillo para iluminar tu camino (pincha aquí para tuitear esta frase.) O lo que es lo mismo, aprende de ella lo que tu quieres conseguir y cómo hacerlo, y en marcha. La impaciencia sólo es buena cuando te sirve como motor para dar más de ti.

 

La impaciencia sólo es buena cuando te sirve como motor para dar más de ti. Click Para Twittear

 

¿Qué me dices? ¿Te sientes identificada? ¿Qué haces tú en esos casos? Déjame tu opinión más abajo.

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pasosmetaEl tema de hacer cambios para conseguir tus objetivos me parece muy interesante, hay ciertos cambios que cuesta mucho hacer y por mucho que apliques todas las técnicas que conoces para conseguir objetivos, a veces parece imposible. Hasta ahora ya he hablado sobre tres puntos importantísimos a la hora de hacer cambios:

>> Escucha este artículo aquí –> 3 maneras de hacer cambios para lograr tus objetivos

 

1. Saber lo que quieres
2. Diseñar objetivos SMART
3. Entender los principales errores (no planificar imprevistos, etc)

 

Esto por sí solo ya es suficiente para que empieces a hacer cambios y tengas más probabilidades de conseguir tus objetivos. Pero ¿y cuando lo haces todo y aun así no consigues lo que quieres? Es cierto que en muchos casos la causa es uno de los errores que menciono antes: que en realidad no quieres lo que dices que quieres, que no eres realista, que no tienes en cuenta tu situación actual y posibles imprevistos, etc; pero otras veces es cuestión del método que utilizas.

 

En el artículo anterior hablé de una de las principales razones por las que a veces no logras conseguir tus objetivos: que lo que te propones requiere más pasos de los que parece. Siguiendo con ese tema, cuando no eres capaz de conseguir algo en particular y de verdad quieres un cambio, ¿qué puedes hacer, aparte de asegurarte de que sea un objetivo bien planteado? Como explica Maria Brilaki en su libro “Surprisingly…Unstuck: Rewire your brain to exercise more, eat right, and truly enjoy doing so”, hay (al menos) tres métodos distintos para hacer cambios:

 

1. Plantearte un cambio radical.

Esto es lo más difícil, requiere mucho esfuerzo, perseverancia y voluntad. Normalmente se realiza en un período de tiempo relativamente corto por lo que obtienes resultados rápidos y la admiración de los que te rodean. No es imposible y a mucha gente le motiva el desafío, pero es muy difícil y para muchos supone una alta probabilidad de fracaso. Rápidamente te ves incapaz, abandonas y dudas de ti misma. Un ejemplo sería dejar de fumar “a palo seco”.

 

2. Hacer pequeños cambios.

Esto es lo más frecuente y funciona muy bien para muchas personas. Por ejemplo, plantearte escribir una hora al día si quieres escribir una novela, o hacer ejercicio 30 minutos al día, tres días a la semana. Es más realista que el método anterior y puede dar buenos resultados aunque se tarde un poco más (al fin y al cabo lo que importa no es el tiempo sino conseguir tu objetivo.) Sin embargo, para algunas personas esto tampoco es suficiente. ¿Por qué? Como mencioné en el artículo anterior, porque esos pequeños pasos, no son tan pequeños. Hacer ejercicio 30 minutos al día cuando no has hecho nada hasta ahora supone: cambiarte de ropa, ducharte, ir y venir del gimnasio, hacer el ejercicio en sí… Mucho más de lo que parece, por eso puede que tu no te pongas en marcha, porque ese pequeño paso requiere muchas cosas. Lo que nos lleva entonces a la tercera estrategia.

 

3. Hacer cambios ridículamente pequeños, diminutos, que no te supongan ningún esfuerzo.

Como por ejemplo, simplemente ponerte las zapatillas de deporte nada más levantarte o, como le decía a una de mis clientas que se había propuesto beber dos litros de agua al día, poner una botella de agua en tu mesa. Nada más, ni tienes que correr, ni tienes que beber si no quieres. Durante una semana o unos días el único cambio al que te tienes que comprometer es tener la botella en la mesa. Empiezas por algo muy sencillo y a los pocos días das un paso más y te propones algo igual de fácil, por ejemplo, beber un sorbo de agua nada más sentarte a la mesa. Solo un sorbo y solo en ese momento. Que luego bebes más, muy bien, pero tu compromiso es solo ese. Fácil, ¿no? Y también efectivo porque sin apenas esfuerzo te irás acostumbrando al cambio. Y ¿qué consigues con pasos tan minúsculos?

 

  1. Ponerte en marcha ya. Se acabó seguir posponiendo, lo que te has propuesto es tan sencillo que no hay razón para no empezar ya mismo.
  2. No desanimarte. Al contrario, estarás contenta porque vas consiguiendo lo que te propones.
  3. Crear un nuevo hábito, porque al final lo harás automáticamente, lo incorporarás a tu rutina, y son los hábitos los que provocan el cambio.
  4. Conseguir tu objetivo.

 

Tardarás mas que con otro método, sí, pero lo importante es que lo conseguirás y sin agobios. La cuestión es ponerte las cosas fáciles y dejar de pensar que tienes que intentarlo más. Además, un punto clave de este método es plantearte sólo objetivos a corto plazo. Esto va en contra de todo lo que decimos habitualmente, pero piénsalo. Si durante media vida te has planteado algo en particular y has abandonado todas las veces, ¿no merece la pena probar algo distinto? En este caso, en lugar de objetivos a medio o largo plazo (y con eso me refiero a un período de tiempo mayor de dos semanas) lo que vas a hacer es, en primer lugar, tener muy claro lo que quieres conseguir (ej: hacer más ejercicio para estar en forma, controlar mis gastos, cambiar de trabajo, dormir más) y, en segundo lugar, proponerte pasos diminutos cada semana.

Pruébalo con los objetivos que mas se te han resistido hasta ahora y es probable que en menos de lo que esperas ya hayas hecho cambios.

 

Lo importante es que sepas que hay distintas formas de hacer cambios y que vayas probando, sabiendo que puedes cambiar de método en cualquier momento si no te da resultados. Puede que determinados objetivos los hayas conseguido toda la vida de una manera particular pero que con otros no haya forma, ahora ya sabes que hay más alternativas. No hay un método mágico que funcione en todos los casos y circunstancias. Y recuerda, aunque la mayoría de las personas piensan que necesitan más motivación o fuerza de voluntad, lo que de verdad se necesita es ponerte las cosas fáciles, tener recordatorios ya sean visuales (la botella de agua), auditivos o de otro tipo (quedar con una amiga para ir al gimnasio) y, por supuesto, una recompensa (evitar algo malo o recibir algo bueno).

 

¿Qué te parece? ¿Cuál vas a probar? Déjame tu comentario abajo y no olvides suscribirte a mi boletín semanal gratuito para recibir el siguiente artículo directamente en tu correo.

 

niño lavandose los dientes

 

 

Se va acercando el momento del año en el que medio mundo se plantea hacer cambios, aunque de ese medio mundo sólo un pequeño porcentaje lo logre. Los demás, a poner el objetivo de nuevo en la lista para el año siguiente. Esta vez te voy a comentar por qué no haces lo dices que quieres hacer y en el siguiente artículo hablaremos de cómo hacerlo.

>> Escucha el artículo aquí –>Por qué no haces lo que dices que quieres hacer

 

¿Por qué no haces lo que dices que quieres hacer? ¿Por qué te propones algo y no lo llevas a cabo? Lo primero que se te puede venir a la mente es: “porque no tengo voluntad, soy una vaga” o “porque no me motiva mucho”, “porque no lo intento lo suficiente”, etc.

 

Es cierto que la voluntad y la motivación son importantes para ponerte en marcha y conseguir tus objetivos, pero también es cierto que son poco fiables, no puedes estar motivada todos los días de tu vida a todas horas. Hay momentos de bajón y entonces es cuando bajas la guardia y abandonas. Por eso, aunque es importante tenerlos en cuenta, hace falta un factor imprescindible: tener buenos hábitos. ¿Por qué? Porque los hábitos son acciones que haces automáticamente, aunque estés desmotivada, cansada o estresada. Si, automáticamente, en cuanto te levantas haces la cama, ni lo piensas, la haces y punto. O si te lavas los dientes después de cada comida y siempre vas al trabajo por el mismo camino, no te supone esfuerzo ni necesitas voluntad o motivación, estás acostumbrada, es automático. Pues eso es en lo que en realidad hay que trabajar, en hacer de lo que quieres un hábito.

 

Pero claro, eso no es fácil. En primer lugar porque decidir que quieres hacer algo no es suficiente. A tu parte racional le puede parecer lógico y factible, pero tu parte irracional quizá no esté por la labor. Llevas años apoltronada en el sofá y ahora, porque de repente lo has decidido, ¿vas a correr una maratón? No es tan fácil. ¿Por qué? Porque la parte racional que toma la decisión no es la que controla tus hábitos y, por tanto, la cosa se complica. Por eso no eres capaz de conseguir algunos de tus objetivos, porque por mucho que racionalmente quieras hacer más ejercicio, dormir más o lo que sea, tus hábitos actuales son más fuertes. Y aunque a corto o medio plazo puedes “obligarte” a hacer cambios, a largo plazo es más difícil. Consecuencia: abandonas.

 

Esta es una de las razones por las que proponerte objetivos SMART (realistas, específicos, medibles, importantes y con un límite de tiempo) ayuda mucho. Sin embargo, a veces hasta esta estrategia no es suficiente y te encuentras con tus objetivos bien planteados y sin hacer avances, incluso aunque empezaras motivada. ¿Te ha pasado alguna vez? Probablemente sí, son esos objetivos que a todos se nos resisten, pero ¿por qué?

 

La respuesta la encontré hace poco en el libroSurprisingly… Unstuck” de María Brilaki. Algunos objetivos se nos resisten porque, en realidad, requieren más de lo que parece (pincha aquí para tuitear esto). Más tiempo, más energía, más pasos. Por ejemplo, a lo mejor te has planteado hacer más ejercicio a partir de ahora, tres días a la semana harás 30 minutos de ejercicio. No es excesivo, sabes que para ti es realista y de verdad quieres ponerte en forma ya. Sólo que no lo haces y empiezas a sentirte mal porque tendrías que esforzarte más, etc. Pero en realidad no es que tengas que esforzarte más o que seas una vaga, no lo haces porque no es tan fácil, no es hacer 30 minutos de ejercicio y ya está. Es ponerte ropa de deporte y ducharte cuando acabes, ir al gimnasio o buscar un vídeo de ejercicios, decidir que días, etc. Hay muchos pasos y acciones implícitas que no te habías parado a considerar y que son los responsables de que sigas sin hacer nada.

 

Piénsalo, ¿cuántas de las cosas que has pospuesto en realidad requerían más acciones de las que habías tenido en cuenta? La solución entonces es hacerte las cosas más fáciles, asegurarte de que requieran menos tiempo o esfuerzo, que te resulte facilísimo hacerlo. Y al contrario, si hay algo que quieres evitar hazlo más difícil (de ahí lo de no tener chocolate en casa o tenerlo en un sitio de difícil acceso, por ejemplo.)

 

En el siguiente artículo (aquí lo tienes) te daré más detalles y te explicaré tres formas distintas de hacer cambios, para que determines cuál es la más adecuada para ti y te pongas a ello. Por ahora, recuerda, si quieres hacer algo conviértelo en un hábito y para ello, ¡póntelo fácil!

 

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quemada

 

Cuando estás desmotivada, frustrada y tu negocio o profesión ya ni siquiera te ilusiona, puede ser difícil determinar si simplemente necesitas un descanso, o si es hora de hacer cambios y dedicarte a otra cosa. ¿De verdad quiero dejar lo que hago, o haciendo algún cambio las cosas se arreglarían?

 

>> Escucha este artículo aquí –> ¿Necesitas un respiro o un cambio profesional drástico?

 

Si esta es tu situación, probablemente te resultarán de gran utilidad una serie de preguntas que propuso Marie Forleo (de la que ya te he hablado en otra ocasión) en uno de sus últimos vídeos (en inglés) :

 

1. ¿Hace cuánto no te tomas un descanso?

O como dice ella, ¿cuántas veces  te has tomado un descanso en los últimos 6 meses? Y no sólo eso, sino ¿cuánto tiempo le dedicas a otro tipo de diversión, aventura o inspiración ajena a tu profesión? Si has trabajado mucho en tu negocio o puesto de trabajo y no has tenido tiempo para nada más, es normal que estés agotada y desmotivada. Es imprescindible descansar y desconectar, por mucho que te guste lo que haces. Como dice ella, puede que te encante el puré de patatas, pero si lo comes absolutamente todos los días, es inevitable que te canses; y no podrás volver a disfrutarlo hasta que lo pierdas de vista un tiempo. Así que no lo olvides, hay que descansar y recargar las pilas para que no empieces a cuestionarte todas tus decisiones o a pensar que es hora de un gran cambio cuando a lo mejor no lo es.

 

2. Si hoy mismo se aprobara una nueva ley que prohibiera la profesión o negocio al que te dedicas…

De forma que todo el que se dedique a eso debe parar inmediatamente, ¿qué harías? ¿Te indignarías y saldrías a protestar? ¿O te sentirías aliviada por poder dejar lo que haces sin necesidad de dar explicaciones ni decepcionar a nadie? Muchas veces las expectativas de otras personas no te dejan ver con claridad lo que quieres. Tienes miedo a que te critiquen o a fallarle a alguien, en ese caso esta pregunta te ayudará a pensar con más claridad, tu respuesta te dirá mucho sobre lo que quieres.

 

3. ¿Aplicas la regla del 80/20?

Sobre esto he hablado en otros artículos y se puede aplicar a muchas cosas. En este caso, el 80% de tu frustración profesional proviene del 20% de tus actividades. Échale un vistazo a todo lo que haces, ¿hay algún proyecto o cliente que te da pereza solo de pensarlo?¿Algo que estás deseando que se cancele? La clave para mantenerte motivada y con ganas es identificar y eliminar ese 20% de actividades que te llenan de frustración. No hay nada malo en cambiar las cosas. Muchas veces se lo menciono a mis clientas, a medida que vayas avanzando habrá cosas que ya no te llenen o te gusten como antes y puedes cambiarlas, no pasa nada, es bueno para mantener la ilusión y las ganas.

 

4. ¿Pones en práctica tus habilidades, destrezas o aptitudes naturales frecuentemente?

Me refiero a aquellas habilidades que se te dan especialmente bien de forma natural. Cuando empleas tus habilidades naturales en tu día a día te sientes bien, confiada y encantada con lo que haces. Recuerdo cuando estaba haciendo las prácticas de coaching que le decía a mi profesora que no me sentía capaz de cobrar por las sesiones porque yo disfrutaba mucho, no me suponía un gran esfuerzo. Eso es a lo que me refiero, algo que se te da tan bien que es un para ti placer hacerlo, que no puedes casi ni considerarlo trabajo.

Si no tienes ni idea de cuáles son las tuyas, yo, al igual que Marie te recomiendo el libro “Now, discover your strengths” de Marcus Buckingham, imprescindible. De hecho, aquí tienes un curso sobre cómo recuperar la pasion por lo que haces (en inglés).

 

Lo que está claro es que tienes que escuchar a esa vocecita que te dice que necesitas un cambio.

Todos crecemos y cambiamos y eso incluye nuestras pasiones y, a veces, te das cuenta de que te hace falta un cambio drástico. ¿Da miedo? Por supuesto, pero tienes dos opciones, escuchar lo que quieres y hacer cambios de manera consciente, o hacer oídos sordos a tus deseos y acabar saboteando tu negocio o tu vida con tal de no enfrentarte a lo que de verdad quieres cambiar.

 

¿Qué me dices? ¿Necesitas un descanso o es momento de ampliar horizontes? Déjame tu opinión más abajo y no olvides compartirlo para ayudar a más gente : )

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motivacion

 

>> Escucha el podcast de este artículo pinchando aquí –> 2 normas básicas de motivación

 

Mucha gente me escribe preguntándome cómo motivar a sus empleados, equipo, colaboradores u otras personas de su entorno. Ya sólo el hecho de que te lo plantees, de que te preocupe, te hace estar por delante de muchas otras personas y negocios. Está claro que una persona motivada es una persona que da mucho más, y por tanto, te genera beneficios, ya sean económicos o de otro tipo. Así que ambos bandos salen ganando,todos felices.

 

En este caso voy a recurrir a algo que leí hace unos días en el libro “A river worth riding” de Lynn Marie Sager. Dos normas básicas de motivación que, a pesar de ser obvias, en realidad no lo son tanto; y que conviene tener en cuenta porque son muy útiles para esos casos y muchos otros. Es fundamental que recuerdes (porque ya lo sabes) que:

 

1. Lo que se premia, se repite.
2. Lo que se castiga, se evita.

 

Lo que se premia, se repite. Esto en sí es fácil de entender. Haces algo bien, te premian de alguna forma y, por supuesto, lo repites. El premio puede variar dependiendo de cada persona y situación: sueldo, alabanzas, más responsabilidad, regalos, sonrisas… Sin embargo, aunque parece simple, no se hace muy a menudo. Al contrario, muchas veces tratamos a las personas que han hecho algo bien con indiferencia, dando por sentado que así es cómo tiene que hacerse y, por tanto, no hay premio que valga. O bien con algo que, quizá para ti no, pero para ellos es un “castigo”.

 

Y aquí viene la segunda regla: lo que se castiga, se evita. Si una persona se esfuerza mucho y como consecuencia le exiges más, ¿para qué va a volver a esforzarse? ¿Para que le des otra pila de trabajo, para que le exijas todavía más? Muchas personas no dan todo lo que podrían porque en ese caso solo se esperaría mas de ellas (pincha aquí para tuitear esto).

 

Esto es muy frecuente, además en todos los ámbitos. Es la típica persona que hace las cosas rápido y bien, que acaba antes que los demás porque es eficiente y no se pasa media mañana tomando cafés, y ¿tú qué haces? ¿Le dejas irse a casa antes, ya que ha hecho todo el trabajo? ¿O más bien le das más para que vaya adelantando, y que no se le ocurra irse ni un minuto antes de tiempo?

 

¿Qué sentido tiene darle a un trabajador que ha hecho algo muy bien más trabajo como “premio” y ninguna recompensa, sea del tipo que sea? En el fondo le estás castigando y, por tanto, disminuye su motivación. Por supuesto, siempre está el caso de las personas que son tan honradas, trabajadoras y responsables que van aceptándolo todo sin poner pegas, pero eso no significa que estén contentas y motivadas. Lo que significa es que llegará un día en que estarán tan quemadas que se irán en cuanto puedan y te quedarás sin alguien valioso para ti.

 

Si te preocupa la motivación de tu equipo, tus empleados o cualquier otra persona es porque te has dado cuenta de que algo falla. Si el comportamiento que ves no es el que quieres piensa qué es lo que has estado recompensando. Si a un niño que grita le das toda tu atención y al que está calladito no, adivina quien se está llevando el premio y qué va a seguir haciendo. Si cuando alguien hace algo bueno no le das importancia “porque es lo que debería ser”, para qué va a esforzarse más. Así que ya sabes, deja de premiar lo que no quieras que se repita y viceversa. Y sobre todo piensa en todas esas personas que hacen un gran trabajo y a las que no se lo reconoces, no sea que cuando te des cuenta sea demasiado tarde. Y ya sabes que esto no sólo es aplicable al mundo laboral…

 

Aunque teóricamente es fácil darse cuenta, en la práctica no lo es tanto. A veces no es tan obvio, es muy fácil, sin darnos cuenta, premiar lo que no queremos y castigar lo que sí, pero los resultados que obtienes no mienten. Así que párate bien a pensar en lo que te rodea y por qué es así, qué estás premiando y qué estás castigando.

 

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mujer

 

>> Puedes escuchar este artículo aquí –> Cómo saber qué cambio profesional te conviene

¿Te sientes insatisfecha, estancada o agobiada y te planteas hacer algún cambio?
Quizá tengas dudas sobre qué es exactamente lo que necesitas. ¿Bastaría con cambiar de trabajo, o más bien te vendría bien cambiar completamente de profesión? Y ¿cómo lo haces?

 

Si estás en esta situación hay algo fundamental que tienes que tener en cuenta antes de lanzarte a hacer cambios. Asegurarte de que la insatisfacción proviene realmente de tu trabajo y no de otros factores u otras áreas de tu vida. No sea que te equivoques de objetivo y pierdas el tiempo, ya escribí sobre eso en este artículo.

 

Una vez tengas eso claro, el siguiente paso sería determinar concretamente qué es lo que no te gusta, lo que falla en tu situación actual, lo que te falta. Puede ser algo externo, como el ambiente de trabajo, tu jefe, el sueldo, tus compañeros, la política de la empresa, los horarios. O bien tener una causa intrínseca, cuando ya no encuentras motivación, te aburres, no hay desafíos, no te apetece hacer tu trabajo ni un solo día más. O quizá una combinación de ambas. Por ejemplo, puede que te encante el día a día de tu trabajo, pero que estés harta de  las condiciones de trabajo o de tu jefe. Que ya no soportes trabajar en una oficina minúscula sin luz natural o tener que verle la cara a un compañero en particular, o tener que pasar medio día en el coche para llegar al trabajo. O puede que, aunque estés bien en tu lugar de trabajo, lo que antes te parecía interesante e incluso apasionante ya no te diga nada, le has perdido el gusto.

 

Son cosas muy distintas y tienes que tener muy claro qué es exactamente lo que te afecta. ¿Por qué? Porque la solución es diferente según el caso. Ambas situaciones son normales, como nuestras circunstancias y prioridades van cambiando, lo que antes te parecía aceptable o incluso estupendo, a lo mejor ahora mismo ya no te satisface en absoluto. Esto es frecuente, por ejemplo, cuando llevas mucho tiempo dedicándote a lo mismo o cuando hay algún cambio importante en tu vida, como tener un hijo.

 

Entonces, ¿cuál sería la solución? Como siempre digo, cada persona es un mundo y lo que le sirve a una no tiene por qué serle útil a la de al lado, aunque sus casos parezcan similares. Además, hay una gran variedad de situaciones pero, en general, si el problema reside en causas externas (el lugar de trabajo, tus compañeros, jefe, etc), un cambio de trabajo podría ser la solución. Irte a otro sitio donde hagas lo que te gusta pero con distintas condiciones. Otra opción, en este caso, es mejorar esas condiciones que no te gustan. Lo que te podría ahorrar todo el proceso de cambio de trabajo. ¿Qué tendría que cambiar para que te sintieras otra vez a gusto? ¿Qué puedes hacer tú para cambiarlo? Muchas veces está en tu mano cambiar las cosas o, al menos, mejorarlas.

 

Si, por el contrario, es tu trabajo en sí lo que ya no te aporta nada, si ya no tienes desafíos y te aburres, hay dos opciones: buscar un puesto de mayor responsabilidad en tu mismo campo, que incluya nuevos desafíos y retos; o directamente cambiar de carrera o establecerte por tu cuenta. Estas dos últimas opciones requieren más tiempo (muchas veces tienes que volver a formarte) y dan más miedo, pero quizá sea lo que necesitas. ¿Tú que crees?

 

A veces te dejas llevar por una situación que no te gusta y te resignas pensando que no hay alternativas, pero siempre las hay, aunque algunas supongan un gran riesgo o cambio. No tienes por qué estar insatisfecha en tu trabajo, piensa en las alternativas (mejorar tu situación, cambiar de trabajo  o de carrera) y toma una decisión, la que tú consideres conveniente. Quizá para ti sea imposible hacer cambios ahora mismo debido a alguna situación particular, en ese caso no te dejes atrapar por la inercia y que vayan pasando meses y meses sin hacer nada. Hay momentos y situaciones temporales en las que, a lo mejor, no puedes hacer cambios drásticos, pero hay otros momentos en los que sí, todo es cuestión de prioridades. Si decides quedarte, que sea por decisión propia y bien meditada y, en ese caso, se acabaron las quejas. Si no, empieza a pensar qué puedes cambiar y cómo vas a hacerlo. Por ejemplo, como ya he mencionado otras veces, puedes ir aprovechando tus circunstancias actuales para prepararte para un cambio futuro o puedes compaginar varias cosas aunque eso suponga un sacrificio económico y de tiempo a corto plazo. Pero si estás insatisfecha y no haces nada, sinceramente eres la única culpable.

 

Y no, no es nada fácil, claro que no. Ni para ti ni para nadie, todos hemos tenido que pasar momentos duros, miedo e inseguridad para estar donde estamos. Todos. Es ley de vida y si quieres hacer un cambio importante tienes que aceptarlo y seguir adelante.

 

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Foto de Piotr Bizior.

 

 

niño

 

>> Escucha este artículo aquí –>Cómo motivarte diariamente

 

Me escribe un lector preguntándome: ¿cómo te motivas diariamente y empiezas a tener un crecimiento profesional, económico, espiritual y emocional?

 

Me encanta esa pregunta y mucha gente se lo plantea. La cuestión es que estás poniendo énfasis en la motivación, considerándolo un requisito imprescindible para conseguir ese crecimiento profesional, económico, espiritual y emocional que buscas. Ya he comentado alguna vez que la motivación se suele utilizar como excusa: hasta que no me motive no empiezo, y como no sé como motivarme pues mejor lo dejo. Así… no fracasaré, no hablarán de mí, no me enfrentaré a la incertidumbre, etc. ¿Te das cuenta?

 

Algo que he experimentado es que, muchas veces, la motivación llega cuando te pones en marcha, y cuando sabes lo que quieres y cuando tienes un plan. Y hablo también recordando casos de clientes que empezaban la sesión nerviosas, algo desmotivadas y después de trabajar para definir qué querían exactamente y cómo lograrlo se iban contentas y motivadas. Por tanto, en vez de esperar a estar motivado para hacer lo que tienes en mente, ponte a ello directamente y verás como la motivación llega. Además, el hecho de ponerte en marcha para conseguir tu objetivo ya de por sí va a suponer un crecimiento en todas las áreas que mencionas, es inevitable cuando sales de tu zona de confort y te atreves a hacer lo que de verdad quieres.

 

¿Y si no es así?, puede que te preguntes. Si no es así es porque:

  1. No sabes lo que quieres, y ¿cómo vas a estar emocionado y motivado ante algo indefinido y borroso?
  2. En realidad no es lo que quieres y te dejas llevar por lo que quieren otras personas.
  3. Tienes miedo y utilizas la motivación como excusa.
  4. Estás pasando por una fase depresiva y lo que necesitas es la ayuda de un psicólogo.

 

Como dijo Zig Ziglar:

 

Entonces, ¿qué puedes hacer además para que mantener la motivación?:

 

  • Encontrar tu gran porqué. La razón poderosa que te lleva a dar ese paso, que hace que te levantes todas las mañanas llueva o haga sol y te pongas manos a la obra.
  • Recordarte tus logros pasados y los beneficios del camino y del resultado que quieres obtener. Haz una lista con todas las cosas que has conseguido hasta la fecha y que son importantes para ti, y también enumera todas las razones por las que quieres ponerte en marcha y los beneficios que conseguirás cuando lo consigas y durante el proceso.
  • Analizar ocasiones en las que has estado motivado y cuál ha sido la razón. ¿Qué haces cuando te sientes motivado? Cantas, escuchas musica, hablas con amigos… Pues ya sabes lo que tienes que hacer.
  • Rodearte de gente que apoye tu proyecto. El ingrediente que nunca falta en mis artículos, encontrar apoyo y respaldo.

 

Y por último algo que a veces se olvida…

En resumen, la motivación no es necesariamente el primer paso del camino (pincha aquí para tuitear esta frase), y hace falta más que motivación para lograr tus objetivos (perseverancia, trabajo, atrevimiento, entre otras cosas).

 

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Foto de Brandon Doan/Flickr

 

enfoque

 

 ¿Te encuentras con la atención dispersa y sin saber cómo reordenarlo todo y volver a empezar? No ser capaz de centrarse es uno de los problemas que impiden que tengas los resultados que quieres en tu vida, pero no es el único. Quizá tu problema no sea no poder centrarte, sino no saber en qué centrarte.

>> Escucha el audio de este artículo aquí –>¿Dispersa? 3 pasos para recuperar la concentración y el enfoque

Son dos cosas distintas pero relacionadas. Por un lado, la habilidad de enfocarte y sacar adelante las cosas, y por otro, el saber en qué tienes que centrarte. ¿El punto de unión? Cuando no sabes lo que quieres, es difícil centrarse.

 

Seguro que has oído muchas veces eso de “you get what you focus on, consigues aquello en lo que te centras, en lo que te enfocas. Cuanto más te centras en algo, sea lo que sea, más recursos utiliza tu mente para detectarlo (de ahí que si estás embarazada empieces a ver mujeres embarazadas por todas partes, por ejemplo), pudiendo llegar a dominar tus pensamientos y a afectar a tu comportamiento. ¿El problema? Cuando eliges centrarte en algo que no te beneficia.

 

Si te centras en lo que te limita, te limitas. Click Para Twittear

 

Si te centras en que no entiendes algo, menos espacio dejarás para entender. Si te centras en tus carencias, en lo que te falta (ya sea talento, tiempo, dinero, etc), empezarás a encontrar pruebas de que es verdad y cada vez te esforzaras menos o directamente tirarás la toalla. Si te centras en tus miedos, cada vez verás más pruebas de que son reales y no serás capaz de ver las oportunidades. ¿Me equivoco?

 

Lo bueno es que este proceso funciona igual para las cosas positivas. Puedes elegir enfocarte en algo que te beneficie, que te abra puertas en lugar de cerrártelas. Y como los pensamientos están unidos a las emociones y a las acciones, si cambias en lo que te centras, cambiarás tus pensamientos, emociones y acciones y conseguirás resultados distintos. Por tanto, saber elegir en qué vas a enfocar tu atención es fundamental.

 

Pero claro, igual de importante que saber elegir bien en qué enfocas tu tiempo, energía y pensamientos es desarrollar la habilidad de concentrarse, de no perder el rumbo o dispersarse. Porque al igual que no centrarte en las cosas adecuadas no te da resultados, tampoco te los da no saber aplicarte a ello, por mucho que sepas en qué centrarte. Ese es el problema en muchos casos, tus pensamientos se dispersan, cuando si te centraras tendrías excelentes resultados.

 

Entonces, ¿cómo puedes recuperar la concentración y centrarte en lo que más te beneficia, en lo que mejores resultados te va a dar? Lynn Marie Sager en su libro “A river worth riding” nos recomienda seguir estos pasos:

 

1. Imagina el futuro que quieres.

En muchos casos este es el problema, necesitas una visión clara de lo que quieres para poder centrarte y avanzar hacia ese futuro. Para no dispersarte, estancarte o malgastar tiempo y energía haciendo cosas que no te llevan donde tu quieres ir. Como ella dice: “Hay una conexión entre saber lo que quieres y conseguir lo que quieres.”

 

2. Identifica lo que te distrae.

¿Qué te hace perder el rumbo? Para poder eliminar las distracciones que tanto te afectan hay que identificarlas primero. Noticias negativas, cotilleos, gente quejica, estar preocupada, enfadada. Cuando te sientas así, pregúntate que te hizo perder la concentración y el ánimo y ya sabes: ¡evitalo!

Una de las cosas que más te afecta son tus circunstancias: las noticias y la gente negativa. Eso hace que te centres en lo mal que están las cosas y que dejes pocos recursos a las posibilidades. Si dejas que estos factores controlen lo que piensas, les estas dejando controlar cómo reaccionas frente a tu vida, cómo te comportas, y por tanto, los resultados que tienes.

No digo que no tengas que estar informada, pero no te obsesiones, hace falta un equilibrio. Si la información hace que tu vida se derrumbe, ponle freno. Además, en estos casos, aquello en lo que nos centramos nos provoca miedo, así que si aprendes a controlar en lo que te centras, aprenderás a controlar el miedo De ahí que la gratitud sea tan poderosa, porque te centras en lo que tienes no en lo que te falta. Según el doctor Martin Seligman, psicólogo, hay algo que nunca falla para provocar satisfacción a largo plazo, y puedes aplicarlo para empezar a eliminar la negatividad y sus efectos de tu vida:

Cada noche antes de dormir escribe en un papel tres cosas que hayan ido bien ese día. Puede ser algo especialmente importante (me llamaron de un trabajo, conseguí un nuevo cliente) o algo no tan relevante pero que para ti sea significativo (mi marido me regaló flores, lo pasé bien con mis amigos, etc). Ahora apunta lo más importante, por qué fueron bien. Ejemplo: Me llamaron de un trabajo porque soy buena para ese puesto, lo pasé bien con mis amigas porque tengo unas amistades estupendas y saco tiempo para ellas, etc.

Este ejercicio diario logrará que empieces a valorar las cosas positivas de tu vida y tu papel en ellas.

 

3. Desarrolla la habilidad de centrarte.

Ser capaz de centrarse es una habilidad que puedes desarrollar con la meditación o con ciertas disciplinas que requieran concentración como yoga, bailar, escribir, practicar algún deporte, etc. Elige una y empieza.

 

La combinación de estas pautas te ayudará a mejorar tu capacidad para enfocarte y a definir claramente en qué enfocarte y, ya sabes, si empleas tu tiempo en lo que quieres, empezaras a conseguir lo que quieres (parece obvio pero no lo es, piénsalo bien.)

 

¿Cuál es tu caso? ¿Te cuesta centrarte o no has elegido bien en qué hacerlo?

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montañarusa

 

>> Escucha el audio de este artículo aquí –> ¿Angustiada ante un cambio profesional?

 

Ya he comentado alguna vez que, a veces, parece que las circunstancias conspiran para que escriba un artículo; y este es otro ejemplo. Llevo un tiempo hablando con clientas y lectoras sobre las etapas emocionales que todas pasamos y que unas manejan mejor que otras. Es algo que no se menciona mucho pero es de suma importancia (y lo sé por experiencia) y, justo esta semana, en el boletín de una de mis mentoras, Diana Fontanez, ella comenta: “El problema no es sentir. Es el no estar preparado para esas etapas emocionales que todos tenemos que pasar.” Esta frase ha acabado de inspirarme para escribir este artículo.

 

Cuando estás pasando por un momento de angustia y estrés profesional, ya sea porque estás en una encrucijada y no sabes qué camino tomar, porque acabas de hacer un cambio importante de carrera, o porque te has animado a establecerte por tu cuenta, vas a tener muchos altibajos emocionales. Es un hecho. Te espera una montaña rusa emocional y es probable que hagas lo que la mayoría de la gente hace: averiguar cómo puedes eliminar tus miedos e inseguridades y frustrarte y enfadarte contigo misma cuando tu motivación disminuye, si pospones las cosas y no te pones en marcha, o si tienes un día “malo” en el que te planteas si de verdad hiciste bien. ¿Te suena?

 

Conozco bien esas etapas porque he debido de pasarlas todas 😀  Cuando me planteaba si seguir en la ciencia o dedicarme al coaching, cuando dejé la ciencia, cuando empecé el negocio, durante distintas fases del negocio (cuando no hay movimiento, cuando no es estable, etc.) Como ves un montón de circunstancias en las que los miedos, la inseguridad y las dudas atacan.

 

Entonces es cuando te entra la impaciencia y piensas que no vales para eso porque si no no tendrías miedo, o que deberías estar motivada, o que a ver si es que todo el mundo tenía razón y has metido la pata, y te preguntas, como me preguntan muchas clientas y lectoras: ¿Qué puedo hacer para no sentirme así? Para estar siempre contenta, motivada y con energía, como “se supone” que debo estar.

 

Nada, no puedes hacer nada, porque eso es imposible. No hay nadie que pueda estar todo el tiempo feliz, contento, y motivado. Todos tenemos días y momentos malos, aunque te apasione lo que haces o lo que estás a punto de empezar.

 

Como dice Diana, sentirse así no es el problema (es normal, eres un ser humano no un muñeco), el problema es no estar preparada para esas etapas y no aceptarlas. Asume y acepta que habrá momentos de emociones intensas, es normal, estás haciendo cambios y saliendo de tu zona de comodidad. Como he mencionado alguna vez puede que incluso necesites una especie de periodo de duelo si cambias de carrera radicalmente (como me pasó a mi con la ciencia). Durante esos momentos lo importante es:

 

  • Aceptar que son situaciones y emociones temporales y normales.
  • Cuidarte y mimarte todo lo posible.
  • Ser paciente contigo misma y reforzar tu convicción de que, como decía Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, “Mañana será otro día”.

 

Al menos es lo que a mi me ha funcionado. No tiene sentido que luches contra tus sentimientos y, aunque parece obvio, no lo es. Hasta que alguien no te dice que es normal pasar por eso, tú crees que no eres todo lo valiente que deberías, o que hay algo que no estás haciendo bien. Pero nada de eso.

 

Por supuesto, me refiero exclusivamente a esos periodos de altibajos que vas a pasar sí o sí, períodos de dudas ante estos grandes cambios, o días “malos” en los que no haces nada y te sientes fatal. Si estas etapas se alargan demasiado y te sientes hundida y sin motivación alguna, podría ser algo más serio y, en ese caso, necesitas la ayuda profesional de un terapeuta. En caso contrario, no te sientas culpable y acepta que es un día malo, que no vas a hacer mucho y que te apetece más ir al cine o lo que sea y, al día siguiente, a ponerte las pilas de nuevo. Y siempre ten en mente esa razón poderosa que ha impulsado el cambio, tu porqué, que no se te olvide.

 

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valor

 

Hace poco leí un artículo interesante sobre si se puede aprender a ser valiente, a no tenerle miedo a las cosas (aquí lo tienes, está en inglés). A su vez, el post se basa en el libro “The Courage Quotient: How Science can make you braver” de Robert Biswas-Diener. Como muchas lectoras me escriben paralizadas por sus miedos, me ha parecido interesante compartirlo.

>> Escucha el podcast de este artículo aquí: ¿Te falta valor?

Hay dos factores directamente relacionados con el valor, con tener el coraje para hacer los cambios que quieres hacer. Uno es el miedo, y el otro el deseo de actuar. De forma que tu valor es igual al deseo de actuar dividido por el miedo que sientes.

 

VALOR= DESEO DE ACTUAR/ MIEDO

 

Por tanto, si quieres aumentar tu valor necesitas:

  • Incrementar el deseo de actuar
  • Disminuir el miedo
  • Ambas cosas

 

¿Interesante, verdad? Porque lo fácil es pensar que siempre hay que intentar no tener miedo o gestionarlo bien, pero es igualmente importante trabajar en las ganas, en el “querer”. Ya sabemos que querer es poder, por eso a mis clientes siempre les pregunto cuál es su gran porqué a la hora de llevar a cabo un proyecto. Una razón lo suficientemente fuerte que te motive a perseverar cuando las cosas no salgan bien, o cuando estés desanimada y, a mi parecer, es fundamental.

 

Algunas técnicas que puedes probar para aumentar tu valor son:

 

1. Reducir la incertidumbre. Hay personas que toleran bien la incertidumbre y otras que realmente sufren cuando no saben qué va a pasar en un futuro o cómo se va a desarrollar una situación. Si este es tu caso (y especialmente si quieres ser emprendedora) es importante que trabajes eso. ¿Cómo puedes disminuir la incertidumbre? Entendiendo tu situación lo máximo posible y de manera realista, averiguando todo lo que sea necesario para que puedas pensar con claridad. A veces con visualizar tu futuro o hacerte unas simples preguntas es suficiente para tener la información que necesitas para verlo todo más claro.

 

2. Relajarte. Es muy importante cuidarte en estas situaciones de estrés, ya sea haciendo deporte, yoga, meditación (aquí tienes un recurso muy útil para meditaciones de un minuto), respiración controlada. Técnicas para relajarte físicamente, lo que impacta de manera directa en el miedo y la ansiedad.

 

3. Enfadarte. Si el miedo te hace sentir indefensa y sin control, el enfado hace todo lo contrario. Cuando estás enfadada te sientes más en control, eres más perseverante y tenaz y crees más en tus posibilidades. Por tanto, puede ser una buena forma de entrar en acción. Por supuesto estamos hablando de algo puntual y útil en determinadas circunstancias. Por ejemplo: Imagina que tienes un proyecto en mente pero cuando lo compartes con familiares y amigos todo son críticas y negatividad. Entonces en lugar de desanimarte, enfádate (no con ellos, literalmente, si entiendes lo que quiero decir) y en lugar de pensar en abandonar se te meterá entre ceja y ceja lograrlo como sea. Por supuesto, esta técnica sólo funciona en algunos casos, no sería muy útil para el miedo a hablar en público por ejemplo (o a lo mejor para ti sí, quién sabe.)

 

4. Aceptar los errores como algo normal e inevitable. De esto ya he hablado varias veces. Las personas con coraje saben que los errores son parte del camino y no les dan más importancia (eso no quiere decir que les guste, pero los aceptan y aprenden la lección).

Algo interesante que  se menciona en el artículo es un experimento en el que se analizaron tres grupos de personas que tenían que dar una charla. Durante los ensayos, al primer grupo se le advirtió de que no debían cometer ningún error. A las personas del segundo grupo les indicaron que cometieran un error a propósito durante el ensayo, y después les aseguraron que no había tenido importancia, para que aprendieran a perdonar sus errores. Al tercer grupo se le indicó que cometieran un error a propósito y que lo incorporaran a la charla final. Resultado: las personas del 3º grupo se mostraron más confiadas en el escenario y fueron las mejor valoradas por el público.

Por tanto, más que no cometer errores o perdonarte a ti misma si los cometes, el cometer errores y aceptarlo tranquilamente como parte del proceso da mejores resultados.

 

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Foto de seebits/Flickr

 

encadenado

 

Este artículo se lo dedico a una de mis clientas, Mª Cristina, que me escribió el otro día comentándome que le pasaba esto y me dijo “mira, ya tienes una idea para el boletín.” ¡Gracias!

 

>> Puedes escuchar el podcast de este artículo aquí –> Cómo evitar sentirte culpable cuando no estás trabajando

 

Foto de Trohaa/Flickr

Seguro que conoces esa sensación de intranquilidad o culpabilidad cuando tienes algo pendiente y estás descansando, o cuando deberías estar trabajando pero no logras concentrarte, o simplemente en tu tiempo libre. Esa sensación de: “Debería estar haciendo…” De estar perdiendo el tiempo. Muy común cuando estás muy estresada y a veces aunque no lo estés… Problema: ni haces lo que se supone que tienes que hacer, ni descansas.

 

Yo he tenido esa sensación muchas veces, sobre todo en mi época científica. Me sentía mal si no estaba leyendo artículos científicos en mi tiempo libre (hay que decir que influía el que mi marido lo hiciera). No era capaz de desconectar, y el ver a mi marido trabajando hacía que me sintiera aún peor.

 

Hoy en día sabemos de sobra que descansar es imprescindible para ser productiva y eficiente, y no sólo al acabar el trabajo, sino también mientras trabajas. Hacer pequeñas interrupciones es bueno para reponer fuerzas. Sin embargo, que lo sepamos no quiere decir que nos sintamos bien haciendolo, ¿verdad? Yo al final, lo he logrado, al menos la mayoría de las veces, que ya es suficiente. Al principio intenté convencer a mi marido de que dejara de trabajar porque me hacía sentir culpable. No funcionó. Luego acepté el hecho de que yo no puedo convencer a nadie, es su decisión y, por tanto, tenía que lograrlo yo misma de otra manera. Con el tiempo lo he logrado y lo que me funciona es:

 

1. Ser productiva durante mi jornada de trabajo.

Si procuro tener claros los objetivos del día, sacar trabajo adelante y no distraerme en exceso (porque distraerte te distraeras, es inevitable, así que dejemoslo en que no sea en exceso), luego no me siento culpable cuando descanso el resto del día. Sentirte productiva es importantísimo en muchos aspectos, así que párate a pensar qué necesitas hacer para sentirte productiva.

En mi etapa científica yo me sentía productiva cuando hacía experimentos y no tanto cuando escribía, aunque adelantara mucho. Así que siempre procuraba programarme algún experimento. Cuando cambié al coaching, al principio me costó sentirme productiva porque me paso mucho tiempo delante del ordenador escribiendo o hablando con clientes, y cuando acababa el día no sentía que lo hubiera aprovechado bien. En ese momento, para mi “productivo” era algo manual, así que tuve que replantearme mi concepto de productividad.

¿Qué me dices de ti, cuál es tu concepto de “ser productiva”? Escribir un determinado número de páginas, atender a un determinado número de clientes, acabar con la lista que escribes al comenzar el día,… Piénsalo y así podrás estructurar tus días con actividades que te hagan sentir productiva y eso hará que te sientas menos culpable al descansar.

 

2. Acallar mi monólogo mental.

Como siempre, tendrás la vocecilla (o vozarrón) recordándote que deberías estar haciendo X en vez de sentarte a descansar o irte a dar un paseo. Acallar esa voz no es fácil, pero hay distintas técnicas: imaginar que le bajas el volumen, transformarla en la voz de Mickey Mouse hasta que parezca ridícula, trasladarla a otro sitio de tu cabeza. Ve probando a ver qué te funciona mejor, pero ten en cuenta que hay que practicar. Eso sí, te aseguro que al final lograrás controlar la vocecilla.

 

3. Obligarme a hacerlo y recordarme que me lo merezco y que así estaré más descansada y con más ganas de hacerlo bien después. 

A veces lo que pasa es que deberías estar trabajando pero, por lo que sea, no te concentras y acabas perdiendo el tiempo igual, mirando a las musarañas o entrando en webs no relacionadas con tu trabajo  (te lo dice una apasionada de los blogs de cocina) y sintiéndote fatal por ello. En esos momentos, yo he aprendido a ser paciente conmigo misma, a aceptar que soy humana y que no siempre estoy igual de concentrada y que entonces es mejor dejar de trabajar y hacer algo que me relaje para volver recargada. Al principio, literalmente, me obligaba a descansar, hasta que me fui acostumbrando a hacerlo sin sentirme tan mal.

Me siento mejor también si me pongo un tiempo límite para ese descanso improvisado. Mi conversación interna o justificación sería: “como ahora no voy a hacer nada, quiera o no, porque estoy totalmente desconcentrada, me voy a dar 10 minutos para… (leer, escuchar musica, mirar un blog, ir a por el pan) y vuelvo.” No es perder el tiempo porque no iba a hacer nada igual, es recargar las pilas para no perder más después. Pruébalo a ver cómo te va.

 

Como siempre digo, no es fácil, requiere práctica y repetición, no se te va la culpabilidad de la noche a la mañana, pero cada vez te sentirás mejor.

 

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resultados

 


Qué pasa cuando después de un tiempo ves que las cosas no cambian, o que los resultados que obtienes no son los que esperabas o los que quieres. Es muy común dejar pasar el tiempo esperando que las cosas cambien solas. Cierto es que hay que tener paciencia y los resultados requieren tiempo. Pero una cosa es tener paciencia y otra quedarse de brazos cruzados esperando milagros.

 

Cuando haces algo y después de un determinado tiempo no obtienes lo resultados que quieres, no te quedes con los brazos cruzados. Antes de nada determina cuánto tiempo estás dispuesta a esperar para ver resultados (sé realista, me escribe mucha gente que quiere poner cualquier tipo de negocio para ganar dinero ya y salir de sus deudas. Eso no va a pasar, todo negocio requiere un tiempo para tener beneficios y, en general, hablamos de meses o años; así que sé realista independientemente de tu situación). Aparte de eso puedes tener en cuenta estas cinco recomendaciones:

 

1. ¿Tienes claro lo que quieres?

A veces te pierdes en las obligaciones del día y día y no te tomas tiempo para sentarte y pensar dónde quieres llegar, qué quieres conseguir.

 

2. ¿Tienes alguna forma de medir el progreso?

No sabrás si has tenido resultados si no sabes qué mirar. Así que asegúrate de tener claro qué medida vas a utilizar para determinar el progreso. Por supuesto esto variará en función de tu situación (visitas a la web, ventas, clientes, respuestas a ofertas de trabajo, etc.)

 

3. ¿Estás segura de que estás haciendo avances?

Estar ocupada no equivale a ser productiva ni a estar haciendo progresos. Asegúrate de ocupar tu tiempo en aquello que te de mejores resultados, no en cualquier cosa. Que el tiempo pasa muy rápido y cuando te das cuenta has perdido meses sin hacer nada que de verdad repercuta en tu situación. Por supuesto habrá momentos en los que no haya progresos pero forman parte de etapas, asegurate que no te has estancado en una de esas etapas.

 

4. Haz cambios.

Modifica, rediseña, reestructura, lo importante es no darte por vencida (eso sí, lee aquí cuando es un buen momento para abandonar). Muchas veces he hablado con personas que me comentan que están estancadas, que no ven resultados y cuando les pregunto que hacen o que han hecho al respecto la respuesta es que nada nuevo. Si no sabes lo que funciona y no pruebas nada nuevo, tus resultados se verán muy limitados.

 

5. Contrata a alguien que te asesore.

Cuando tu no llegas, contrata a alguien que te sepa guiar adonde quieres estar. Hay personas reacias a invertir porque lo consideran un gasto. Pero en realidad es invertir en ti a través de la experiencia o el conocimiento de otra persona y es algo muy importante para avanzar.

 

Así que dime, ¿qué vas a hacer? Déjame tu comentario más abajo, ya sabes que lo que importa es la acción.

 

perdida

 

¿Te enfrentas a un período de transición laboral? Ya sea porque vas a empezar un nuevo trabajo, acabas de dejar uno y tienes que ponerte a buscar, o estás considerando hacer un cambio de dirección, esta situación te puede hacer sentir insegura y nerviosa, especialmente si no toleras bien la incertidumbre.

>> Escucha este artículo aquí –> Cómo afrontar un período de transición laboral

Hay personas que, dentro de lo que cabe, lo llevan bien y aprovechan ese período para dedicarse más tiempo a ellos mismos, a su familia o simplemente para descansar. Pero muchas otras personas, acostumbradas a una cierta rutina y estabilidad, se encuentran perdidas y angustiadas, lo que te afecta no sólo profesionalmente sino también en el terreno personal. Si estás en alguna de esas situaciones, quizá estas nueve sugerencias te puedan ayudar:

 

1. Replanteate tus capacidades.

¿Cuáles son tu prioridades, necesidades y valores en este momento? ¿Tus fortalezas y talentos? Probablemente no hayas pensado en eso en mucho tiempo, absorbida por las obligaciones del día a día, y qué mejor momento que ahora. Plantéate a partir de esa información qué puedes mejorar y, sobre todo, cómo han influido esos factores en tu situación actual, ¿para bien o para mal?

 

2. Cuídate.

Este tipo de transiciones nos afectan mucho más de lo que creemos, así que necesitas más que nunca cuidarte. Sacar tiempo para hacer cosas que te gusten, que te relajen y que te llenen de energía. Cuidarte físicamente haciendo ejercicio o yendo a un spa o similar, socializando… Mímate y deja que te mimen, si tienes la oportunidad. Eso hará que sea más llevadero. No olvides ser paciente contigo misma, tendemos a ser muy duras con nosotras mismas ante una situación de este tipo y nos machacamos con reproches. Las cosas son como son y tu lo has hecho lo mejor que has podido, perdónate y cuídate.

 

3. Analiza.

¿Qué fue mal, o bien? ¿Qué podrías haber hecho mejor? ¿Qué nuevas opciones se te han abierto? ¿Qué puedes hacer al respecto? Aprende de la experiencia.

 

4. Céntrate en lo que quieres, y no al contrario.

En estos momentos en que te encuentras en tierra de nadie, sin tus rutinas habituales, es fácil empezar a pensar negativamente y centrarte en lo “malo” que ha sucedido. Sé que es difícil, especialmente en determinadas ocasiones, pero intenta mantener la vista en el “premio”, en el siguiente paso a dar. Como dice el refrán “Cuando una puerta se cierra, otra se abre.” ¿Que todavía no sabes lo que quieres? Vuelve a los puntos 1 y 3 y empieza a plantearte cómo podrías aprovechar esta situación, ¿qué te gustaría hacer? Y si estás muy bloqueada, para eso estamos los coaches, entre otras cosas.

 

5. Encuentra apoyo.

Esto lo menciono en prácticamente todos mis artículos, ya lo sé, pero es que ¡es imprescindible! Especialmente si tu situación afecta también a tu entorno más cercano. Es hora de quedar más con tus amigos o de buscar ayuda y apoyo profesional, o unirte a algun grupo de personas optimistas que te ayuden a pasar esta etapa. Y sobre todo, evita por todos los medios a las personas que por celos, envidia o lo que sea te intentan hundir o desanimar.

 

6. Acalla tu cabeza.

Es fácil que, en estas circunstancias, tus miedos e inseguridades afloren y esa vocecita de tu cabeza se ponga a decir tonterías. Si te sucede eso, hay que reforzar los mensajes positivos e inspiradores. Sé que hay mucha gente que aborrece el concepto de “optimismo”, tu verás si prefieres rodearte de mensajes negativos o de mensajes positivos. Haz la prueba y comprueba la diferencia. No confundas buscar inspiración, motivación e intentar mirar el lado bueno con ser alocada y vivir en las nubes, no te hablo de eso. Yo tengo lo pies bien asentados en la tierra y te aseguro que prefiero levantarme con un mensaje positivo que con victimismos y quejas. Haz la prueba. Lee frases inspiradoras, ve vídeos o películas que te animen y, sobre todo, habla con emprendedores, su mentalidad y energía se te contagiará.

 

7. Tomatelo como un periodo de despedida.

Si lo que dejas ha sido parte importante de ti, puede ser un momento duro. Incluso puedes sentir que parte de tu identidad desaparece, así que acepta que habrá un período de luto, por así decirlo, de despedida. Si lo necesitas hasta puedes crear una especie de ritual o celebración que te ayude a pasar página.

 

8. Olvídate de cómo se supone que tienen que ser las cosas y acepta como son en realidad.

Si te obcecas con que todo tiene que ser de una determinada manera sufrirás más. Las cosas son como son, una pena a veces, pero es así. Acéptalo e intenta mostrar gratitud por lo bueno que hay en tu vida. Cuando te fijas en lo bueno, las cosas se llevan mejor. Un ejercicio muy recomendable es todos los días dar gracias por tres cosas bonitas, agradables o importantes de tu vida. O bien pensar en qué has logrado ese día. Cuando tienes un hijo, como en mi caso, es fácil encontrar tres (¡y si no tienes hijos también!)  : )

 

9. Mantén la perspectiva.

¡O cámbiala! Recuerda que en esta vida lo único seguro es el cambio, la estabilidad es casi cosa de la imaginación. Abre tu mente a otras opciones y no le des más importancia a la situación de la que tiene. Recuerda, de aquí a 6 meses, ¿te parecerá tan importante? ¿Y de aquí a dos años? Mantén la perspectiva.

 

No pretendo que estas sugerencias sean una panacea que todo lo cura, el hecho es que lo vas a pasar mal, es normal. Acepta esos sentimientos y pon a prueba alguna de mis recomendaciones para que ese mal rato pase cuanto antes. ¿Cuál te llama más la atención? ¿Hay alguna a la que te resistas? Quizá sea esa la que más te conviene llevar a la práctica… ¿Qué me dices?

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thinkbig

>>Escucha este artículo en formato podcast aquí –>Por qué pensar a lo grande a veces no es lo más indicado

 

Todos hemos oído alguna vez lo de “think big”, piensa a lo grande.  “Ya que te pones piensa a lo grande”, “dispara a la luna y así aunque falles llegaras a las estrellas”, etc. Y es cierto, motivador y responsable de grandes hazañas, pero. Tiene que haber un pero, si no este artículo no existiría. Mi propia experiencia me dice que esa actitud no siempre es útil, al igual que muchas otras de las que hablaré en otra ocasión.

 

La principal razón por la que considero que no siempre es útil es que te  puede llevar a sentirte frustrada, estancada e incapaz de seguir; sobre todo si estás comenzando algo nuevo. Si ya estás metida en algo, es una actitud muy acertada para superar los límites mentales autoimpuestos y llegar más lejos de lo que al principio pensabas. Pero cuando acabas de empezar, para algunas personas pensar así puede ser contraproducente, ya que lo único que consigues es atemorizarte más.

 

Eso es exactamente lo que me pasó cuando comencé mi negocio. Cuando leía o escuchaba eso de “pensar en grande” y me imaginaba el futuro de mi negocio a relativamente largo plazo, ¡me desanimaba! Porque lo veía tan lejos de mi situación que, en lugar de inspirarme, me paralizaba. En ese momento, cuando acababa de dejar mi carrera científica, todavía con mi mentalidad de becaria, pensar en un negocio de coaching a lo grande me dejaba prácticamente en coma. Por no hablar de que personalmente odio la pregunta de cómo te ves o cómo imaginas tu negocio de aquí a 5 años. Así que si a ti te pasa lo mismo, que sepas que no eres la única.

 

Hay momentos en los que lo que de verdad ayuda es centrarse en una visión a más corto plazo y no tan ambiciosa que, por supuesto, luego puedes ampliar y modificar a tu gusto. En estas situaciones lo más importante es tomar acción, y si una visión muy lejana de tu situación actual te paraliza aún más, céntrate mejor en una un poco más modesta pero que te inspire lo suficiente para dar los pasos necesarios. Es como si intentaras meterte en aguas profundas sin haber visto nunca el mar. Muchas personas lo harían sin dudarlo, pero para muchas otras funciona mejor mojarse primero los pies, ir adentrándose poco a poco y, cuando ya estás metida hasta la cintura y más preparada mentalmente, entonces sí, entonces te zambulles completamente.

 

No digo que no te plantees tu gran visión, al contrario, ¡hazlo! Porque te ayudará a abrir la mente y darte cuenta de las posibilidades, y porque a lo mejor eres de las que se inspiran y motivan ya desde el principio con una gran vision. Pero si no es así, tenla en la recámara y céntrate en algo más cercano hasta que estés lo suficientemente preparada mentalmente para volver a planteartela. Una forma de hacerlo, cuando te planteas tu visión y tus objetivos, es hacerlo a largo, corto y medio plazo. Así la “gran visión” no te paralizará porque te puedes centrar en los pasos previos, tus objetivos a corto y medio plazo. No olvides que la parte más importante es la mentalidad y te aseguro que llegará un día en la que esa visión cada vez te dará menos miedo.

 

¿Tú que prefieres, ir directamente a lo grande o empezar poco a poco? Déjame tu comentario más abajo y no olvides apuntarte a mi boletín semanal gratuito para recibir mis artículos directamente en tu correo electrónico. Pincha aquí.


 

 


¿Te cuesta descubrir qué es lo que realmente te gusta, cuál es tu vocación?

A veces parece que todos tenemos que tener una vocación desde pequeños, y si no, es que te falta algo. De hecho, en mi caso sí fue así, yo quería ser científica desde pequeña (bueno, y egiptóloga también) y lo fui durante muchos años; y hay mucha gente que siempre ha tenido claro qué quería ser y es lo que han hecho.

Eso está bien pero hay un problema, que el tener una vocación se ha vuelto algo casi obligatorio. Si no tienes tu vocación clara, como les pasa a muchas personas, entonces no podrás ser feliz y tendrás que pasar el resto de tu vida buscándola… ¿Te está pasando a ti?

(más…)

escalera

 

Me escribe una lectora comentándome que su principal obstáculo es la falta de seguridad ante nuevos emprendimientos. De hecho, no es la primera que me comenta algo así. ¿Cuántas veces le has dado vueltas a algo en tu cabeza y al final no te has atrevido a dar el primer paso? Tienes en mente una idea, algo que te hace mucha ilusión, que te apetece mucho pero siempre le encuentras un pero, ¿verdad? Ya sea empezar tu propio negocio, cambiar de profesión o cambiar algo de tu vida que no te satisface, parece que nunca te atreves a dar ese primer paso.

> Escucha este artículo aquí –>¿ Qué te falta para poder empezar?

 

Primero decirte que es normal, ante cosas nuevas, el miedo y la inseguridad aparecen rápidamente. No te pasa sólo a ti, nos pasa a todos. El miedo es ese compañero constante que no te abandona ni a sol ni a sombra. A veces es bueno, evita que cometas locuras; pero normalmente es un estorbo, te impide hacer lo que realmente quieres hacer. Como ya he dicho en otras ocasiones, el miedo se disfraza de excusas que, para ti, son poderosas razones para no hacer lo que quieres hacer. Ante un nuevo emprendimiento algunas de las más frecuentes son:

 

  • Falta de motivación
  • Falta de seguridad o confianza en ti misma
  • Falta de experiencia o conocimientos
  • Falta de tiempo

 

¿Cuál de estas excusas te pones tú para no empezar?

Para empezar algo nuevo lo más importante es sólo una cosa: querer. Cuando realmente quieres hacer algo, no hay nada que te pare. Aunque tengas miedo, aunque creas que no sabes lo suficiente, sigues adelante. Y una vez has dado el primer paso y llevas parte del camino recorrido, si miras para atrás te das cuenta de que:

 

1. Tu visión es lo que te mantiene motivada.

No necesitas una motivación especial para empezar. Si la tienes perfecto y si no, llegará a medida que vayas avanzando y logrando cosas. Lo que de verdad importa es que tengas en mente qué es lo que quieres conseguir y por qué es importante para ti.

 

2Es difícil tener seguridad en ti misma al principio.

Pero al igual que con la motivación, a medida que avanzas y aprendes cada vez tienes más confianza en ti misma. Cada vez aprendes más rápido y te das cuenta de que lo que de verdad marca la diferencia y genera resultados es actuar, implementar lo que sabes cuanto antes. Formarse es importante, pero hacerlo indefinidamente como excusa para no empezar (porque tienes miedo de no estar a la altura) no te va a llevar a ningún lado. Hasta que no empiezas no te das cuenta de que estás sobradamente preparada y lo que te falta lo aprendes o contratas por el camino.

 

3. Cuando sabes el “qué”, el “cómo” aparece.

Es una de las partes más agradables de atreverte a empezar algo nuevo. Cuando sabes qué quieres pero no cómo lo vas a lograr y aún así tomas la decisión de ir a por ello, entonces el cómo se va presentando poco a poco. A lo mejor te gustaría tener tu propio blog pero no tienes ni idea de cómo empezar y, de repente, te llega al correo el artículo “Cómo empezar tu blog en 3 pasos”. O te decides a empezar tu propio negocio y ves un anuncio de un coach o consultor especializado en emprendedores. Los más escépticos no os creeréis esto, pero pasa. Ya lo dice el refrán “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece”. ¿La explicación “científica”? Cuando te centras en algo empiezas a notar cosas que antes te pasaban desapercibidas. Seguro que habías recibido un montón de mensajes sobre blogs, pero ni te diste cuenta porque no era tu objetivo. Ahora que lo es, empezarás a encontrar lo que necesitas para avanzar.

 

4. Cada uno saca tiempo para lo que quiere.

Si no tienes tiempo es que no te interesa sacarlo. Es una cuestión de compromiso. No tienes por qué hacerlo tampoco, puedes seguir como estás. Pero si realmente quieres cambiar, ¿qué puedes hacer hoy mismo para sacar tiempo?

 

En mi experiencia, si de verdad quieres sacar adelante algo nuevo, tener una visión, un plan, una estructura y alguien que te apoye y te guíe es fundamental. Pero lo más importante de todo es estar comprometida al 100% con tu proyecto. ¿Tú lo estás?

 

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Foto de Mataparda/Flickr

 

¿Te has planteado alguna vez, en serio, qué es exactamente lo que te impide lograr tus objetivos o sueños? Seguro que se te ocurren mil y una razones u obstáculos, y que incluso te sientes con las manos atadas porque crees que eres incapaz de hacer nada al respecto, pero ¿hasta qué punto es verdad?

>> Escucha el podcast aquí –>4 falsos obstáculos que detienen tu progreso

 

Te aviso de antemano que este es un artículo muy directo, porque a veces hay que poner los puntos sobre las íes (por cierto, esta expresión que solía significar ser demasiado minucioso, pero hoy en día significa dejar las cosas claras).

 

A estas alturas ya sabes que hay ciertas cosas que puedes controlar y modificar (como tu actitud, por ejemplo), y otras que, por mucho que quieras, no está en tu mano controlar. Es absurdo quedarte atrapada en estas últimas cuando no hay nada que puedas hacer, porque lo único que consigues es frustrarte. Estas “otras cosas” son lo que yo llamo falsos obstáculos y no son más que excusas porque la realidad es que sí hay cosas que puedes hacer al respecto, pero te da miedo. Déjame darte algunos ejemplos de falsos obstáculos:

 

  • Otras personas. Tema interesante cuando piensas que tu jefe, tu pareja o la vecina de enfrente son tu mayor obstáculo. Siento decirte que eso no es más que una excusa. No puedes cambiar a las personas, pero sí tu actitud y comportamiento. Que no soportas a tu jefe, pues hay tres opciones así a priori: cambias de trabajo, cambias tu actitud o te conformas. No hay peros que valgan, esa es la verdad, lo peros que te surjan son miedos. Se puede hablar también del chantaje emocional que te hacen algunas personas, pero también depende de ti aceptarlo o no. Y sí, ya sé que no es fácil, pocas cosas lo son. Te dejo con un artículo de Ana Zabaleta sobre este tema: Cuando tus obstáculos son otras personas.

 

 

  • La situación actual. Hay mucha gente que lo está pasando mal en estos momentos, y también hay mucha gente a la que esta situación le sirve de perlas como excusa. “Para que voy a buscar trabajo si no hay”, “con lo mal que están las cosas no lo voy ni a intentar”. O peor, personas que no sólo no intentan nada, sino que critican o desaniman a los que sí lo hacen. Hay mucha gente haciendo cosas en estos tiempos (yo misma), quizá podrías verlo como el mejor momento, el empujón que necesitabas; ya que a veces hasta que no pasa algo de este tipo no te animas a salir de tu rinconcito. Hay un documental fantástico sobre esto, la pena es que sólo está en inglés. Se llama Lemonade (haciendo referencia al famoso dicho de “si la vida te da limones, haz limonada”) y cuenta la historia de varias personas que fueron despedidas de un día para otro y lo que hicieron después. Te la recomiendo.

 

  • Edad, aspecto físico y similares. Otra gran excusa, otro falso obstáculo en la mayoría de los casos (siempre hay excepciones claro, si quieres ser bailarina a los 60 años, fácil no es. Pero tampoco imposible, no voy a ser yo quién te quite la esperanza. Probablemente podrías encontrar alguna alternativa satisfactoria que te permitiera bailar de alguna forma). Hay muchas personas que con sus añitos encima empezaron a hacer cosas, ya fuera escribir, cantar o actuar, por ejemplo. Y por supuesto lo mismo con tu aspecto físico, ya seas más o menos guapa, más o menos delgada, no dejes que eso se convierta en una excusa.

 

  • Falta de tiempo. Una excusa muy utilizada cuando quieres hacer algo: montar tu propio negocio, hacer un curso nuevo, contratar a un coach ; ) Excusa, porque cuando realmente quieres algo sacas el tiempo de donde sea. No es cuestión de tiempo sino de prioridades, de estar centrada, de dedicación y de trabajo duro. Mucha gente ha empezado su negocio teniendo un trabajo a tiempo completo e incluso hijos. De hecho, una de mis clientas ha conseguido tener su trabajo a tiempo completo, llevar una fundación que también requiere bastante trabajo, sacar tiempo para ella misma y poner en marcha una nueva página web como proyecto lateral. ¿Cómo lo consiguen? Levantándose más temprano, acostándose más tarde, dejando de ver la tele, organizándose mejor… Analiza bien cómo usas tu tiempo y verás que puedes sacar horas muertas para sacar adelante tu proyecto o lo que sea que tengas en mente. Como siempre, no digo que sea fácil, será duro, pero es tu elección. ¿Qué es lo que realmente quieres hacer?

 

Una cosa está clara, quien algo quiere algo le cuesta. Las cosas no se regalan, ni se van a abrir los cielos para que tu vida cambie de la noche a la mañana. Si quieres que algo cambie, empieza a cambiar tú. Todas las personas que tú ves con éxito han empezado trabajando, luchando, haciendo sacrificios. Así que no te engañes mirando su situación actual y pensando que es porque han tenido suerte o porque son más guapos, tienen más contactos o cualquier otra cosa. Todo eso puede influir, pero no te engañes, han trabajado mucho para estar ahí. Así que si quieres cambios, empieza a hacerlos y si te resulta difícil busca ayuda, pero no te quedes con los brazos cruzados mirando la vida pasar. Como dice un antiguo refrán inglés:

 

“Where there is a will, there is a way” (o dicho de otro modo: querer es poder)

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Foto de Mataparda/Flickr

 

diccionario

 

 

¿Has pensado alguna vez en cómo te defines a ti misma? La manera en que percibes las cosas, en que defines distintos conceptos que en el diccionario pueden tener una determinada definición, pero que no tiene por qué coincidir con la tuya, influye muchísimo en la seguridad que tienes en ti misma, en tu forma de pensar y, por supuesto, en los resultados que obtienes.

>> Escucha este artículo aquí –>¿Quieres mejorar tu vida?

 

Hay ciertos conceptos, como éxito, fracaso, competencia, que tienen una gran influencia en nuestros logros. Simplemente porque uno ve lo que quiere ver. De forma que si tú te consideras incompetente, por ejemplo, encontrarás pruebas irrefutables de ello. Para toda creencia, si crees algo encontraras pruebas de que es verdad, creas lo que creas. Como dice la famosa cita de Henry Ford:

 

Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón.

 

Quizá no te lo hayas planteado nunca, es normal, pero ¿por qué no hacerlo ahora? Por ejemplo, ¿qué significa para ti “ayudar”? En general, ayudar es hacer algo por otra persona e implica que te sientes bien después, ¿verdad?  Y ¿no te ha pasado alguna vez que, en lugar de sentirte bien, acabas estresada y agobiada? O incluso hasta resentida… Y eso que estás ayudando… No será que en tu definición de “ayudar” se te ha olvidado aclarar que no sea a costa de tu bienestar, que sea una acción que hagas cuando realmente te apetezca y con todas las ganas del mundo. Quizá si redefinieras eso no tendrías problemas para decir que no, y cada vez que ayudaras lo harías con genuino deseo, y te sentirías muy bien. Una persona sólo puede dar cuando está llena (y no me refiero a económicamente).

 

Y qué me dices de “competencia”, ¿qué es para ti ser competente? O, en otras palabras, ¿cómo sabrías que eres competente, qué tendrías que hacer o lograr? En muchos casos (y especialmente en personas inteligentes, con éxito, que sufren del síndrome del impostor) tienes una lista de requerimientos imposible de cumplir. Lista que, por supuesto, sólo es aplicable a ti, porque probablemente consideres competentes a personas que tienen muchas menos de las características que tú te exiges a ti misma, ¿estoy en lo cierto?

 

La cuestión es que tu concepto de “competencia” es muy, muy importante y una de las principales causas del éxito. ¿Qué vas a conseguir si te consideras una persona incompetente? No mucho, y no porque de verdad lo seas, sino porque no te molestarás en intentar nada.

 

Para poder sentirte sentirte segura de ti misma, de tus acciones y decisiones es imprescindible que revises tu definición de ciertos conceptos, y que los redefinas si es necesario. Y no te olvides de lo más importante, ¡el concepto de ti misma! Haz una lista con todas las palabras que tengan un significado relevante para ti: éxito, fracaso, madre, pareja, triunfar, responsabilidad, competencia, ayudar, etc; y escribe tus propias definiciones para cada una de esas palabras, sin mirar en el diccionario, no estamos hablando de la definición teórica. Ahora piensa, ¿cómo te definen, cómo te limitan? ¿Cómo puedes redefinirlas si es necesario? De hecho, algo que puedes hacer es preguntarte a menudo: ¿Esta definición, este concepto que tengo de X me limita o amplía mis horizontes?

 

Cuando expandes tus definiciones y las cambias, empiezas a ver las cosas de otra forma, a pensar de otra forma y a actuar de otra forma y, por tanto, a obtener distintos resultados. Te dejo con una última reflexión de Lynn Marie Sager (últimamente estoy leyendo mucho de ella):

 

Si a tu vida le falta significado, quizá es porque no te has parado a pensar qué significa “vivir” para ti.

 

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stop

 


¿Te sientes desbordada? ¿Saturada de obligaciones y compromisos, sin tiempo y a punto de estallar? Si te sientes exactamente así y no sabes cómo evitarlo, o peor, piensas que hoy en día es lo normal y hay que aguantarse, es muy importante que conozcas las cuatro razones por las que estás así y las seis soluciones que te ofrezco.

>> Escucha este artículo aquí –>¿Desbordada?

 

Lo primero que tienes que saber es que no tienes por qué seguir así, que puedes cambiar las cosas y, para ello, el primer paso es averiguar qué es lo que te ha llevado a esa situación. En general, se debe a una o varias de estas cuatro razones:

 

  1. No sabes decir no ni poner límites ni a personas ni a proyectos.
  2. Subestimas el tiempo (y energía) que te va a llevar un proyecto o compromiso.
  3. Estás haciendo demasiadas cosas diferentes a la vez.
  4. Te exiges demasiado, quieres hacerlo todo tú.

 

¿Te suenan? ¿Cual es la más problemática para ti? Eso es lo primero que tienes que saber, cuál es la causa de que estés agobiada y a punto de estallar. Puede ser que tengas un poquito de cada una pero, ¿hay alguna que te afecte especialmente? A mi por ejemplo el estar involucrada o tener que preocuparme de muchas cosas distintas a la vez me supone bastante estrés, y lo tengo muy en cuenta a la hora de aceptar nuevas propuestas, por ejemplo.

 

El segundo punto importante es que te des cuenta de que todo esto ha sido y es elección tuya. Tú eliges cuales son tus prioridades, lo que haces o no haces, a quién le dices que sí y a quien le dices que no. No pienses que es algo que te ha pasado, tú misma te has llevado a este estado. Esto te lo digo con sinceridad porque es importante que lo tengas en cuenta. ¿Lo bueno? Que si tú te has metido en este berenjenal, también podrás salir de él. Estas son algunas cosas que puedes hacer:

 

  •  Aprende a decir no y a poner límites. Ya he escrito varias veces sobre la importancia de decir no, fundamental para tener una vida más relajada y sentirte satisfecha con lo que haces. Yo tengo la suerte de saber decir que no con facilidad (demasiada a veces), pero sé que para muchos es muy difícil. Aquí puedes encontrar otro artículo con algunas técnicas, pero te daré también un ejemplo práctico. A una de mis clientas le recomendé que empezara a decir no en situaciones sin importancia, para ir acostumbrándose. Por ejemplo, cuando sus compañeros le proponían ir a un restaurante que a ella no le gustaba nada. Le recomendé que en lugar de ceder dejara claras sus preferencias diciendo algo como “prefiero este otro, ese no me gusta mucho” y que viera qué pasaba… ¿Qué crees que pasó? Absolutamente nada, no solo evitó comer en un restaurante que odiaba, sino que se sintió tan bien consigo misma y tan  motivada y segura que se animó a hacerlo en cosas más importantes (de hecho, le dijo que no a su jefe, así que mira si funciona o no).

 

  • Planifica las cosas con más tiempo. Siempre considera más tiempo del que crees que necesitarás, así no llegarás agobiada. Esto se aplica tanto a objetivos que te plantees como a fechas límite para proyectos o trabajos, o a citas que tengas programadas. Añade más tiempo del que crees que te va a llevar y notarás una gran diferencia en tus niveles de estrés.

 

  • Determina el número de actividades o proyectos distintos que puedes hacer sin agobiarte. Todos tenemos un límite, analiza lo que haces y piensa si sigues siendo productiva y eficaz cuando estás involucrada en diez proyectos, o en cinco o en dos. Todos somos diferentes, tú puedes preferir trabajar solamente en una cosa y cuando acabes empezar otra, o llevar dos o tres a la vez. Lo que funcione para ti, pero que funcione.

 

  • Delega. Dejemoslo claro de una vez, no puedes ni tienes por qué hacerlo tú todo. Es hora de definir qué es lo importante para ti y qué es lo que realmente sólo tú puedes hacer, y lo demás delégalo.

 

  • Establece prioridades. Es hora también de determinar qué es lo verdaderamente importante para ti, para que saques tiempo para eso. No hay tiempo para todo, al menos no para todo a la vez, así que tienes que conocer muy bien tus prioridades. ¿A qué personas quieres de verdad dedicarles tu tiempo? ¿Qué proyectos son los que tienes que acabar primero? ¿Qué puedes posponer? Y no me digas que no puedes posponer nada, porque si sigues así lo unico que harás será empeorar la situación. Así que vuelve a pensar, si no te quedara más remedio, ¿qué podrías posponer? Ahora, acepta que no te queda más remedio si de verdad quieres cambiar ese estado de estar al límite.

 

  • Agrupa tareas similares. Programa tu agenda de forma que si tienes que hacer llamadas sean todas el mismo día, o si tienes que salir para algo que sea todo a la vez. Así estarás más centrada, ya que hacer cosas muy diferente puede hacer que pierdas energía y te desconcentres con facilidad.

 

Salir de ese estado de agobio y saturación depende única y exclusivamente de ti. Recuerda que es tu vida y tú decides a qué y a quién quieres dedicarle tu tiempo. Entiendo que no es fácil, hay personas que toman acción rápido y otras que necesitan ayuda para ver las cosas con más claridad. Ya sabes que, si ese es tu caso, estaré encantada de hablar contigo en privado para ayudarte.

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exitoofracaso

 

>> Escucha este artículo pinchando aquí –>Vencer el miedo al fracaso

 

Se dice frecuentemente que el miedo a hablar en público es más frecuente que el miedo a la muerte, pero ¿y el miedo al fracaso? Mucha, mucha gente no se pone en marcha ni hace cambios por miedo a fracasar. Probablemente una de las palabras más temidas y evitadas, ¿verdad? Por eso una de las preguntas más poderosas que usamos los coaches es:

¿Qué harías si supieras que no vas a fracasar?

 

El fracaso es una palabra que mantiene estancadas a muchas personas y generalmente esconde otros miedos, a que te critiquen, a perderlo todo, etc. Sin embargo siempre hay ejemplos de personas que se han puesto manos a la obra y han conseguido sus propósitos. Es más que habitual pensar que eso es debido a que han tenido suerte, o que son especialmente inteligentes, guapos, ricos, o lo que se te pase por la cabeza ahora. Pero ¿sabes cuál es la verdadera diferencia? Que ellos han decidido dar el paso y dejar a un lado el miedo a fracasar. Que han decidido que iban a triunfar pasara lo que pasase, y que han puesto toda la carne en el asador, como se dice habitualmente, y han trabajo mucho para conseguirlo. Esa es la verdad. Lo mejor es que si ellos pueden tú también, sólo necesitas saber cómo afrontar esos miedos, así que aquí tienes dos recomendaciones.

 

Descubre tu verdadero miedo.

El miedo al fracaso esconde otros miedos detrás: a las críticas, a perderlo todo, a quedarte sola, etc. Así que el primer paso es descubrir cuál es el verdadero miedo que se esconde detrás. Una vez lo tengas claro hay varias cosas que puedes hacer:

 

  • Crea un plan alternativo, un plan B, que te ayude a estar más tranquila. Por ejemplo si lo que de verdad temes es quedarte sin dinero, crea un colchón financiero. Si piensas que tu familia se va a ver perjudicada de alguna forma, asegúrate de que sea tu prioridad número uno, etc.
  • Recuerdate constantemente las ventajas, beneficios y razones por las que quieres seguir adelante. ¿Por qué merece la pena correr el riesgo? ¿De verdad es mejor quedarte como estás? Hace poco leí en el libro “El Sorprendedor” de Sergio Fernández y Rubén Chacón un párrafo que me gustó mucho:

 

– ¿Y no hay alguna manera en la que yo pueda ganar sin posibilidad de perder?
– Recuérdalo bien: se puede jugar para ganar, y entonces eres como el guerrero: estás dispuesto a jugártelo todo con tal de ganar. O se puede jugar para no perder, y entonces sólo juegas a medias, no lo apuestas todo y, como estás más focalizado en conservar lo poco que tienes que en jugar de forma excelente, lo más fácil es que acabes perdiendo lo poco que tienes y que no ganes nada.

 

Hay gente que juega a ganar y gente que juega a no perder…. ¿Qué estás arriesgando cuando juegas a no perder?

 

  • Analiza tu miedo lo más racionalmente que puedas. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Y qué? En el 99% de los casos sobrevivirías y seguirías adelante. Piensa sin embargo en cómo te afecta ese miedo y lo que ganarías si lo ignorases, y sopesa los pros y los contras.

 

 

Deja de considerar el fracaso como algo negativo.

Esto es algo que yo considero imprescindible para avanzar a pesar del miedo al fracaso. Una vez te comenté que había leído en una entrevista que Bruce Springsteen llama a los nervios “emoción”. Le quita la connotación negativa a los síntomas y no le afectan igual que a ti o a mi. Pues a eso me refiero exactamente. Para mi la palabra fracaso ya no significa nada especialmente malo, o quizá es que yo no considero un fracaso lo que no ha funcionado. Según la RAE fracaso es :

 

1. Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio.
2. Suceso lastimoso, inopinado y funesto.
3. Caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.

 

Según esto todos hemos fracasado alguna vez, y depende de ti considerarlo un “suceso funesto” y lamentarte toda la vida, o considerarlo simplemente un resultado adverso. Eso es lo que el fracaso es para mi, un resultado adverso. Si para ti fracaso significa: “Lo peor que te puede suceder en la vida y que te va a llevar a vivir debajo de un puente y a que encima se rían de ti y te apunten con el dedo”, ¡entonces normal que estés paralizada!

 

Es hora de quitarle esa connotación negativa y aprender que el fracaso no es más que un resultado adverso que nos lleva hacia el siguiente paso, cada vez más cerca del éxito…

 

Entiendo que no es fácil, especialmente cuando estás decidiendo, que es la situación que genera más ansiedad y miedo. Una vez que tomas la decisión parece que se acepta mejor, porque cuando te comprometes, sabes que harás lo que haga falta para salir adelante; y cuando haces lo que hace falta, consigues resultados. Si necesitas más pruebas piensa en los millonarios que perdieron su fortuna y al poco tiempo volvieron a conseguirla. ¿Por qué? Porque no se quedaron quejándose y culpando a los demás, se levantaron y a empezar de nuevo.

 

En resumen, hagas lo que hagas en la vida te será muy útil empezar a pensar en el fracaso como en un mero resultado adverso que te enseñará una lección y que es un paso más hacia tu objetivo. Y si lo necesitas, averigua qué se esconde en realidad detrás de ese miedo y diseña soluciones para que no te paralice. Como siempre digo, nadie dice que sea fácil, pero sí es factible, es cuestión de comprometerse…

 

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negatividad

 

Recuerdo cuando decidí empezar mi negocio de coaching, todavía en Canadá, y las distintas respuestas que recibí. La gente de allí me dió la enhorabuena y me animó mucho. En España, en cambio, me dijeron que si estaba loca, que me lo pensara más veces, etc.

Obviamente me alegro muchísimo de haberlo comenzado lejos de aquí porque no hay duda de que si los que te rodean te apoyan, las cosas son más fáciles o, si no más fáciles, te las tomas de otra manera y no pierdes la motivación ni dejas que la inseguridad y los miedos te paren.

 

>> Escucha este artículo aquí –>Cómo afrontar la negatividad de los demás

 

Esa es una de las razones por las que siempre recomiendo que te rodees de gente positiva que te apoye y anime en los momentos duros y que celebre contigo todos tus logros, por pequeños que sean al principio. Sin embargo a veces no es tan fácil (¡cuándo lo es!), y no serías el primer caso si estás rodeada de personas negativas, vampiros energéticos que, con buenas intenciones (a veces), en vez de ayudarte te hunden. ¿Te suena?

 

Si esa es tu situación, estas son algunas cosas que puedes tener en cuenta:

 

  • No intentes convencerles ni cambiarles.

Esto ya lo mencioné en mi artículo sobre cómo vencer la resistencia de los demás, que no tengas que gastar energía tratando de cambiar a los demás o de convencerles de tu idea, porque eso te hará tener dudas y sentirte más insegura. Por otro lado, es su vida y su mentalidad, y no te corresponde a ti cambiarlo (aunque lo estés deseando). Además si empiezan a ver que las cosas te van bien, querrán aprender de ti y cambiarán ellos solos : )

 

  • Consideralo una prueba más en tu camino.

Esto me encantó cuando lo leí en el libro “Los secretos de la mente millonaria” de Harv T. Ekker. Como él dice:

 

 “Al igual que el acero se endurece en el fuego, si puedes permanecer fiel a tus valores mientras otras personas de tu entorno están llenas de dudas e incluso de palabras de condena, crecerás más rápido y más fuerte.”

 

Imagina cómo te sentirás cuando logres llevar adelante tu proyecto a pesar de la negatividad de tu entorno. ¡Invencible!

 

  • Si puedes, aléjate un poco de esas personas o frecuenta otras compañías más beneficiosas para tu desarrollo personal y tu motivación.

Seguro que encuentras alguna asociación, grupo o foro online de emprendedores o personas con los mismos intereses que tú, que te pueden aportar ese apoyo y motivación que necesitas. No te quedes parada esperando que las cosas o las personas cambien solas, ve en busca de personas con la mentalidad que tú quieres o contrata a un coach que te apoye y te ayude a mantenerte centrada y animada.

 

  • No comentes tus planes, sueños u objetivos con las personas negativas para que no haya lugar a la crítica.

O si te preguntan qué tal va, responde sucintamente “bien, gracias” y cambia de tema.

 

En resumen, aunque no es la situación ideal todo depende de tu actitud, como siempre. En el peor de los casos, te tendrás que plantear medidas más drásticas. Como me dijo una cliente “a veces hay que soltar lastre.” ¿O acaso quieres estar con alguien que desdeña lo que haces y le pone pegas a todo?

 

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perseverar

¿Cuántas veces te has propuesto metas y objetivos nuevos, al principio con ilusión para después, a medio camino, perder el entusiasmo y abandonar, dándote por vencida? Esto es especialmente frecuente a comienzos de año, con los famosos propósitos para el año nuevo, pero se puede aplicar a cualquier otra época o situación ¿Es ese tu caso? ¿Te sueles dar por vencida fácilmente?

>>Escucha aquí el podcast de este artículo:Cómo ser más perseverante

 

Muchas lectoras me han escrito diciéndome que  les gustaría ser más perseverantes y no dejar las cosas a medias. Yo tengo la suerte de ser una persona perseverante, cuando se me mete algo en la cabeza no paro hasta que lo consigo, pero también es cierto que hay cosas que parezco incapaz de llevar a cabo, que empiezo y luego voy dejando. ¿Cuál es la diferencia? Creo que ahí reside la solución, ¿por qué unas sí y otras no? ¿Qué hace que sea perseverante y consiga todo lo que quiero? ¿Cómo puedes hacerlo tú?

 

La respuesta está en la misma pregunta, consigo lo que quiero porque lo quiero. Porque se me mete en la cabeza y decido que lo quiero a toda costa y hago lo que sea para conseguirlo. Esa es la diferencia entre las cosas que acabo y que consigo y las que no. Y es probablemente lo que te pasa a ti también. Párate un momento a pensar en todas las cosas que conseguido, las que te has propuesto y acabado. Si lo has logrado una vez, podrías lograrlo todas las que quisieras, pero tienes que querer.

 

No es tan fácil, claro (si no yo ahora mismo sería puro músculo, en lugar de decirme que tendría que hacer algo de ejercicio… : D ), no te puedes obligar a querer algo, pero sí que puedes tener ciertas cosas en cuenta para que mejoren las probabilidades de conseguir tus propósitos y para mejorar así la perseverancia:

 

– Ponte propósitos u objetivos SMART : específicos, realistas, con fecha límite y que puedas medir, que sepas cuando lo has conseguido. El ejemplo que te he puesto antes, “a ver si este año hago más ejercicio” es exactamente lo que no tienes que hacer. Alternativa: “Este año voy a hacer 30 minutos de yoga 3 días a la semana”.

 

– Divide tu propósito en micro-pasos, más fáciles de llevar a cabo, sobre todo los primeros que son los más difíciles. Siguiendo con el mismo ejemplo, podría empezar decidiendo qué días voy a hacerlo y si en un gimnasio o en casa, y buscando DVDs o vídeos para tenerlo todo preparado.

 

-Saca tiempo y reserva la hora. Fundamental, hazlo una prioridad y reserva el tiempo que necesites. Por ejemplo, yo los jueves por la tarde tengo clase de danza del vientre, me encanta, me viene bien y no lo cambio. Por tanto, todos los jueves por la tarde los tengo ocupados, no me lo cuestiono. ¿He hecho alguna excepción? Sí, claro, pero pocas. Si realmente quieres hacer algo, reserva esos días y horas como si fueran lo más importante de tu vida. De hecho, ponlo en tu calendario o agenda antes que cualquier otra cosa.

 

– Encuentra la motivación. Aunque empezar un proyecto y llevarlo a cabo genera de por sí mucha motivación, también es importante que tengas claras las cosas que te motivan para que puedas aplicarlas a tu objetivo. Empieza por tener una razón importante para llevar a cabo el propósito, una razón que de por sí te motive a seguir independientemente de los obstáculos que te encuentres. ¿Por qué es importante para ti conseguir tu objetivo? Analiza también qué cosas son las que te motivan: dinero, seguridad, ayudar,… Y recuerda, como bien dijo Zig Ziglar:

 

People often say that motivation doesn’t last. Well, neither does bathing—that’s why we recommend it daily” , más o menos “La gente dice a menudo que la motivación no es duradera. Bien, tampoco lo es el baño – por eso lo recomendamos a diario.”

 

-Celebra cada resultado cuando se produzca y por pequeño que sea. Algo muy sencillo y que seguro que no haces (y yo a veces tampoco, para ser realista). Es importante celebrar lo duro que estás trabajando y los resultados que obtienes en cuanto los tengas. No lo pospongas porque si no, no lo celebrarás, y celebrar es algo importante en la vida, es como darte una palmadita en la espalda y ayuda a mantenerte motivada.

 

-Ten en cuenta que lo que sientes tiene un impacto directo en lo que puedes hacer, así que es importante que te encargues de sentirte bien, porque entonces tendrás más animo y motivación para seguir adelante. Rodéate de gente que te anime y lee o escucha material que te inspire.

 

Quiero acabar este artículo sobre perseverancia y objetivos con una reflexión de Tony Robbins,  un coach reconocido internacionalmente, que dice que creer en ti mismo lleva a tener potencial, el potencial lleva a la acción, la acción da lugar a resultados y los resultados llevan a creer en ti mismo. El ciclo completo empieza con creer en ti mismo.

 

CREER EN TI MISMO —> POTENCIAL—> ACCIÓN—> RESULTADOS–> CREER EN TI MISMO

 

Tenlo en cuenta.

 

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Foto de I like/Flickr

 

no escuches

Es curioso como a veces las circunstancias conspiran para que escriba un artículo. Esta vez han coincidido el capítulo del libro que estaba leyendo (mientras recordaba mi propia experiencia) y los comentarios de varios lectores y de algún cliente. Hablando, nada más y nada menos, de la resistencia de algunas de las personas que te rodean a que cambies. Así que decidí escribir este artículo.

>>Escucha el podcast aquí–>Cómo superar la resistencia de los que te rodean

La realidad es que, en general, los grandes cambios generan resistencia por parte de las personas más cercanas. No de todas, claro, puedes tener la suerte de que tu pareja, tu familia o algunos de tus amigos te apoyen al 100%. Pero en general, ante grandes cambios te encontrarás con resistencia, y es importante que lo sepas y que estés preparada porque se pueden generar conflictos.

 

Considera esta situación: después de muchos titubeos has decidido darle un giro a tu vida, cambiar de profesión, crecer como persona, lo que sea. Te ha costado tomar la decisión y afrontas el comienzo con algo de miedo e inseguridad y, por supuesto, esperas el apoyo de los que te rodean y además lo necesitas. La sorpresa llega cuando el esperado apoyo no aparece, o no del todo. A las personas que son importantes para ti parece no gustarles el cambio, incluso aunque sea para bien. O bien se oponen, o le ponen trabas a todo o te desaniman, o incluso se enfadan y te tachan de loca. ¿Te ha pasado alguna vez? Justo cuando más necesitas su apoyo, te llueven las críticas y los comentarios negativos.

 

Es normal y muy frecuente. La cuestión es que todas esas personas se han acostumbrado  a tu antigua forma de ser, a tu antigua identidad y para ellos también es un desafío tener que acostumbrarse a la nueva tú. Muchos lo harán poco a poco, pero otros no. Saber que esta oposición es en cierto modo natural y que pasará (porque te aseguro que pasará) es un alivio, pero no va a eliminar los malos ratos y posibles discusiones.

 

De hecho, este tipo de reacciones por parte de los que te rodean, sobre todo si no las esperabas, provoca dos cosas: 1) que en lugar de comentar tus planes con ilusión, como tenías previsto, tengas que convencer (debido la necesidad de aprobación que tenemos). Lo que hace que aumente tu inseguridad y que tengas más dudas; y 2) que pierdas la paciencia y te enfades, reaccionando de formas que no son las más adecuadas y no benefician a nadie, y mucho menos a ti.

 

Por supuesto es normal, y no tienes que culparte a ti misma, simplemente encontrar formas más constructivas de mejorar la situación. No es bueno tener una actitud pasiva y dejarte llevar por la opinión de los demás, o no decidirte a dar el paso para evitar futuras confrontaciones. De hecho, eso podría generar resentimiento y dar el mismo resultado a la larga. En todo caso si estás o temes estar en esta situación, esto puede ayudarte:

 

  • Acepta que vas a encontrar resistencia por parte de tus seres queridos, que no te pille desprevenida. No lo hacen con mala intención, de hecho creen que lo hacen por tu bien.
  • Averigua de qué tienen miedo, cuáles son sus objeciones y neutralízalas. Por ejemplo, que temen que te quedes sin ingresos, coméntales que tienes ahorros o que tienes un plan B.
  • Busca formas de eliminar comentarios negativos sin ser agresiva. Por ejemplo: “Sé que estás preocupada/o  por mi y te lo agradezco, pero confío en mis capacidades y sé que puedo salir adelante; y me gustaría contar con tu apoyo, me ayudaría mucho.”
  • Si el cambio afecta a algún miembro de tu familia preguntale qué se puede hacer para mejorar la situación (por supuesto, comentando que lo que haces es importante para ti y que vas a seguir con ello, pero que no quieres que eso repercuta en su bienestar, o algo así). Esto es especialmente importante cuando afecta a tus hijos o a tu pareja, que se sientan seguros, que no se sientan abandonados.
  • Asume que puede que algunas personas simplemente no acepten el cambio, es ley de vida. Ambos sobrevivireis.

 

Si nada de esto te da resultado, lo mejor es distanciarse un poco. Yo, por ejemplo, prefiero distanciarme durante un tiempo antes que tener confrontaciones diarias que, aunque no lleguen a ser discusiones, te agotan y desmoralizan. Y una vez la fase inicial se ha superado y tengo la suficiente confianza y seguridad como para que lo que digan los demás no me afecte, entonces vuelvo al ruedo, por así decirlo; y simplemente dejo que los comentarios negativos me entren por un oído y me salgan por otro; o agradezco su preocupación pero les digo que es mi decisión y, como en todo lo que hago, voy a luchar para que salga adelante porque es importante para mi y, al fin y al cabo, es mi vida.

 

Como dice Susan Jeffers en su libro “Feel the fear and do it anyway”, lo más importante de todo es que seas tu mejor amiga, que no te critiques tu misma en ningún momento. Al final, tus seres queridos aceptaran esta nueva versión de ti y si alguien no lo hace, tranquila, serás lo suficientemente fuerte y adulta como para romper lazos y seguir adelante. No sería ni el primer ni el último caso. Lo que de verdad necesitas para pasar esta etapa es tener confianza en ti misma, apostar por ti y tener una razón para seguir adelante con tu proyecto. Es tu vida, no lo olvides.

 

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Imagen: Remember! Don’t listen! de Willian Doran/Flickr


 

mujer aburrida

 

Siempre se habla de técnicas para combatir el estrés, para evitar estar agobiada y saturada y ser más productiva; pero no se habla tanto del caso opuesto, cuando no tienes suficiente estrés.

>>Escucha el podcast de este artículo–> Cómo lidiar con la falta de estrés.

 

El estrés es algo que en su justa medida es beneficioso, te da energía, te mantiene motivada y entusiasta. Por supuesto, en exceso, el estrés puede afectar a distintas áreas de tu vida e incluso ser perjudicial para la salud. Pero también tiene consecuencias el caso opuesto, la falta de estrés; que puede generar frustración, desánimo, desmotivación, aburrimiento, apatía, falta de energía…

 

Son los casos en los que no tienes suficiente volumen de trabajo y te aburres, o cuando el trabajo es muy repetitivo y lo podrías hacer hasta con los ojos cerrados. Cuando no hay desafíos en tu vida y el tiempo se te hace eterno. En muchos casos es algo temporal, pero el problema surge cuando la situación se alarga; es entonces es cuando aparecen la apatía, la falta de motivación y la desgana. ¿Qué puedes hacer en estos casos? (y antes de seguir recordarte que si tienes síntomas de depresión o problemas serios de autoestima a quien tienes que dirigirte es a un terapeuta profesional no a un coach). Apunta:

 

  • Determina la fuente de tu insatisfacción. ¿Es el trabajo, tu vida en general, algunas personas con las que tratas…? Piensa también qué es lo que te falta: diversión, salir de la rutina, más cantidad de trabajo, creatividad, poner en uso tus talentos, más desafíos… Si no sabes cuál es el problema no podrás solucionarlo.

 

  • Encuentra actividades que te llenen de energía. Durante un tiempo observa que actividades o personas te hace sentir bien y te llenan de energía y motivación. Proponte dedicarles más tiempo.

 

  • No sobrecargues un área de tu vida con responsabilidad. Es fácil caer en la trampa de que tu trabajo (o cualquier otro área de tu vida) tiene que llenarte completamente y suplir todas tus necesidades y ambiciones. Aunque sería ideal, no es realista esperar eso. Si hay algo que tu trabajo no cubre, búscalo en otras áreas de tu vida. Quizá una afición pueda aportarte esa dosis de riesgo o diversión que necesitas. La cuestión es que tus necesidades, ambiciones y valores queden cubiertos entre todas las áreas de tu vida.

 

  • Huye de lo cómodo. Como ya he mencionado antes, este tipo de situación puede generar una apatía que te haga difícil tomar acción para cambiar las cosas y así entras en un círculo vicioso. Plantéate cada cierto tiempo si tienes lo que necesitas para sentirte activa y con energía o si, por el contrario, estás aburrida o estancada.  Piensa formas de salir de esa situación. ¿Qué podrías hacer para recuperar la energía? A veces no es que el problema sea difícil sino que no te has parado a hacerte las preguntas adecuadas. ¿Qué puedes cambiar para mejorar tu situación?

 

  • Cambia. Si tu situación no te llena, si sientes que estás desperdiciando los días, ¡cambia algo! Párate a pensar qué necesitas para cambiar esa situación y prueba distintas cosas. No esperes milagros, si sigues haciendo lo mismo las cosas no van a cambiar. No tienes que empezar con un gran cambio, empieza con pequeñas cosas si es necesario; pero acostúmbrate al cambio, a cuestionarte siempre si lo que haces te llena o no y a probar cosas nuevas. Nadie dice que sea fácil, pero si quieres un cambio tienes que hacer el esfuerzo.

 

Aunque hay muchas cosas que están fuera de nuestro control, sí que somos responsables de mucho más de lo que admitimos y esta es una de esas cosas. Si tu trabajo o cualquier otro área de tu vida no te llena y te sientes falta de desafíos, ¡cambia algo! Seguir así depende de ti. Como le decía a una cliente el otro día, el tiempo va a pasar hagas lo que hagas y está en tu mano estar donde quieres de aquí a un tiempo o seguir exactamente como ahora. ¿Dónde vas a estar tú?

 

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Imagen: Bored!!! de Samael Kreutz/Flickr

 

sonrisa

Find a job you like and you add five days to every week.”  H. Jackson Brown, Jr.

“Encuentra un trabajo que te guste y le añadirás cinco días a la semana.”  H. Jackson Brown, Jr.

 

>> Puedes escuchar este artículo pinchando aquí.

Hay veces en que te sientes “atrapada” (o atrapado) en un trabajo que no te llena ni te gusta y debido a tus circunstancias, miedos y necesidades prefieres aguantar que decidirte a dejarlo. Y ¿cómo vas a  encontrarte satisfecha en un caso así, verdad?

 

Yo siempre soy partidaria de cambiar  lo que no te gusta, pero si no te decides y eliges seguir aguantando, hay ciertas cosas que puedes hacer para que tu situación sea más llevadera y te sientas satisfecha.

 

El primer paso está en aceptar que, como en todos los ámbitos, la clave está en tu actitud, en tus expectativas y en saber lo que te hace feliz. Si estás enfadada, frustrada o deprimida será difícil que te sientas satisfecha. Lo que determina tu felicidad es cómo reaccionas frente a los contratiempos y a las situaciones del día a día. Así que decide, ¿qué puedes cambiar en tu actitud?

 

Otra pregunta importante es, ¿qué necesitas para sentirte satisfecha? Aunque hay muchísimas cosas que se pueden mencionar, en general hay tres básicas: más dinero (estatus), ascensos o posibilidad de desarrollo (prestigio), o disfrutar con lo que haces. Para algunas personas lo más importante es el dinero, tener un buen estatus; y se sentirán satisfechas si tienen un sueldo elevado independientemente del trabajo. Para otras más que el dinero es la posibilidad de ir ascendiendo, y para otras hacer un trabajo con el que disfruten. Por supuesto también puede haber distintas combinaciones. Por ejemplo, yo necesito trabajar en algo que me apasione y que implique desarrollo profesional. Aunque me gusta el dinero, prefiero ganar menos y tener las dos anteriores, especialmente la primera. ¿Y tú? ¿Cuál de estos ingredientes tiene que estar presente en tu trabajo para que te sientas satisfecha?

 

Una vez sepas eso, ¿qué más puedes hacer para sentirte satisfecha o satisfecho en tu trabajo? Aquí van algunas sugerencias:

 

  • Aumenta los desafíos. A nadie le gusta estar estancado y sin ningún tipo de desafio. Si tu trabajo no los tiene, defínelos tú. Proponte metas para superarte cada día o haz competiciones con un compañero (quien consigue más ventas hoy, tardar menos que ayer en acabar un informe, etc). Aprende algo distinto de lo que normalmente haces, proponte enseñarle a alguien,…
  • Conecta con alguien. Todo es mucho más agradable cuando tienes a alguien con quien compartir tu día a día. (Ya sé que a veces no es fácil, pero eso es harina de otro costal.)
  • Rompe la rutina. Sinceramente, a mi la rutina me mata, hacer todos los días lo mismo a la misma hora me parece desquiciante. Si quieres evitar el aburrimiento, cambia de turno, apuntate a algun curso, cambia de departamento. ¿Qué no puedes hacer nada de eso? Cambia tu rutina diaria, ve a comer a sitios diferentes, queda con distintas personas, cambia la decoración de vez en cuando. La clave está en la variedad y en hacer más llevaderos los pequeños momentos. A veces los momentos cotidianos a los que no damos importancia pueden marcar la diferencia entre un día cualquiera y un día agradable.
  • Haz tu trabajo bien. El trabajo bien hecho y las tareas completadas generan muchísima satisfacción.
  • Busca la satisfacción en otras áreas de tu vida. Haz que el tiempo que pasas fuera del trabajo sea como tú quieres. Porque tu trabajo no tiene que ser el único responsable de tu plenitud (aquí entra el tema de las expectativas, ¿qué esperas de tu trabajo?). Busca actividades que te llenen de energía y que suplan tus inquietudes. Así conseguirás que mejore tu ánimo y predisposición y también tu actitud en el trabajo.
  •  Conoce a la perfección tus opciones. Es fácil sentirse estancada cuando no tienes ni la más remota idea de tus alternativas y opciones. Sin embargo, cuando las tienes claras eso hace que estés más satisfecha en tu trabajo porque tú lo has elegido entre todas las opciones. Investiga posibles trabajos alternativos, actualiza tu curriculum, infórmate.

 

Si aun así, no logras sentirte satisfecha es hora de cuestionarte seriamente los motivos de que sigas así. ¿De verdad no puedes cambiar? ¿O es que el miedo te lo impide? La vida es larga ¡pero no para quedarte es un sitio que odias! Si tus motivos no son necesidades reales, es hora de plantearse un cambio.

 

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aburrida

>>Pincha aquí para escuchar este artículo.
 
¿Llevas una vida rutinaria y monótona? El trabajo, los estudios, los niños, la casa. Es muy fácil acomodarse a las viejas rutinas diarias y que los días y las semanas pasen sin pena ni gloria, ¿verdad?

 

La falta de novedades y la monotonía pueden hacer que estés aburrida, desmotivada y sin energía; y que no encuentres ni tiempo ni ganas de hacer nada. Por eso es importante romper con la rutina, recuperar el dinamismo y hacer tu vida más agradable y divertida. Para que te sientas bien y además tengas energía y motivación para afrontar los obstáculos. Lo mejor de todo es que no es tan dificil como crees, romper con tu rutina no significa hacer cambios extremos (a no ser que tú quieras, claro) o abandonar las cosas y costumbres que te gustan. ¿Quieres saber cómo empezar? Prueba con esto.

 

  1. Descubre cosas nuevas. Es fácil acomodarse a lo que ya conoces y te gusta, pero descubrir cosas nuevas es emocionante, te ayuda a acostumbrarte a correr riesgos y aporta muchas cosas buenas a tu vida. No tiene que ser algo radical, por ejemplo si siempre comes el mismo tipo de comida, prueba otra distinta; practica un deporte nuevo, cambia de lugar de vacaciones, de estilo de música, etc.  Habrá cosas que no te gustarán, y esas las dejas de lado y ya está, pero también descubrirás otras que sí. Por ejemplo, yo siempre he sido una gran lectora, pero nunca me había interesado la novela gráfica. Así que simplemente la ignoraba, hasta que mi marido me convenció (me conoce bien) para leer una. Y ahora ¡le doy las gracias! Me ha convertido en una gran aficionada a este tipo de novelas, me aportan una experiencia distinta a la lectura “tradicional”, una combinación de trama y arte. O tantos ejemplos de cosas que ido posponiendo probar y luego he pensado “¡pero como he podido vivir tantos años sin esto!” Recuerda, no tienes que abandonar lo que te gusta, sólo estar abierta a otras posibilidades.
  2.  

  3. Apúntate a eso que llevas tiempo deseando hacer. Todos tenemos en mente alguna cosa que nos encantaría probar, pero por miedo, pereza o inseguridad no nos atrevemos. A mi me pasó con un curso de jeroglíficos egipcios y con la danza del vientre. Al final me animé y no sólo me encantaron ambas cosas (de hecho sigo practicando danza del vientre) sino que ahora no dudo en apuntarme a cualquier tipo de curso que me apetezca. Eso cambia tu rutina, te descubre cosas sobre ti misma, te ayuda a conocer a más gente y te da energía. Así que anímate, ¿qué es lo tuyo? Baile, escritura, bricolaje, voluntariado, cocina, paracaidismo,…Hazte ese regalo, lo disfrutarás muchísimo.
  4.  

  5. Haz pequeños cambios. Como ya he mencionado no necesitas un cambio radical para salir de la rutina, pequeños cambios también tiene un gran efecto, hacen que pienses y actúes de forma distinta a la habitual. Algunos ejemplos: cambiar de trayecto al ir a trabajar, desayunar algo distinto, hacer la compra en un supermercado nuevo, ir al cine los martes en lugar de los sábados (o los días que vayas). Lo que se te ocurra para pensar de forma distinta. Verás que al principio te cuesta, pero luego se irá despertando tu creatividad y disfrutarás mucho con esos pequeños cambios.

 

Como digo no es necesario hacer cambios radicales ni darle la vuelta a tu vida de la noche a la mañana. Pequeños cambios son suficientes para romper con tu rutina y disfrutar más de la vida. Además aumentará la confianza en ti misma y tu tolerancia a los cambios y estarás más abierta a oportunidades nuevas. ¿Qué me dices? ¿Por dónde vas a empezar?

 

 
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niñopasos

 

¿Estás a punto de empezar algo nuevo? Quizá te preguntes “¿Y ahora por dónde empiezo?  Una de las situaciones más comunes a las que te puedes enfrentar es el bloqueo inicial que se produce justo cuando decides empezar algo de una vez por todas. Especialmente si hablamos de empezar desde cero.

Para escuchar este artículo como podcast pincha aquí.

Probablemente hayas pasado mucho tiempo haciendo planes, quizá leyendo artículos y libros de autoayuda, decidiendo qué quieres hacer e intentando superar tu miedo e inseguridad para dar ese primer paso, y cuando por fin te decides, te surge la confusión. Sí, sé lo que quiero, pero ¿por dónde empiezo?

 

Esta situación de confusión y bloqueo es normal y muy frecuente cuando se trata de empezar desde cero o de objetivos muy ambiciosos o grandes cambios. Por ejemplo, cuando decides dejar tu carrera después de muchos años para montar tu negocio, o cuando decides que tu vida no te satisface y que quieres empezar desde cero. Ya tomar esa decisión es difícil de por sí, pero después te preguntas “y ahora, ¿por dónde empiezo?” Y te entran dudas: ” ¿y si me equivoco?“, “a ver si me arrepiento“, “todavía estoy a tiempo de dar marcha atrás“, etc. Si esta es tu situación, sé perfectamente cómo te sientes, y voy a compartir contigo unas estrategias para ayudarte a dar ese primer paso:

 

1. Crea un plan de acción. Es fundamental, especialmente si tu objetivo es ambicioso o a largo plazo (en ese caso puedes crear un plan a corto plazo y otro a largo plazo.) Probablemente ya tengas una visión del resultado final, pero es muy importante que dividas esa meta en subobjetivos, en pequeños pasos, y a ser posible con una fecha límite. Por ejemplo, cuando decidí establecerme como coach hice una lista de las cosas que tenía que hacer (darme de alta como autónoma, crear mi web, amueblar el despacho,  hacer tarjetas de negocios…), les puse una fecha límite y las ordené por prioridad. Después, cada una de esas tareas las subdividí en pequeñas acciones (crear web: buscar hosting, decidir nombre, …)

 

2. Determina el primer paso a dar, sólo uno. Ese es el truco para superar el bloqueo inicial, pensar sólo en la primera acción que puedes tomar y que te llevará al objetivo final. Al ser sólo una cosa no te agobiarás y no te dará tanto miedo y, además, ese primer paso te dará la suficiente motivación para seguir adelante. Puede que tengas una visión de cómo quieres que sea tu negocio de aquí a dos años, pero en este momento pensar así te puede paralizar y agobiar, así que céntrate SÓLO en el primer paso. No es lo mismo pensar en montar un negocio y todo lo que conlleva, que simplemente elegir el nombre del negocio, por ejemplo.

 

3. Céntrate sólo en la siguiente acción.  A veces lo que quieres conseguir te puede desanimar porque lo ves lejano e inalcanzable, incluso aunque ya te hayas animado a dar el primer paso. Por eso, te recomiendo que te centres únicamente en el siguiente paso a dar. Te resultará más fácil y, además, te irás motivando al ver que avanzas.

Así que ten siempre presente “¿Qué es lo siguiente que tengo que hacer?“, especialmente en momentos de agobio y estrés. Para, descansa, y piensa, ¿qué es lo siguiente que tengo que hacer? Lo de parar y descansar es fundamental, darte tiempo para pensar en otras cosas y recobrar fuerzas; y cuanto más ocupada estés, más lo necesitarás. Cuando nos mudamos de Toronto a España hubo momentos de sumo estrés en los que paramos, descansamos un par de días y luego vuelta a empezar.

 

4. Rodéate de gente que te apoye y recuerda cada día las razones por lo que lo haces. Son momentos de dudas e inseguridad, y por eso es fundamental que te separes un poco de personas negativas y te rodees de apoyo. Gente que te anime, que ya haya pasado por ahí, que te ayudará pase lo que pase. Hablar con este tipo de personas hará que tengas más valor y energía para dar el primer paso y que dudes mucho menos. Incrementa el efecto leyendo artículos positivos y haciendo una lista de todas las razones por las que quieres ese cambio y por las que te lo mereces (aunque te cueste admitirlo, te lo mereces.)

Cuando yo me decidí a empezar mi negocio de coaching hablé con mis compañeros de curso, con varios coaches, con las personas que me animaban y dejé de comunicarme por un tiempo con los que me decían que estaba loca y que me lo pensara mejor. Y no me arrepiento.

 

5. Pide y acepta ayuda en todas las áreas en las que lo necesites. A lo mejor necesitas más atención por parte de tu pareja, amigos o familiares. O invertir dinero en delegar en alguien, o contratar a un experto que te facilite la tarea. A mí me costó al principio, pero ahora siempre que puedo invierto dinero en coaches que estén donde yo quiero estar y en delegar lo que me quita tiempo y no me aporta nada. Al principio cuesta, porque lo ves como un gasto, pero recuerda, no estás gastando, estás invirtiendo y ganando tiempo, tranquilidad y energía.

 

A estas cinco estrategias le sumaría una más: ¡Premiate! Estas haciendo un gran trabajo, reconocelo. Te ha costado mucho dar el paso y todavía andas despacito, pero lo estás haciendo muy bien. Así que recompensate y sientete orgullosa de ti misma, porque muy poca gente tiene el valor de hacer lo que tú estás haciendo. ¿Por qué estrategia vas a empezar?

Déjame tu opinión abajo.

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(Fotografía de S. Braswell)

 

persona con alas

 

¿Te has planteado alguna vez por qué no consigues tener éxito en lo que te propones?
Tanto si hablamos de éxito profesional (que es lo que la mayoría asocia con la palabra “éxito”), como si nos referimos a otros ámbitos, a veces te parece un imposible, ¿verdad?

>> Puedes escuchar este artículo en versión podcast aquí.

Una de las razones más frecuentes de que no lo consigas es el miedo a fracasar, que hace que ni siquiera lo intentes; pero si indagamos un poquito más hay otras dos razones escondidas: 1) que no crees merecértelo (escribí un artículo sobre este tema hace tiempo), y 2) que tienes miedo, pero no al fracaso, no, sino al éxito.

 

Puede parecer absurdo tenerle miedo al éxito, si es lo que en realidad quieres, ¿no? Pero no hay nada de absurdo, de hecho, estas son las razones principales de que, en el fondo, te de miedo conseguir el éxito:

 

    • Crees que si tienes éxito no vas a tener pareja, no vas a atraer a nadie. Asocias las mujeres exitosas con arpías egoístas y solas.

 

    • Crees que tener éxito afectará a tu familia (y no para bien), eso si llegas a tener familia, porque tienes la idea de que las mujeres de éxito o no tienen hijos o se pasan el día esclavizadas y no tienen tiempo para verlos.

 

    • Asumes que tener éxito significa tener dinero, y que en cuanto tengas más dinero te volverás una arpía sin corazón, porque ya “sabemos” que la gente con dinero es egoísta y mala.

 

    • Piensas que si tienes éxito y hablas de tus logros la gente te rechazará. Van a pensar que eres una prepotente y no querrán tener nada que ver contigo. Resultado: te quedarás sola.

 

    • Estás convencida de que para ganar y tener éxito alguien tiene perder, y a ti te gusta ayudar a los demás, no quieres pisotear a nadie, que es lo que crees que vas a tener que hacer.

 

Después de leer esto, ¿te extraña que no quieras tener éxito? Con estas creencias no es que no puedas, es que casi prefieres irte a vivir debajo de un puente. Pero vamos a ser realistas, esto es lo que te sugiero:

 

    • Define qué es tener éxito para ti y en función de eso podrás decidir qué hacer a continuación. Porque a lo mejor lo que te da más miedo se corresponde a una definición de éxito que no es la tuya.

 

    • Identifica tus prioridades. Si tienes claro qué es lo que verdaderamente te importa, te resultará más fácil tomar medidas para que esas prioridades no se vean muy afectadas. Quítate de la cabeza la imagen de la mujer de éxito sin hijos, si quieres tener hijos hazlo tu prioridad y modifica lo que necesites para conseguirlo. No te arrepentirás porque es tu prioridad. Si por el contrario prefieres centrarte en tu carrera, haz lo que sea necesario para conseguir lo que quieres. Pero, por favor, ten muy claras tus prioridades, que no pasen los años y te des cuenta de que has empleado tu tiempo y energía en cosas que, en realidad, no te importaban.

 

    • Algunas personas te rechazarán cuando consigas el éxito. Algunas personas te rechazarán si no consigues el éxito. Algunas personas te rechazarán. Esas personas no te importan, no merecen la pena. Céntrate en las que sí estarán ahí.

 

    • Una competencia sana no significa pisotear a nadie. Para llegar donde tú quieres habrá momentos en que otras personas estarán implicadas y tendréis que competir. ¿Cuál es el problema? Que asocias competir con pisotear y humillar al otro. Hay gente que lo hace, tú no tienes por qué hacerlo. Muchas personas han llegado donde están gracias a su trabajo y a sus propios méritos, sin necesidad de pisotear ni engañar. Esa puedes ser tú, tener éxito NO significa ser una mala persona.

 

  • Elimina la creencia de que el dinero es la raíz de todos los males. El dinero te hace más de lo que eres. Si eres mala, te volverás peor. Si eres generosa y te gusta dar, con más dinero darás más. Que te gusta vivir con comodidad, vivirás con más comodidades; que te gusta donar dinero a ONGs, donarás más dinero. Punto.

 

¿Qué creencias vas a elegir a partir de ahora? Te sugiero que olvides la primera parte y te centres en la segunda, notarás la diferencia.

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muñeco

 

¿Te consideras una mujer emprendedora? ¿Estás pensando en independizarte y montar tu propio negocio? A lo mejor te hace muchísima ilusión y estás soñando con la libertad de ser tu propia jefa, la flexibilidad de horarios y el poder tener más tiempo para ti y para tu familia. O con la libertad económica que crees que te va a suponer.

>> Escucha este artículo pinchando 6 cosas que deberías saber antes de montar tu negocio

 

He recibido muchos mensajes de mujeres como tú que tienen una idea en mente y les gustaría llevarla a la práctica, o que no saben muy bien qué quieren hacer pero tienen claro que desean tener su propio negocio y trabajar por su cuenta; o incluso que tienen claras las dos cosas pero no saben por dónde empezar. Pero también recibo mensajes de mujeres con problemas económicos que creen que montando su propio negocio todo se solucionará. Antes de dar ese paso quiero que tengas claras unas cosas (no todas buenas, te anticipo):

 

1. Un negocio no es una píldora mágica.

Probablemente ya lo sepas, pero te lo confirmo, montar un negocio no es un camino de rosas. Un porcentaje altísimo de nuevas empresas se arruinan en los 5 primeros años. No es fácil y quiero que lo tengas presente, no es una pastillita mágica para salir de tu estado actual. Así que piensa muy bien cuál es tu motivación, la razón por la que quieres montar tu negocio. Si es porque quieres dinero rápido o porque  te aburre tu trabajo actual y no sabes qué hacer, puede que no sea la mejor opción para ti. (Si estás dudando te recomiendo el libro “El libro negro del emprendedor” de Fernando Trías de Bes).

 

2. No vas a generar beneficios inmediatamente.

Tienes que ser consciente de que tardarás entre 6 meses y varios años en tener beneficios (dependiendo del tipo de negocio y de cómo te muevas), por tanto, es importante que cuentes con ahorros o apoyo económico para superar esa fase. Porque abrir un negocio cuando no tienes suficientes recursos económicos será muy estresante y no te dejará pensar con claridad ni invertir en tu negocio (algo imprescindible). Así que por favor no lo dejes todo de la noche a la mañana, compagínalo con tu trabajo si puedes, empieza a ahorrar, averigua formas de financiación o ayudas disponibles.

 

3. Tendrás que convivir con la incertidumbre (y disfrutar).

Una cosa en común entre la ciencia y tu propio negocio es la incertidumbre. No sabes si un experimento va a salir o no, si te van a dar la beca o proyecto, donde vas a ir cuando se acabe la financiación. Con tu negocio pasa igual, no sabes cuando empezarás a generar beneficios, ni donde estará tu negocio de aquí a dos años, ni si encontrarás todos los clientes que quieres, si les gustará tu producto,etc. Una característica importante de un emprendedor es que disfruta con la incertidumbre. ¿Y tú? Si necesitas una gran estabilidad para ser feliz (sueldo fijo a final de mes, todo controlado) puede que no sea para ti.

 

4. Tienes que ser fuerte y perseverante.

No sólo los comienzos son duros sino que recibirás críticas y opiniones desinformadas y además cometerás errores. Si te rindes a la primera de cambio, ante el primer contratiempo, no vas a llegar muy lejos. Ignora todo eso, sé fuerte y perseverante. Sigue tus convicciones y metas y busca gente que te apoye y sepa por lo que estás pasando. Rodéate de otros emprendedores, en eventos, por medio de las redes sociales, conferencias. Aprende de los errores y considéralos un paso más hacia el éxito. Si tienes claro que esto es lo que quieres, haz lo que haga falta para recobrar los ánimos cuando te de un bajón.

 

5. Tienes que aprender y rápido.

Una de las cosas más gratificantes (para mi) de tener tu propio negocio es que necesitas estar continuamente en formación, aprendiendo y adaptándote a los cambios y a lo que tus clientes quieren. Esto te permite desarrollarte como persona y aprender muchísimo. Procura estar al día de lo que pasa en tu negocio, de lo que falla, de lo que se puede mejorar, de lo que quieren tus clientes, etc. Aprende de los mejores, no tiene sentido que reinventes la rueda, sino que aprendas de los que están donde tú quieres estar.

 

6. ¡Es muy gratificante!

No quiero que te quedes con lo negativo. De hecho, si hasta ahora te ha parecido todo negativo piénsatelo dos veces antes de dar el paso. Para mi, dejar mi carrera científica y montar mi propio negocio, pasar de un sueldo fijo al mes (al menos mientras durara la beca) a tener que buscarme yo las habichuelas supuso un gran desafío y un cambio radical de mentalidad. No es lo mismo ser una empleada (o una becaria) que una emprendedora. Es muy gratificante ser capaz de crear y montar tu propio negocio. Tener que estar continuamente aprendiendo y adaptándote a los cambios; tener que implementar nuevas técnicas, superar la inseguridad y el miedo y poder controlar lo que haces, cuando lo haces y cómo lo haces.

 

En resumen, aunque no es mi intención desanimarte, quiero que seas realista y sepas en qué te estás metiendo; que tengas clara la razón por la que lo vas a hacer, tu principal motivo. Que te asegures de que tienes (o que puedes conseguir) los recursos económicos que necesitas, que no pierdas el tiempo intentando hacerlo todo tú sola y sin ayuda, y te rodees de gente que ya ha pasado por eso y te puede aconsejar. Que si estás convencida de que es lo que quieres te armes de valor y des el primer paso, y para inspirarte te dejo esta cita del libro “Rojo y Negro” de Stendhal:

 

”Que un camino no deja de ser hermoso porque haya espinas que lo flanquean.”

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canicas

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Hace poco leí un excelente artículo de Lynn Marie Sager, “The Power of Vaccuum”, en el que habla de un tema que suelo mencionar de pasada en mis artículos y que es muy frecuente entre las mujeres profesionales. La sensación de que el día no tiene suficientes horas y de que, aunque estás siempre ocupadísima, no estás satisfecha, no tienes una vida plena, una vida con propósito.

 

Además, este fin de semana escuché que según un estudio el 66% de las mujeres españolas están estresadas y sienten que el día no tiene suficientes horas. Como estoy segura de que esto se puede aplicar a mujeres de cualquier nacionalidad, he decidido escribir sobre el tema.

 

Tenemos el día lleno a rebosar de actividades, vamos corriendo de un lado para otro, nos parece que el día no tiene suficientes horas y que ojalá no tuvieramos ni que comer para poder hacer más cosas (eso si no eres de las que se saltan la comida para ir al gimnasio).

 

El problema de esta situación no es sólo que estás estresada, agotada y no tienes tiempo para todo lo que querrías, sino que los años van pasando y un día te das cuenta de que a tu vida le falta algo, que no la estás aprovechando. La pregunta es: ¿estás haciendo algo de provecho con tu vida? ¿O la estás llenando con toda clase de actividades que no te suponen ningún tipo de satisfacción o realización personal?

 

De toda la lista de cosas que tienes por hacer, ¿qué hay que mejore tu calidad de vida, que te haga disfrutar, que te lleve a tu definición de éxito personal o profesional? ¿O acaso estas haciendo cosas sin pensarlo dos veces? Por supuesto, todas tenemos ciertas obligaciones de las que hay que encargarse, pero ¿son parte de tus actividades o son la mayoría? Si la mayor parte de las actividades que haces son por obligación y no te aportan mucho, ¿de qué te extraña que tu vida no tenga sentido?

 

La cuestión es que ya que tu día va a estar lleno de actividades y ocupadísimo, ¿por qué no intentar que sea con actividades que aporten algo a tu vida, que sean importantes para ti? Por supuesto no es fácil, no, si lo fuera no habría un 66% de mujeres españolas estresadas. Tu agenda estará siempre llena, siempre tendrás más cosas que hacer, siempre habrá gente que añadirá más cosas a tu lista. Pero piensa un momento, ¿qué haría que tu vida fuese como tú quieres, plena, con propósito?

 

Aquí está lo importante, si llenas el día con todo tipo de actividades relativamente triviales, y luego intentas buscar tiempo para las cosas realmente importantes para ti, no lo encontrarás. ¿Entonces cuál es la alternativa? Programar primero las cosas que te importan y rellenar los huecos con el resto.

 

Imagina que tienes un tarro de cristal de un determinado tamaño y que tienes que llenarlo con arena y canicas. Si llenas el tarro hasta arriba de arena, después, por mucho que lo intentes no vas a poder meter ninguna canica. Sin embargo, si lo llenas de canicas, siempre quedará algo de espacio para la arena. Por supuesto no podrás meter toda la arena, al fin y al cabo el tarro tiene un tamaño invariable, pero sí que puedes elegir qué cantidad de cada cosa quieres meter.

 

Si aplicamos esto a tu vida, un día cualquiera sólo tiene 24 horas, por mucho que lo quieras estirar; es como el tarro, tiene un determinado tamaño y tú no puedes hacer nada para cambiarlo. La arena son las actividades que no aportan calidad a tu vida, las obligaciones, los “debería”, etc. Y las canicas son las cosas verdaderamente importantes, las que te hacen la vida más agradable, las que hacen que tu día merezca la pena. Así que ya sabes, puedes elegir llenar tu tarro de arena, que es, probablemente, lo que has estado haciendo hasta ahora (con alguna que otra canica de vez en cuando, eso sí). O puedes meter todas las canicas que puedas y rellenar espacios con arena. Por suerte o por desgracia no puedes meterlo todo, así que tú eliges y lo que elijas determinará tu calidad de vida.

 

Si continuas centrándote en actividades que no aportan nada a tu vida, al final te quedarás sin energía y sentirás que los días se te escapan sin pena ni gloria. Si continuas haciéndolo todo por los demás sin cuidarte a ti misma, más de lo mismo. Si no programas tiempo para las cosas que son importantes para ti ahora, nunca lo harás y llenarás tu vida de arena (la tuya y la de los demás).

 

Cuéntame, ¿qué vas a elegir? ¿Seguir corriendo y haciendo cosas que no aportan valor a tu vida, o empezar a llenar el tarro de canicas?

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Diana

Diana

¿Cuántas veces te has propuesto unas metas y objetivos toda ilusionada, para acabar abandonando al poco tiempo, sintiéndote culpable, y pensando que no tienes voluntad y que eres incapaz de hacer lo que te propones?

>>Para escuchar este artículo pincha aquí.
Aunque es algo muy frecuente que nos pasa a todos, la realidad es que tú no tienes ningún problema, y eres perfectamente capaz de acabar lo que te propones. El problema no eres tú sino los métodos que utilizas, en concreto estas son algunas de las razones que hacen que te resulte difícil lograr algunos de tus objetivos y metas:

 

1. No es lo que realmente quieres.

Cuando te propones algo que en realidad no quieres hacer, ya sea porque crees que debes hacerlo o porque otras personas lo esperan, es normal que  no encuentres ni tiempo ni motivación, al fin y al cabo no es lo que tú quieres.

Por eso es importante que seas tú la que quiere conseguirlo, que sea importante para ti. Así que cada vez que te plantees un objetivo pregúntate si realmente quieres hacerlo y cuál es el motivo, la razón por la que quieres que salga adelante. Tener una razón que te parezca importante y que te entusiasme es lo que más te va a motivar.

 

2. No es el momento adecuado para ti.

En los tiempos que corren, en los que hay que hacer de todo y cuanto antes mejor, se nos olvida que no se puede hacer y tener todo a la vez; y esa puede ser una de las razones de que no consigas lo que te propones.

Considera, según tus circunstancias y prioridades actuales, si este es el momento adecuado para llevar a cabo tus objetivos. Hay determinadas situaciones que son particularmente estresantes y requieren gran parte de tu tiempo, en esos momentos es mejor esperar un poco para realizar algunos de tus objetivos.

Como mencioné en este artículo no tienes por qué hacerlo todo ahora mismo, hay cosas que pueden esperar. Quizá ahora no es el mejor momento para lo que te has propuesto, quizá supondría un estrés que dentro de unos meses o años no. Así que piensa, ¿tiene sentido que lo hagas ahora? Si no lo tiene, olvídate de ello hasta más adelante. Eso sí, no utilices esto como una excusa para posponer cosas…

 

3. Tus objetivos están poco definidos.

Para que tengas más probabilidades de lograr tus objetivos o metas estos tiene que ser:

 

    • Específicos. Qué, cuándo, cómo y dónde. “Hacer más ejercicio” no es un objetivo específico. La alternativa podría ser  “hacer 30 minutos de yoga tres días a la semana”.

 

    • Realistas. Proponerte correr una maratón cuando no has hecho ejercicio en tu vida no sería realista, proponerte “correr los lunes durante 40 minutos” sí podría serlo.

 

    • Factibles. Proponerte ganar un millón de euros en seis meses cuando acabas de empezar tu negocio, no parece muy factible (eso sí, si te ves capaz, a por ello). Lo ideal es dividir estos grandes objetivos en otros más pequeños que sean factibles, y así, poco a poco conseguirás la meta que te habías propuesto.

 

    • Medibles. Tienes que saber cuándo has conseguido tu objetivo. “Ganar más dinero” es un mal ejemplo de medible, la alternativa sería “ganar 1500 euros” por ejemplo.

 

    • Con límite de tiempo. Ponerte una fecha límite conseguirá que te centres y esfuerces más por conseguir tu objetivo. Así, siguiendo el ejemplo anterior, puedes sustituir “ganar 1500 euros” por “ganar 1500 euros en tres semanas”.

 

4. Te centras en el resultado no en el proceso.

No esperes a celebrar tus logros cuando llegues al final, premia tu actitud, tu esfuerzo, tu progreso, no el resultado. Lo que importa es lo que te estás esforzando. Así que a cada paso reconoce lo bien que lo estás haciendo y premiate de vez en cuando. Así conservarás la motivación durante todo el proceso.

 

5. Subestimas el tiempo y energía que vas a necesitar.

Normalmente subestimamos el tiempo y energía que va a requerir una actividad porque no tenemos en cuenta posibles imprevistos, interrupciones y contratiempos. El resultado es que no acabas cuando habías planeado, te agobias, te sientes poco eficiente y abandonas, desmotivada. La próxima vez calcula más tiempo del que crees que te llevará.

 

6. Eres demasiado exigente.

Comprometete contigo misma y no busques excusas, pero sé flexible, si tienes que modificar tu objetivo no pasa nada. Las exigencias lo único que consiguen es hacerte sentir frustrada y enfadada cuando las cosas no salen como quieres, y como es muy probable que alguna vez no lo hagan, lo mejor que puedes hacer es ser flexible y adaptarte a los imprevistos.

Que te has propuesto acabar el informe el jueves y lo haces el viernes, no pasa nada lo que importa es que lo has hecho. Que te propusiste hacer ejercicio tres días a la semana y lo has conseguido dos, peor sería haberte quedado en el sofá…Sé flexible.

 

Estas son algunas de las razones por las que se te resisten tus objetivos y metas, ¿cuál es la tuya? ¿Qué vas a hacer al respecto? Déjame tu comentario más abajo y no olvides suscribirte a mi boletín semanal gratuito para recibir más artículos como este.

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mujer desanimada

Hay veces en que ciertas circunstancias de la vida pueden provocar que dejes de ver tus objetivos claros y que pienses en abandonar tus planes y renunciar a lo que te habías propuesto. Son situaciones dificiles, a veces inesperadas, que hacen que afloren tus miedos e inseguridades, que te dejes llevar por el desaliento, pierdas la motivación y te sientas perdida, sin rumbo.

¿Qué puedes hacer si te encuentras en una situación así? ¿Cómo puedes recobrar tu motivación y seguir adelante con tus proyectos? Si estás dispuesta a poner de tu parte hay varias cosas que te pueden ayudar:

 

  1. Acepta la realidad. Sé que será difícil y que es más fácil decirlo que hacerlo, pero es la realidad. La aceptación es un paso importante, saber que llegarán mejores momentos, que esto es un bache en tu vida. Resistirse al cambio sólo va a hacer que lo pases peor. Una forma de empezar a aceptar las cosas es mostrar gratitud por lo que todavía tienes, por poco que sea. Piensa en tres cosas por las que puedes estar agradecida todos los días, incluso pequeñas cosas valen: un día bonito, tener para comer, el apoyo de tu familia, la sonrisa de un desconocido, seguro que puedes encontrar más de tres.
  2.  

  3. Encuentra tiempo TODOS los días para hacer algo que te guste. Aunque sólo sean cinco minutos, dedícalos a cuidarte. Sea lo que sea lo que te hace sentir bien: un rato al sol con un café, un buen libro, hacer ejercicio, darte un baño, jugar con tu hijo, rezar, meditar, lo que más te apetezca. Coge otra vez lápiz y papel y haz una lista con las cosas que te dan energía, que te hacen sentir bien y empieza hoy mismo.
  4.  

  5. Busca apoyo. Es un hecho, las personas que se relacionan socialmente son más felices. Aunque ahora sólo te apetezca estar sola y encerrarte en casa, es justo lo contrario lo que te te hará sentir mejor. Rodeate de gente que te quiera y que te ayude a pensar en el futuro, nada de víctimas ni pesimistas. Tu pareja, tu familia, tus mejores amigos, tu coach. Quien tú quieras, pero alguien.
  6.  

  7. Descansa y reflexiona. En un época en la que todos vamos corriendo a todas partes, parar a recuperar la energía te vendrá muy bien.  Ahora es un buen momento para pararte a pensar por dónde vas y qué es lo que quieres. Normalmente, este tipo de situaciones hace que cambien tus prioridades, así que coge lápiz y papel (o siéntate al ordenador si lo prefieres) y empieza a apuntar todo lo que se te venga a la cabeza ante la pregunta “¿qué quiero?” No lo que los demás quieren o creen que es mejor para ti, lo que tú quieres. Consideralo un tiempo de barbecho, para recargar las pilas y volver a dar lo mejor de ti misma.
  8.  

  9. Revisa tus objetivos y proyectos actuales. ¿Están en concordancia con lo que quieres? Recuerda que tus acciones y objetivos solo son útiles si te llevan a donde tu quieres ir. Por eso es importante que te tomes tiempo para decidir dónde quieres ir y en qué punto del camino estas.
  10.  

  11. Céntrate en el siguiente paso a dar. Muchas veces cuando nos proponemos algo importante, nos agobiamos al ver todo lo que queda por hacer y ni siquiera sabemos por dónde empezar. Lo mejor es centrarse sólo en un paso, el que tienes que dar a continuación. Aunque siempre tengas en mente el destino final, centrarte en el siguiente paso a dar hará que te resulte más fácil empezar e ir avanzando, ya se sabe, paso a paso…
  12.  

  13. Recuérdate constantemente por qué quieres lograr tus proyectos. Visualiza el resultado final, guarda fotos o recortes de cosas que te motiven y te recuerden cual es tu objetivo. Una vez que tengas claro por qué tus proyectos son importantes para ti, el cómo no sera un problema sino un mero obstáculo. Además,  el hecho de saber lo que quieres y qué pasos tienes que dar para conseguirlo es algo que te hará sentir motivada casi sin quererlo.

 

Quiero finalizar haciendo hincapié en un detalle, todas estas sugerencias son aplicables si estás dispuesta a poner de tu parte,  a seguir adelante como sea. Sin embargo, en ningun caso pueden sustituir la opinión o tratamiento de un terapeuta. Si no estas bien, si tu situación y desánimo son graves, consulta con un psicólogo o terapeuta, son los profesionales que más te pueden ayudar en los momentos  duros, cuando no tienes fuerzas para hacerlo por ti misma.

Si estas dispuesta a seguir adelante, a poner de tu parte para completar tus proyectos, entonces te animo a que pruebes estas siete sugerencias y me cuentes qué tal te funcionan. Si no te quieres perder mis siguientes artículos apúntate a mi boletín aquí.

 


SI (1)

¿Te has sentido alguna vez menos preparada que tus compañeros de trabajo?¿Como si no estuvieras a la altura o no fueras tan inteligente como ellos/as?

 

O a lo mejor piensas que lo que has conseguido hasta ahora tampoco es para tanto, que no tiene mucho mérito, que cualquiera podría hacerlo mejor que tú.  Hasta te planteas cómo te han podido dar el trabajo. ¿Te has sentido alguna vez así? ¿Como si fueras una fracasada, un fraude, y no te merecieras estar donde estás?

 

Si es así, no te sientas mal porque no eres la única. Aproximadamente un 70% de las personas se ha sentido así en algún momento de su carrera, especialmente al comenzar un trabajo nuevo. Y tú pensando que solo te  pasaba a ti, ¿verdad?

 

Por suerte, esa sensación de no estar lo suficientemente preparada; de que necesitas leer más, ensayar más, y por supuesto evitar cometer errores a toda costa (pondrían en evidencia lo inepta que eres), desaparece a medida que pasa el tiempo y vamos adquiriendo más experiencia.

 

Sin embargo, hay algunos casos en los que estos sentimientos dan lugar a lo que se conoce como el “síndrome del impostor”. Este término, acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes (Psychother. Theor. Res. 15, 241–247; 1978), se define como la incapacidad de aceptar los logros y el éxito.  Piensas que no mereces estar donde estás, dudas de tus habilidades y capacidad y eres sumamente perfeccionista.

 

Este “síndrome” afecta especialmente a mujeres de éxito, mujeres que obtienen siempre excelentes  resultados y que, sin embargo, creen que todo es debido a factores externos y ajenos a ellas (a la buena suerte), no a su trabajo o su inteligencia.  Todo esto, a la larga, tiene un claro efecto negativo en su carrera, puesto que evitan nuevas oportunidades y desafíos y, con ello, ellas mismas limitan sus logros.

 

En estos casos, la recuperación  conlleva mucho más que simplemente dejar pasar el tiempo y requiere la ayuda de profesionales.

 

Pero volviendo a la mayoría, hay ciertas cosas que podemos tener en cuenta para superar esa sensación de no estar a la altura:

 

  • Aprende sobre el tema y reconoce que no estás sola, así evitaras sentirte aislada.
  • Habla de ello con gente en la que confíes. Tu pareja, un buen amigo, un mentor o coach que te apoye y te ayude a ver las cosas desde otra perspectiva. Siempre ayuda y es revelador darte cuenta de cómo te perciben otras personas (así es como me entere de que (1) me gusta correr riesgos, y (2) no solo no soy un fracaso por dejar la investigación sino que soy lo suficientemente capaz e inteligente para ser investigadora y coach profesional y tener mi propio negocio). ¿Qué me dices de ti?
  • No rechaces o ignores cumplidos o enhorabuenas. Si alguien te hace un comentario positivo, ¡creételo!
  • Haz una lista de cosas que se te dan bien y de todo lo que has conseguido hasta la fecha y revísala con frecuencia.
  • Sé consciente de tus pensamientos. Si te encuentras pensado que has tenido suerte al conseguir ese aumento, un cliente nuevo o un artículo publicado, recuerda lo duro que has trabajado para ello.
  • Acepta que no tienes que conocer todas las respuestas, y que tienes el mismo derecho que cualquier otra persona a cometer errores, pedir ayuda y tener un mal día.  Recuerda, lo contrario de perfecto no es imperfecto, sino real.

 

Espero que este artículo te ayude a darte cuenta de que no eres un fracaso, ni un fraude y de que no estás sola, ¡ni mucho menos! ¿Qué opinas?

Por cierto, si te has sentido identificada, te interesará conocer los 5 patrones de autosabotaje típicos del Síndrome del Impostor, léelo pinchando aquí.