tu carrera

 

¿Estás boicoteando tu carrera profesional subconscientemente?

Ya he hablado otras veces de los distintos tipos de autosabotaje y de cómo, en general, son una consecuencia de tus miedos: al éxito, al fracaso, a las críticas, a no estar a la altura, etc.

 

Pero hoy quiero hablarte de otra razón por la que puedes estar boicoteando tu trayectoria profesional: la INSATISFACCIÓN.

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Hoy os traigo a Rosa Quintana, qué decir de esta mujer: presentadora, actriz, formadora, locutora y además presidenta de la asociación ASIMPEA (Asociación Inter-Municipal de Mujeres Profesionales Empresarias y Autónomas). Conoce más en http://www.rosaquintana.com y http://www.asimpea.org

 

>>Hola Rosa, gracias por tu tiempo, tengo que decirte que me tienes impresionada con la gran variedad de actividades en las que estás involucrada. Lo primero que te voy a preguntar (porque estoy segura de que la mayoría de mis lectoras se preguntará lo mismo) es ¿cómo logras hacer tantas cosas?

Te aseguro que no hago nada que no pueda hacer cualquier otra mujer de nuestro tiempo. El secreto está en llevar una buena agenda, gestionarla escrupulosamente, priorizar unos temas sobre otros y, sobre todo, poner una gran dosis de pasión en cualquier tarea. ¡Y dormir poco, claro!

 

>>¿Qué es lo más te gusta de tu trabajo y cómo has llegado hasta donde estás ahora?

Lo que más me gusta es la variedad. Tengo la suerte de ganarme la vida con una profesión sumamente cambiante; cada trabajo es diferente al anterior. Eso me permite estar en constante evolución, conocer gente distinta y apasionante cada día (esto enriquece mucho) y evita la rutina que, muchas veces, acaba con las vocaciones más profundas.

Con respecto a cómo he llegado hasta aquí, te diré que pocas cosas son fruto de la casualidad. He trabajado y trabajo mucho, incansablemente. Considero que todo lo que hacemos en la vida debe ser una carrera de fondo. No doy  lugar al abatimiento, al cansancio moral (el físico sí que ataca a veces). No tiro la toalla jamás e intento tomar cada tarea como un reto. Otra cosa que intento llevar a cabo siempre es aplicar “las 3 B” a todo lo que hago: belleza, bondad y beneficio. Esto quiere decir: Belleza, hacer las cosas lo más bonitas (lo mejor) que puedas; Bondad, que nuestras tareas generen un bien para alguien; y Beneficio, que el retorno de lo invertido (esfuerzo, ilusión, retribución económica) sea el mayor posible.

 

>>¿Qué consejo te gustaría haber recibido cuando empezaste?¿Cuál es la mayor lección que has aprendido de tu experiencia?

El mejor consejo me lo dieron hace más de diez años; lo hizo Curro Castillo, gran profesional de los medios con quien tuve mi primera experiencia televisiva, en Antena 3. Se trataba de un trabajo muy bien remunerado y él me dijo: “A pesar de lo que ahora puedas tener, no te creas hoy mejor de lo que eras ayer y no asumas gastos que no asumirías si no tuvieras este trabajo”. Aún hoy lo pongo en práctica cada día. Es el mejor consejo profesional que me han dado nunca. La mayor lección aprendida ha sido llegar a la conclusión de que con una preparación previa exhaustiva y honesta, puedes realizar cualquier cosa que te propongas.

 

>>Como mujer profesional, ¿qué obstáculos has tenido que superar para alcanzar tus metas?

No creo haber encontrado obstáculos por el hecho específico de ser mujer. Los obstáculos que he tenido que sortear han sido los propios de mi generación (menos trabajo a repartir, sueldos precarios en alguna ocasión, prácticas no remuneradas, excesiva competitividad…).

 

>>¿Cómo surgió la idea de fundar ASIMPEA?

¡La idea no fue mía! Ya me hubiera gustado… Fue de un grupo de mujeres valientes y pioneras que, hace seis años, decidieron dar un paso adelante y trabajar teniendo como lema aquello de “la unión hace la fuerza”. Empresarias exitosas en sus sectores, que lucharon mucho y que gestaron lo que hoy sigue creciendo y evolucionando: una asociación de mujeres empresarias que crecen día a día, que comparten experiencias y que se apoyan las unas a las otras creando red. Yo me incorporé como usuaria hace unos años. Hace algo más de dos, me ofrecieron llevar el departamento de comunicación. Y en octubre de 2010 fui elegida Presidenta, al frente de una Junta Directiva impecable formada por una piña de mujeres solidarias, entregadas, inteligentes y proactivas: mis compañeras, a quienes cada día admiro más por su extraordinaria claridad de ideas y capacidad de trabajo voluntario.

 

>>¿Qué consejo le darías a las mujeres que tienen varios proyectos en mente pero no se atreven o no encuentran el tiempo?

Lo primero y más importante: que no se desanimen bajo ningún concepto y que cada contratiempo sea un escalón más para seguir subiendo. Por supuesto, que se vinculen a una asociación empresarial. Sólo así podrán tener acceso a información importantísima, a relaciones con las distintas Instituciones y Administraciones. Asimismo, podrán crear de forma inmediata una gran red de contactos que harán que sus probabilidades de venta aumenten. ¡Y todo lo esto lo harán disfrutando en el camino!

 

Rosa, muchas gracias por tu tiempo y enhorabuena por tu trayectoria profesional y la pasión que le pones. Has compartido consejos valiosísimos que espero motiven a todas mis lectoras. Yo me quedo con algo que todas las mujeres con éxito repiten incansablemente, que las cosas no llegan por casualidad, que hay que trabajar mucho y perseverar y no tirar la toalla, como bien dices y que los contratiempos no son más que escalones para seguir subiendo.

Y ya sabéis, la agenda al día, a cada cosa su prioridad y a trabajar duro y con ganas.

 

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¿Cuántas veces te has propuesto metas y objetivos nuevos, al principio con ilusión para después, a medio camino, perder el entusiasmo y abandonar, dándote por vencida?

Esto es especialmente frecuente a comienzos de año, con los famosos propósitos para el año nuevo, pero se puede aplicar a cualquier otra época o situación ¿Es ese tu caso?

¿Te sueles dar por vencida fácilmente?

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Muchas veces uno de los mayores obstáculos a la hora de hacer un cambio importante, o de arriesgarte a hacer algo diferente es la incertidumbre o, en concreto, el miedo a lo que pueda pasar, a no ser capaz de superarlo, y al fracaso.

El problema es que la incertidumbre va a estar siempre ahí (a no ser que tengas una bola de cristal). Así que la única forma de superarlo es cambiar tu forma de pensar y de actuar.

Esa es la principal diferencia entre los que consiguen lo que quieren o al menos lo intentan, y los que no hacen nada:  la distinta forma de ver las cosas.
Por supuesto, cambiar tu percepción de las situaciones no es tan fácil, pero por qué no empezar a ver las cosas con otra perspectiva. Por ejemplo:
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Hoy tengo el placer de entrevistar a Silvia González Espino, abogada civilista (principalmente de derecho de familia) y dueña del bufete G. Espino y Asociados.

 

>>Hola Silvia, gracias por tu tiempo. Cuéntanos cómo decidiste hacerte abogada y si has tenido que superar algún obstáculo como mujer profesional.

Bueno, lo de decidirme a ser abogada no surgió en un momento concreto. Al finalizar mis estudios de bachillerato opté por alguna carrera de letras que ofreciera posibilidades laborales, y ésta me parecía que era la de Derecho.

Por otra parte siempre me he considerado con facilidad para expresar ideas y con ciertas dotes de convicción, por lo que lo de abogado cuadraba con mis cualidades y con mis gustos.

 

>>¿Qué es lo más te gusta de tu trabajo, y lo que menos?

Lo que más me gusta de mi trabajo es el reto que me supone argumentar con la ley los intereses de mis clientes, el estudio del asunto, jugar con la normativa aplicable, descubrir las posibilidades de defensa de un asunto y, cómo no, el ganar el asunto (a mi no me gusta perder ni a las “Chapas” como se dice en mi tierra).

No hay nada tan gratificante como el momento de decirle al cliente que su asunto ha prosperado. También me gusta de mi profesión el contacto directo con la gente, el sentir que depositan en mí su confianza, y la relación que se entabla con la mayoría de ellos.

Lo que menos me gusta, lidiar con los múltiples obstáculos que surgen y cuya resolución no depende de mí sino de un tercero. Me refiero a demoras injustificadas en la tramitación de un asunto, falta de consideración del valor de tu tiempo y del usuario de la administración de justicia, y de lo que, encima, no se responsabilizan, dejando en las manos del abogado que sea él el que dé las explicaciones por el mal hacer de otros.

 

>>¿Cómo te animaste a abrir tu bufete? ¿Qué consejo te gustaría haber recibido cuando empezaste?

Cuando terminé mi carrera tuve la gran suerte de encontrar un despacho donde dos compañeros experimentados me enseñaron a ser la profesional que considero que soy hoy día. Tras cuatro años muy fructíferos de rodaje en este despacho me surgió la posibilidad de cambiar a otro bufete donde, en teoría iba a tener determinadas mejoras y me arriesgué.

El resultado fue nefasto, y dos meses después ya me arrepentía de la decisión de haberme ido del anterior. Pero sin embargo ello me decidió a buscar mi propio local, lo compré y me lancé a la aventura en solitario, así que si de algo debo estar agradecida a esa mala experiencia es que, tal vez sin ella, nunca hubiera volado sola.

De eso hace doce años. Por mi despacho han pasado varios compañeros, pues siempre me ha gustado el trabajo en equipo, poder discutir ideas y escuchar otros puntos de vista. Unas relaciones han sido más satisfactorias que otras, pero en general me considero afortunada por todo lo vivido hasta el momento.

Cuando empecé recibí los consejos adecuados, sólo se sale adelante en esta profesión, como en tantas otras, con tesón, esfuerzo y con un trabajo serio y constante.

 

>>¿Qué consejo le darías a las mujeres que quieren hacer lo que tú? ¿Qué lecciones has aprendido de tu experiencia?

Les diría que no sientan miedo de emprender el camino, que no pierdan nunca el entusiasmo que les haya impulsado a abrir un despacho profesional, pero, sobre todo, que los comienzos suelen ser muy duros, máxime si lo del derecho no te viene heredado de familia; pero que eso no les desanime pues ningún beneficio económico supera el placer de sentirte útil y respetado (y querido) por el cliente, (aunque obviamente el beneficio no lo voy a negar, ayuda mucho).

 

Silvia, muchas gracias por compartir tu experiencia con todas mis lectoras. Hay tres cosas con las que me quedo especialmente: 1. Que tu profesión cuadre con tus cualidades y gustos. 2. Aprender que de malas experiencias pueden surgir grandes oportunidades y 3. ¡Tesón y esfuerzo! Que a veces parece que las cosas se consiguen de la nada, pero hay mucho trabajo detrás.

 

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>> Escucha el podcast de este artículo aquí: Cómo trabajar en pareja o en familia sin perder la cabeza

 

Uno de los temas que a veces me comentan mis lectoras es el de cómo compaginar lo personal y profesional cuando trabajas con tu pareja o con algún otro miembro de tu familia.

Esta situación puede llegar a ser bastante complicada si no se dejan las cosas claras desde el principio.

Yo personalmente prefiero separar familia y amigos de los temas profesionales para evitar posibles problemas, pero también es cierto que durante muchos años trabajé codo con codo con mi marido sin ningún problema (y de hecho lo echo de menos).

 

Si quieres o tienes que trabajar con algún familiar (o con más de uno) es recomendable dejar claro por adelantado cómo van a funcionar las cosas, poner una serie de normas básicas para evitar romper la convivencia o algo más. Lo ideal si te encuentras en estas circunstancias es:

 

1. Separar lo personal de lo profesional. Por desgracia no todo el mundo es capaz de hacer esto, pero lo ideal es ser capaz de diferenciar entre tu papel como compañera de trabajo o supervisora y tu papel como hermana, pareja, madre o lo que sea. Que el trabajo se quede en el trabajo y de puertas afuera vuelva la relación familiar. Así que si tienes una discusión profesional con tu familiar procura no llevarla al terreno personal y piensa que es un problema con tu compañera no con tu hermana por ejemplo. A una compañera no le dirías «no sé por qué confío en ti si ya de pequeña me rompías mis juguetes», por ejemplo. Por muy enfadada que estés, lo personal en casa y siempre, siempre, con respeto y siendo agradable. No es fácil, no, pero hay que empezar a hacerlo.

 

2. Poner unas normas claras. Esto es fundamental siempre, pero en este caso más porque lo que está en juego es especialmente importante. Unas normas de trabajo, obligaciones y deberes; que tengáis claro lo que os corresponde a cada uno profesionalmente. De esta forma se pueden evitar muchos malentendidos.

 

3. Mejorar la comunicación. Es también fundamental en todos los ámbitos y ojalá existiera en todos los puestos de trabajo, pero de nuevo, en este caso hay mucho en juego y es imprescindible que os podáis comunicar con claridad. En lugar de callarte las cosas, ir acumulando resentimiento y cuando no puedes más, soltar de todo por la boca y meterte en lo personal; acostúmbrate a decir lo que quieres, lo que te parece bien o mal y a ir arreglando los problemas según vayan surgiendo.

 

4. Trabajar tu asertividad. Aunque sea tu familiar no deja de ser una persona y puede que hasta difícil, así que sigue trabajando tu asertividad. La capacidad para decir no sin sentirte culpable, para establecer límites y horarios y respetarlos, para expresar tu opinión sin agresividad ni culpando a nadie y, si es necesario, lee e infórmate sobre cómo tratar con personas difíciles. Lo mismo que harías con otro compañero de trabajo lo puedes aplicar aquí.

 

5. Cuida la relación. No todo es trabajo en esta vida y también hay que cuidar las relaciones fuera de él, especialmente si hablamos de tu pareja. Si trabajas en casa, delimita una zona concreta para trabajar; pon horarios laborales y fuera de ellos intenta no hablar de trabajo (o lo menos posible). Haced cosas divertidas juntos. Porque si no sois capaces de desconectar del trabajo y no cuidáis la relación, la monotonía, el estrés y el aburrimiento os invadirán y te encontrarás con problemas dentro y fuera del trabajo.

 

Trabajar con familiares o amigos puede ser muy divertido, pero también complicado porque es fácil trasladar la frustración y el enfado a lo personal. Lo ideal es ser capaz de dejar el trabajo en el trabajo, como si te quitaras un disfraz. Es difícil pero no imposible, empieza a practicar cuanto antes y pon límites. ¿Cómo lo llevas tú?

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