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¿Eres de las que empieza muchos proyectos ilusionada para luego dejarlos a medias? Algunas lectoras me han escrito comentándome que empiezan muchas cosas pero que no las acaban, que enseguida pierden la motivación, se desaniman y abandonan.

>> Escucha el podcast aquí –> 4 razones por las que no acabas las cosas ni tienes resultados

Si te sientes identificada no te preocupes, no eres la única. Lo importante es que determines cuál es la causa de ese comportamiento, que no deja de ser otra forma de autosabotaje que te impide conseguir tus metas y llevar a cabo tus proyectos con éxito.

 

Estas son las cuatro razones principales por las que no terminas lo que empiezas (las soluciones, después):

 

 1. No tienes paciencia y quieres resultados rápidos

¿Eres de esas personas impacientes que en cuanto no tienen resultados rápidos abandona el proyecto que tiene entre manos? Tener poca paciencia es algo muy extendido hoy en día y por desgracia es difícil de cambiar (por experiencia lo digo). Pero es importante que modifiques tu estrategia si quieres ver cambios y resultados y, sobre todo, si deseas sentirte satisfecha con tus proyectos. Si sigues como ahora lo único que conseguirás es dispersarte, no obtener resultados y, al final, sentirte frustrada e incluso incompetente, con la creencia de que eres incapaz de acabar las cosas.

 

2. No te planificas bien

Partimos del hecho de que sabes lo que quieres y ya has dado los primeros pasos, pero más allá de ahí, se acabó. El problema es que no tienes un plan paso a paso con objetivos, fechas límite y pequeñas acciones diarias que tomar. Lo he dicho muchas veces, sin plan, no llegarás muy lejos.

 

3. No te centras

Muy relacionado con el punto anterior. Como no tienes un plan, te dispersas, dejas las cosas a medias, pierdes el tiempo, te quedas pensando qué hacer ahora, en lugar de seguir una serie de pasos previamente meditados que te ahorran tiempo y te permiten estar centrada, actuar y, por tanto, conseguir resultados.

 

4. No es lo que quieres (es lo que deberías querer)

Ya lo he mencionado otras veces, cuando haces lo que «deberías» querer en lugar de lo que quieres se produce una división interna y acabas saboteando cualquier cosa que hagas; quizá con la excusa de que no tienes resultados o de que eres despistada o lo que se te pase por la cabeza, cuando la realidad es que no te interesa ese proyecto lo más mínimo.

 

Cualquiera que sea tu razón o situación hay algo que puedes hacer para solucionarlo:

 

  • Crear un plan de acción. Fundamental, el primer paso a a dar; con objetivos a corto y largo plazo, con fecha límite y dividiendo cada objetivo en pequeñas acciones que puedas llevar a cabo fácilmente.
  • Si quieres conseguir resultados rápidos procura priorizar aquellas acciones que te den mejores resultados. Para ello tendrás que pasar a la acción también rápido dejando miedos y dudas a un lado, pero es lo que te conseguirá resultados que te motiven e impulsen a seguir adelante.
  • Tener una razón para llevar a cabo el proyecto, una razón que cuando flaquees o dudes te ayude a seguir adelante.
  • Reconocer tus logros. Otra de las razones por las que no acabas lo que empiezas es porque no ves movimiento, no ves avances. Por eso es importante que reconozcas y premies los logros, que cada día te preguntes «¿qué he hecho hoy de lo que puedo estar orgullosa?» Eso te dará un empujón de motivación para seguir adelante.

 

Aparte de eso, piensa que en esta vida hay que ser perseverante y trabajador, las cosas ni se regalan ni se consiguen sin esfuerzo. Puede que veas a alguien que ha conseguido el éxito y pienses que esa persona es especial o que ha tenido suerte; pero te equivocas, lo que ha tenido es perseverancia y trabajo. Como leí hace poco, uno se fija en el éxito pero no en el sacrificio que hay detrás.

 

Así que ya sabes, párate a pensar qué es lo que tú quieres, haz las cuatro cosas que acabo de mencionar y rodeate de gente que te apoye y te anime. Verás que así consigues acabar las cosas, tener resultados y, lo más importante, sentirte orgullosa y satisfecha con lo que haces.

 

Aquí tienes otro artículo con más soluciones para acabar lo que empiezas.

 

¿Qué te parece? ¿Te identificas con alguno de estos puntos? Déjame tu comentario más abajo.

>>Escucha el podcast aquí –>Cómo ser un buen jefe sin tiranizar a nadie
 

Muchas de mis lectoras y alguna de mis clientes me han preguntado cómo pueden ser buenas jefas o supervisoras sin parecer un ogro. Es un pregunta interesante, primero por esa idea que tenemos de que si eres jefe tienes que ser un tirano, algo que por supuesto te genera mucha incomodad y que quieres evitar a toda costa; con lo cual tiendes hacia el otro extremo, ser blanda e intentar ser amiga de tus empleados, con no muy buenos resultados.

 

En mi trayectoria profesional he tenido varios supervisores, cada uno con sus características y algunos muy buenos. Esto es lo que los hacía buenos jefes según mi experiencia:

 

No confundían la autoridad con el autoritarismo. Eran firmes, exigentes, te decían lo que hacer y para cuando, pero sin órdenes ni descalificaciones de ningún tipo. Al contrario, amablemente y con una sonrisa en la boca. Eso no quita que no tuvieran sus malos días, como todos, o que no se enfadaran de vez en cuando; pero SIEMPRE con respeto y sin faltar.

 

Eran muy motivadores, siempre animándote, creyendo en ti, dándote ese voto de confianza, ese “tú puedes” que te hace llegar muy lejos. Recuerdo claramente la primera vez que tuve que cargar un gel de agarosa (perdonad la jerga científica) con muestras importantes, estaba temblando de tal manera que pensaba que destrozaría el gel entero y no quería estropearle el experimento a la persona que me supervisaba. Cualquiera habría dicho «Trae ya lo hago yo», pero él me dijo “¿Por qué lo vas a estropear? Lo vas a hacer muy bien, no te preocupes” y me dejó continuar (por si os pica la curiosidad lo hice bien; no muuy bien, pero no estropee nada ; ) Eso me dio tal confianza que le perdí el miedo a todo tipo de geles (incluídos los de poliacrilamida) y además, las veces que he tenido que enseñar a un estudiante novato cómo hacerlo he procurado seguir su ejemplo.

 

Querían lo mejor para mi. El que yo considero que ha sido el mejor supervisor científico me dijo “lo que yo quiero es que llegues donde yo estoy o más lejos, y te voy a ayudar en todo lo que pueda”. Imagínate el apoyo que sientes, no hay competencia absurda, no hay aquí mando yo y tu no vas a llegar tan alto en tu vida porque eres un inútil miserable.

 

Sabían escuchar. No se obcecaban con su forma de ver las cosas ni se cerraban a aprender. Escuchaban con atención ideas y sugerencias y hacían las críticas constructivas que hicieran falta o te aplaudían la iniciativa.

 

Me daban libertad. Personalmente no hay nada que me agobie más que tener a alguien encima continuamente, por eso apreciaba muchísimo que me dieran libertad y me dejaran un poco a mi aire. El poder hacer las cosas cuándo y cómo quisiera siempre y cuando lo hiciera. Por supuesto eso tiene sus desventajas, estás tan involucrada en tu proyecto que trabajas fines de semana y todo lo que haga falta.

 

Si estás en una situación con gente a tu cargo, quizá mi experiencia te pueda servir para saber cómo tratar a tu equipo. Pero una cosa está clara, no es fácil y te van a criticar siempre. Si ya te critican sin tener gente a tu cargo, imagínate cuando asciendes. Es ley de vida y hay que aceptarlo. En mi opinión, lo que importa es que al final del día o de tu carrera sientas que lo has hecho lo mejor que has podido, que has sido íntegra, respetuosa, amable y que les ha ayudado en todo lo que has podido. Luego entra en juego el tema de las distintas personalidades, las relaciones entre ellos y la manera de motivarlos para que hagan un buen trabajo. Cada persona es un mundo y tiene distintos motivantes (dinero, estatus, responsabilidad), pero eso ya es harina de otro costal…

 

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>> Puedes escuchar el podcast de este artículo pinchando en el enlace–>Cómo influir en tu jefe en 10 pasos
 

¿Te exige demasiado tu jefe/a? ¿Estás saturada, estresada y crees que no te queda más remedio que aguantarte? Te equivocas, hay algo que puedes hacer para mejorar la situación. Hace poco leí un artículo muy interesante de Larina Kase sobre cómo influenciar a figuras de autoridad («Assertively Lead Up and Influence Authority Figures»). Si tus jefes o supervisores te exigen demasiado, estás saturada o saturado de trabajo y obligaciones y no sabes cómo hacerle ver a tu jefe que necesitas un cambio, Larina recomienda estos diez pasos:


1. Deja claras las prioridades. 
Por ejemplo “Entiendo que el proyecto A es prioritario y tiene que estar hecho para el viernes; para asegurarme de que es así no podré trabajar en el proyecto B esta semana. Si todavía necesita a alguien para ese proyecto la próxima semana, estaré encantada de encargarme.”

 

2. Sé directa y no des demasiadas explicaciones. Cuando das demasiadas explicaciones disminuye tu credibilidad y parece que estás a la defensiva o poniendo excusas.

 

3. Menciona tus resultados previos. Por ejemplo “Los dos estamos satisfechos con mis resultados hasta la fecha y sabes que no soy ningún vago. Si le pongo pegas a esto es porque no quiero aceptar proyectos que no pueda finalizar con éxito.»

 

4. Pídele ayuda. Te puede sonar extraño pero como dice el refrán “si no puedes vencerlo, únete a él». Por ejemplo, puedes decir: “Me preocupa que con todo lo que se espera de mi últimamente la calidad de mis resultados disminuya, ¿cómo sugieres que solucionemos esto?” El plural es fundamental, «solucionemos», así tu jefe te ayudará a encontrar una solución satisfactoria para ambos y será parte de la ayuda.


5. Mantén la calma y plantéale la situación utilizando evidencias.
Si vas a discutir una determinada situación lleva pruebas de lo que quieres demostrar y, sobre todo, mantén la calma. No quieres que tu jefe piense que eres incapaz de manejar el estrés o que eres demasiado emocional; es fundamental que mantengas la calma.

 

6. Sé consciente de tu lenguaje corporal. Mira a tu jefe a los ojos, aunque te resulte intimidante, ponte recta y mantén una expresión seria mientras le comentas la situación. Eso facilitará que te tome en serio.

 

7. Hazte  responsable de la situación y de tu petición. No culpes de la situación a tu jefe diciendo cosas como “me das demasiado trabajo” porque lo pondrías a la defensiva. Mejor toma tú total responsabilidad de la situación diciendo por ejemplo «tengo mucho trabajo».

 

8. Muestra empatía con la situación de tu jefe. La empatía es la habilidad más importante para poder influir a otras personas. Tu jefe te entenderá mejor si tú le entiendes mejor a él.

 

9. No rompas los límites que ya has marcado. Por ejemplo, si le has dicho a tu jefe “hoy me tomaré 45 minutos para comer y solo cogeré llamadas urgentes” y te llama en medio de la comida, no respondas. Si es realmente urgente volverá a llamar, y si no ya te enterarás cuando vuelvas a tu lugar de trabajo.

 

10. Beneficia a tu jefe. Haz todo lo que puedas para hacerle la vida más fácil a tu jefe. EN la mayoría de los casos te lo agradecerá y hará lo mismo por ti.

 

Llevar a cabo estas técnicas y actitudes te llevará tiempo y práctica hasta que veas resultados, según Larina la clave está en ser consistente y en proyectar empatía, confianza y seguridad en ti misma. ¿Estás haciendo ya algo de esto?

 

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Foto de llucia2012


 

 

¿Cuántas veces te has propuesto metas y objetivos nuevos, al principio con ilusión para después, a medio camino, perder el entusiasmo y abandonar, dándote por vencida?

Esto es especialmente frecuente a comienzos de año, con los famosos propósitos para el año nuevo, pero se puede aplicar a cualquier otra época o situación ¿Es ese tu caso?

¿Te sueles dar por vencida fácilmente?

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Muchas veces uno de los mayores obstáculos a la hora de hacer un cambio importante, o de arriesgarte a hacer algo diferente es la incertidumbre o, en concreto, el miedo a lo que pueda pasar, a no ser capaz de superarlo, y al fracaso.

El problema es que la incertidumbre va a estar siempre ahí (a no ser que tengas una bola de cristal). Así que la única forma de superarlo es cambiar tu forma de pensar y de actuar.

Esa es la principal diferencia entre los que consiguen lo que quieren o al menos lo intentan, y los que no hacen nada:  la distinta forma de ver las cosas.
Por supuesto, cambiar tu percepción de las situaciones no es tan fácil, pero por qué no empezar a ver las cosas con otra perspectiva. Por ejemplo:
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