Uno de los temas que mas suele preocupar a mis lectores es cómo encontrar tu vocación o cómo saber lo que de verdad quieres, y el otro día disfrutando del concierto de Lang Lang en directo en el Palau de la Música, se me ocurrió algo.
Yo siempre he querido aprender a tocar el piano (está en mi lista:) y, sin embargo, me di cuenta de que no sentía ninguna envidia al verle tocar. Envidia del tipo: cómo me gustaría tocar así. Eso me dejó pensando.
Cuando acabó y todo eran aplausos y bravos, pensé en la cantidad de pianistas que habría allí escuchándole y que seguro que desearían estar recibiendo la ovación. A mi sin embargo no me despertó ningún deseo tampoco.
Por otro lado, cada vez que veía una entrevista, noticia o vídeo sobre algún actor o actriz de doblaje en acción, todo era emoción y lo primero que se me venía a la cabeza era que me encantaría hacer eso.
O cuando era más pequeña y leía una biografía de algún científico o alguna noticia de un premio científico yo decía, qué guay, yo quiero estar ahí.
Seguro que te ha pasado a ti alguna vez y, probablemente más de una (y si eres multiapasionada ¡te pasará continuamente!).







