Hoy voy a hablarte de las excusas.
¿Por qué siempre te pones excusas?
No porque seas una persona que pone excusas, eso solo lo sabes tú.
Sino porque tu mente es experta en disfrazarlas de razones.
Y lleva meses (o más) haciéndolo. Así que vamos a por ellas.
1. No sé si es el momento.
Depende de cuánto tiempo lleves diciéndote eso. Es verdad que a veces no es el momento.
A veces.
Si llevas meses o años diciéndote eso, es otra cosa ya…
No va a llegar el momento en el que no tengas dudas o cierto miedo, sino el momento en que dices: «Vale, voy a por ello».
El momento es cuando decides que lo es.
Y si llevas meses o años posponiéndolo, pues lo que te estás diciendo es «nunca».
Así que siéntate a ponerte una fecha o lánzate, pero no sigas dejando que el tiempo pase si ya llevas bastante así.
Por tu salud y felicidad, más que nada.
2. Es mucho dinero.
Puede ser.
Todo es relativo. También 3000 euros en unas vacaciones son mucho dinero, o 1000 euros en un móvil.
Es cuestión de prioridades y no pasa nada, cada uno tiene las suyas.
Hay personas que no quieren gastarse 12 euros en ir al cine, pero sí 80 en irse de copas una noche.
O varios libros al mes, o ropa, o tecnología, o cursos.
Al final, es cuestión de qué quieres y necesitas, no tanto de dinero, si lo tienes.
Pero déjame preguntarte algo, lo importante:
¿Cuánto te está costando seguir como estás?
No solo dinero.
Noches sin dormir bien. Energía mental dándole vueltas y vueltas. Oportunidades que dejas pasar porque «no es el mejor momento».
La versión de ti que estás aplazando.
Si le pones precio a todo eso, ya es otra cosa.
Por no hablar de poder conseguir más ingresos con el cambio.
2. Debería poder sola.
Este es mi favorito. Porque es el que más daño hace y porque yo era así y me cuesta renunciar a esa posición de superwoman, la verdad.
Pero, ¿sabes qué?
A mí, eso me ha hecho perder bastante tiempo en varios ámbitos. Ese «yo tengo que poder sola».
En todo caso, si ya llevas meses intentándolo sola. ¿Cómo te está yendo?
Las mujeres más capaces que conozco creen que pedir ayuda es un poco de débiles.
No lo es.
Me costó aprenderlo y ahora soy bastante más feliz y eficiente.
Pedir ayuda es de personas que valoran su tiempo, su energía y su vida lo suficiente como para no desperdiciarla dando vueltas en círculos.
Hacer las cosas sola no te hace fuerte. Te hace lenta.
3. ¿Y si no funciona?
En realidad, lo que no funciona es seguir como estás, aunque cueste a veces verlo.
4. Tengo miedo
Claro. Si no, no estarías paralizada. Es normal y trabajaremos también esos miedos para que no te paren.
Porque el miedo no es señal de que no estés lista, sino de que esto es lo suficientemente importante para ti.
Siempre tenemos miedo, cada uno de una cosa distinta, pero hay que aprender a avanzar incluso con miedo. El punto clave es decidir que estás más harta de seguir así que asustada. Que ya no puedes más.
Eso me pasó a mí también.
¿Cuál de estas te suena? Seguro que más de una. Es normal, pero no dejes que te dominen. Piensa qué es real y qué estás convirtiendo en excusa.
Si estás lista para elegir algo distinto y conseguir distintos resultados:
Reserva tu plaza en «Decisión en 7 días».
Si hay algo más frenándote que no haya mencionado, respóndeme y me cuentas. Te contesto yo personalmente.
Por cierto, otra objeción muy, muy frecuente es el silencio. Cuando lees, pero no dices nada, cierras el email o el post y sigues. Eso es no querer pensar para no complicarte, pero, a veces, posponer y «no pensar» no ayuda a avanzar.
Es el momento de salir de esa inercia y hacer algo diferente. Aunque sea pequeño. Pinchar, responderme, algo que te haga salir del silencio e involucrarte. Por ahí se empieza.
Un abrazo.



