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>> Escucha el podcast de este artículo aquí: Cómo trabajar en pareja o en familia sin perder la cabeza

 

Uno de los temas que a veces me comentan mis lectoras es el de cómo compaginar lo personal y profesional cuando trabajas con tu pareja o con algún otro miembro de tu familia.

Esta situación puede llegar a ser bastante complicada si no se dejan las cosas claras desde el principio.

Yo personalmente prefiero separar familia y amigos de los temas profesionales para evitar posibles problemas, pero también es cierto que durante muchos años trabajé codo con codo con mi marido sin ningún problema (y de hecho lo echo de menos).

 

Si quieres o tienes que trabajar con algún familiar (o con más de uno) es recomendable dejar claro por adelantado cómo van a funcionar las cosas, poner una serie de normas básicas para evitar romper la convivencia o algo más. Lo ideal si te encuentras en estas circunstancias es:

 

1. Separar lo personal de lo profesional. Por desgracia no todo el mundo es capaz de hacer esto, pero lo ideal es ser capaz de diferenciar entre tu papel como compañera de trabajo o supervisora y tu papel como hermana, pareja, madre o lo que sea. Que el trabajo se quede en el trabajo y de puertas afuera vuelva la relación familiar. Así que si tienes una discusión profesional con tu familiar procura no llevarla al terreno personal y piensa que es un problema con tu compañera no con tu hermana por ejemplo. A una compañera no le dirías «no sé por qué confío en ti si ya de pequeña me rompías mis juguetes», por ejemplo. Por muy enfadada que estés, lo personal en casa y siempre, siempre, con respeto y siendo agradable. No es fácil, no, pero hay que empezar a hacerlo.

 

2. Poner unas normas claras. Esto es fundamental siempre, pero en este caso más porque lo que está en juego es especialmente importante. Unas normas de trabajo, obligaciones y deberes; que tengáis claro lo que os corresponde a cada uno profesionalmente. De esta forma se pueden evitar muchos malentendidos.

 

3. Mejorar la comunicación. Es también fundamental en todos los ámbitos y ojalá existiera en todos los puestos de trabajo, pero de nuevo, en este caso hay mucho en juego y es imprescindible que os podáis comunicar con claridad. En lugar de callarte las cosas, ir acumulando resentimiento y cuando no puedes más, soltar de todo por la boca y meterte en lo personal; acostúmbrate a decir lo que quieres, lo que te parece bien o mal y a ir arreglando los problemas según vayan surgiendo.

 

4. Trabajar tu asertividad. Aunque sea tu familiar no deja de ser una persona y puede que hasta difícil, así que sigue trabajando tu asertividad. La capacidad para decir no sin sentirte culpable, para establecer límites y horarios y respetarlos, para expresar tu opinión sin agresividad ni culpando a nadie y, si es necesario, lee e infórmate sobre cómo tratar con personas difíciles. Lo mismo que harías con otro compañero de trabajo lo puedes aplicar aquí.

 

5. Cuida la relación. No todo es trabajo en esta vida y también hay que cuidar las relaciones fuera de él, especialmente si hablamos de tu pareja. Si trabajas en casa, delimita una zona concreta para trabajar; pon horarios laborales y fuera de ellos intenta no hablar de trabajo (o lo menos posible). Haced cosas divertidas juntos. Porque si no sois capaces de desconectar del trabajo y no cuidáis la relación, la monotonía, el estrés y el aburrimiento os invadirán y te encontrarás con problemas dentro y fuera del trabajo.

 

Trabajar con familiares o amigos puede ser muy divertido, pero también complicado porque es fácil trasladar la frustración y el enfado a lo personal. Lo ideal es ser capaz de dejar el trabajo en el trabajo, como si te quitaras un disfraz. Es difícil pero no imposible, empieza a practicar cuanto antes y pon límites. ¿Cómo lo llevas tú?

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Hace tiempo leí un artículo de la que por entonces era mi coach, Karyn Greenstreet (excelente por cierto), que me dió mucho que pensar y que, en cierta forma, fue un revulsivo para mi.

Hablaba de la importancia de deshacerte de tus vacas sagradas.

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Es curioso como a veces las circunstancias conspiran para que escriba un artículo. Esta vez han coincidido el capítulo del libro que estaba leyendo (mientras recordaba mi propia experiencia) y los comentarios de varios lectores y de algún cliente.

Hablando, nada más y nada menos, de la resistencia de algunas de las personas que te rodean a que cambies.

Así que decidí escribir este artículo.

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¿Tienes que tratar a diario con alguna persona difícil? 
Ya sea tu jefe, un compañero de trabajo, algún conocido o incluso un familiar, todos hemos tenido que enfrentarnos alguna vez a personas que, con su comportamiento, nos hacen sentir frustradas, irritadas o abrumadas.

 

En la mayoría de los casos no sabemos cómo tratar con ellos y hacemos lo que quieren, o simplemente les rehuimos, pensando que es la mejor forma de actuar. Las personas conflictivas cuentan con esa respuesta. Saben que con su actitud te desconciertan y te impiden actuar con eficacia, y eso es lo que hay que cambiar: tu respuesta a su actitud. Nada mejor para lograrlo que aprender de las personas que sí saben cómo lidiar con este tipo de personalidades complicadas.

 

Hace poco leí el libro  «Cómo tratar con personas difíciles» de R. Bramson, donde comentan que, ya estemos hablando de personas hostiles, protestonas, demasiado complacientes, indecisas, pesimistas o sabelotodos, hay una serie de pautas que podemos utilizar para mejorar nuestro trato y eliminar la ansiedad que supone tratar con este tipo de personas. Lo importante es no cumplir con la respuesta que esperan de nosotros. Aunque hay distintos métodos para cada tipo de persona difícil (puedes encontrar mucha información más detallada en el libro), hay una serie de pasos en común que constituyen la base para salir airoso de un encuentro con una de estas personas (de hecho, estos cinco pasos se pueden aplicar a muchas más situaciones):

 

1. Analiza la situación (y tu actitud). ¿Es de verdad una persona problemática o es algo temporal debido a una situación particular? Todos nos comportamos de forma problemática en determinadas circunstancias, y eso no quiere decir que seamos personas difíciles. Si lo tomas así te estás complicando la vida tú misma. De hecho, las personas más difíciles de tratar son las que ven siempre a los demás como difíciles. Una persona conflictiva se comporta de forma difícil continuamente. Si no es así, puede que estés buscando una excusa a tus propios problemas, y en vez de solucionarlos le echas la culpa a los demás. Así que considera si esa persona se ha comportado así en al menos tres situaciones similares, si tu reacción es desproporcionada (quizá estás irritada con esa persona por otra causa o tienes algún prejuicio…), o si se podría solucionar con una simple conversación franca. En todos estos casos no estarías tratando con una persona difícil.

 

2. No intentes cambiar a la persona. Es muy frecuente querer que las personas cambien y que no se comporten como lo hacen, o que lo hagan como nosotros queremos,  pero con eso no vas a arreglar nada. Culpar a otra persona y desear que cambie te hace perder el tiempo y sentirte frustrada porque, ¿sabes qué? No va a cambiar. Así que intenta asumir que esperar que una persona cambie mágicamente no va a suceder.

 

3. Distánciate de la conducta problemática. Con esto no quiero decir que huyas, sino que dejes a un lado (por difícil que parezca) la irritación, frustración y ganas de cambiar a esa persona y observes la situación fríamente, desde fuera; e incluso que te pongas en su lugar. Esa es la única manera en la que podrás entender las causas de su conducta y las pautas de su comportamiento, y así podrás decidir cómo actuar o responder. De otra forma serás incapaz de planear una estrategia y estarás respondiendo como esa persona espera.

 

4. Diseña un plan para arreglártelas. Una vez que has comprendido la conducta de la persona problemática es hora de idear una estrategia para salir airosa de la situación. Lo más importante es saber que en tu actitud reside la solución, que eres tú la que tiene que modificar cómo interaccionas. Lo más común es ponerse a la defensiva e incluso contraatacar, pero eso no da buenos resultados. En vez de tomarte a mal su actitud busca alternativas que te permitan salirte con las tuya. Por supuesto, la respuesta dependerá del tipo de persona problemática con la que estés. Por ejemplo con una persona hostil, avasalladora y ofensiva funciona mantenerte en tus trece (que no te vea como débil), darle tiempo a calmarse, conseguir que se siente y evitar los choques frontales. Por otro lado, con una persona que le encuentra fallos a todo y protesta por todo y todos sin hacer nada al respecto sería útil, entre otras cosas, escucharle y no mostrarse de acuerdo ni disculparse. Puedes encontrar toda la información sobre los distintos tipos de personas difíciles en el libro que te mencioné antes.

 

5. Ponlo en práctica. Por supuesto tienes que elegir el momento oportuno, decidir cuándo tienes el tiempo y energía necesarios (porque los vas a necesitar) y tener en cuenta que la persona no esté pasando por una situación estresante. Puedes practicar antes en tu casa. Después, comprueba la eficacia de tu estrategia y haz modificaciones si es necesario.

 

Aun así algunas veces  no hay manera de interaccionar con esa persona con normalidad. En ese caso, no hay más remedio que distanciarte lo máximo posible, aunque eso implique cambiar de puesto de trabajo. Por supuesto eso conllevará muchas molestias y estrés pero es tu elección. A veces es peor soportar a la persona en cuestión. Por eso es conveniente saber como tratar con estas personas para no tener que recurrir a medidas desesperadas. Para más información te vuelvo a remitir al libro  «Cómo tratar con personas difíciles» de R. Bramson.

 

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«Find a job you like and you add five days to every week.»  H. Jackson Brown, Jr.

«Encuentra un trabajo que te guste y le añadirás cinco días a la semana.»  H. Jackson Brown, Jr.

 

 

Hay veces en que te sientes «atrapada» (o atrapado) en un trabajo que no te llena ni te gusta y debido a tus circunstancias, miedos y necesidades prefieres aguantar que decidirte a dejarlo.

Y ¿cómo vas a  encontrarte satisfecha en un caso así, verdad?

 

Yo siempre soy partidaria de cambiar  lo que no te gusta, pero si no te decides y eliges seguir aguantando, hay ciertas cosas que puedes hacer para que tu situación sea más llevadera y te sientas satisfecha.

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