¿Te ha pasado alguna vez que sabes que algo no va bien o al menos no tan bien como te gustaría y, sin embargo, sigues sin hacer nada?
Seguro que sí, es totalmente normal, algo que nos pasa o nos ha pasado a todos en un momento u otro pero que no te beneficia en nada. De hecho, probablemente te preguntes a menudo “¿por qué si sé que tengo que cambiar, no hago nada?” (y ya no entramos en el tema de las quejas constantes).
Y lo malo es que ese tipo de reflexiones solo consiguen que te sientas peor todavía.

Me han escrito muchas personas comentándome que quieren hacer algo con su vida, algo que les encanta, que les apetece mucho pero que tendrían que hacer un gran sacrificio para conseguirlo.




