atreverte a hacer lo que quieres hacer

 

Cuando hablamos de estancamiento profesional siempre me gusta mencionar al menos tres temas diferentes:

 

  • Primero, cómo saber qué es lo que quieres hacer.
  • Segundo, cómo elegir entre distintas opciones o pasiones o alternativas, que es el caso de muchas personas multiapasionadas.
  • Tercero, cómo atreverte a dar el paso.

 

El primer y el segundo paso ya los he comentado en varios artículos, por ejemplo aquí, aquí y aquí.

Y hoy vamos a hablar de qué necesitas para atreverte a hacer lo que de verdad quieres hacer profesionalmente. Sigue leyendo…

 

Escucha este artículo aquí –>Cómo atreverte a hacer lo que de verdad quieres hacer profesionalmente

 

Lo que necesitas es:

 

– Tener clarísimo lo que quieres y los sacrificios que implica.

 

Ese es obviamente el primer paso y esto implica también no sólo saber lo que quieres sino averiguar qué requiere lo que quieres.

Porque muchas veces no nos atrevemos porque no tenemos claro qué va a requerir esa opción, qué vamos a necesitar, qué sacrificios va a haber que hacer.

Por ejemplo, cuando estaba en el instituto estaba dudando entre dos profesiones: científica y egiptologa.

¿Y cómo me decidí?

Al averiguar qué carrera tenía que estudiar para cada una. Biología o Medicina o cualquiera de ciencias me gustaban, pero estudiar Historia nada de nada.

Así que en este caso lo que necesité para tomar la decisión fue tener la información clara.

¿Y qué información?

Toda la que puedas conseguir. Especialmente respecto a lo que es importante para ti.

Si para ti es importante la flexibilidad horaria o el trato directo con personas o poder ascender o lo que sea, eso es lo que tienes que saber.

Para mi era importante disfrutar de los años de la carrera que eligiera. Porque no puedo hacer una carrera que no me guste aunque la profesión final me encante.

Otro ejemplo: hubo un tiempo en el que me planteé entrar en la policía científica para trabajar en el laboratorio. Me encantaba la idea.

Busqué información sobre lo que se requería y al ver que había que estudiar oposiciones, con legislación incluida, y, si no recuerdo mal, pasar pruebas físicas, lo descarté de inmediato.

No estaba dispuesta al sacrificio de unas oposiciones y mucho menos a hacer pruebas físicas. Sí estaba dispuesta a hacer cinco años de carrera, un doctorado y uno o varios postdoctorados, que incluían irme al extranjero, para ser científica.

Distintos tipos de sacrificios. Yo tenía claros los míos.

Pero esa soy yo, ¿qué es importante para ti?

 

Para saber exactamente qué quieres en tu carrera tengo un módulo completo en mi programa “Qué Hacer Cuando No sabes qué hacer”, échale un vistazo pinchando aquí.

 

– Estar dispuesta a hacer lo que tengas que hacer.

 

Esto es lo más importante y ya lo sabes. Si de verdad quieres algo tienes que estar dispuesta a hacer lo que haya que hacer.

Como yo cuando elegí ser científica. Ya sabía que me iba a tocar estudiar muchos años y trabajar muchas horas en laboratorios y posiblemente irme al extranjero y leer y escribir en inglés, ir a conferencias y muchas cosas más.

Y no todas me gustaban. Pero yo quería ser científica y si había que hacerlo lo hacía y punto.

Eso no quiere decir que no puedas ajustar expectativas o ambiciones.

Yo cambié varias veces de objetivo una vez estuve ya metida en la ciencia.

Y fíjate que fue una vez estuve ya metida, no antes, porque antes no podía saberlo.

Primero quería trabajar en el centro de control de enfermedades infecciosas de Atlanta, investigando virus peligrosos (que sonaba muy molón, jaja).

Luego lo pensé bien y ya no me hacía tanta gracia la idea de pasarme horas metida en un traje y arriesgando tanto.

Después, investigar sobre el cáncer e ir a por todas, incluyendo el premio Nobel. Luego vi que para eso hace falta MUUUUCHOO trabajo, muchas horas encerrada y quería otro tipo de vida. Así que elegí ser una científica menos ambiciosa siempre que pudiera trabajar en un laboratorio y tener fines de semana y vacaciones.

Y eso son solo algunos pasos en mi carrera científica.

En mi negocio también he ido haciendo cambios y ajustando objetivos.

La cuestión es estar dispuesta a hacer todo los que tengas que hacer e ir ajustando por el camino, cuando ya estés dentro, cuando ya estés recorriendolo.

Cuando sepas los sacrificios que se requieren y decidas si estás dispuesta a asumirlos o no.

 

– Estar dispuesta a seguir adelante y a lanzarte a pesar de los miedos.

 

Miedo y dudas vas a tener casi siempre. Rara es la ocasión en la que te vas a sentir segura al 100% de una trayectoria profesional.

Pero si es lo que realmente quieres hay que lanzarse a probar.

Te cuento lo que me ha ayudado a mi a superar todos estos miedos que son una de las razones por las que no te atreves:

 

1. No preocuparme demasiado por el futuro.

Cuando elegí Biología y la gente me decía que eso no tenía salidas, que de qué iba a vivir, yo pensaba: “ya encontraré algo cuando llegue el momento” (de hecho, yo veía muchas salidas…)

Cuando cambié al coaching y me decían que no iba a durar pensaba: “bueno, pues si no sale bien ya me apañaré y buscaré otra cosa hasta que vuelva a encontrar mi camino.”

Obviamente siendo realista, yo nunca te voy a decir que te lances a lo loco sin pensar.

Tienes que ser consciente de tus circunstancias, tu economía, tus obligaciones y planificar teniéndolo todo en cuenta.

Yo no hice el curso de coaching en cuanto lo encontré, mientras hacía el doctorado, tardé varios años hasta que pude, por ejemplo.

Tampoco me apunté al curso de doblaje sin pensar, miré mi presupuesto y mi disponibilidad.

 

Cuando de verdad quieres algo haces lo que sea y si no puede ser ahora, lo más pronto que puedas. Clic para tuitear

 

No te obsesiones con el ahora, lo importante es ir viendo avances y tener objetivos y sueños.

 

2. Estas preguntas (ya sabes que soy fan de las buenas preguntas, como buena coach ; )

 

  • ¿De aquí a diez años te arrepentirías si no lo hicieras (o si lo hicieras?).  A mi esta pregunta me ayuda muchísimo y la uso siempre que necesito claridad.

 

  • Si fueras una abuelita de noventa años sentada en una mecedora, ¿qué te dirías a ti misma sobre esta situación?

atreverte a hacer lo que de verdad quieres hacer

 

Esas preguntas hacen que vea las cosas desde otra perspectiva y me ayudan mucho, así que te las recomiendo.

 

En resumen, qué necesitas para atreverte a hacer lo que de verdad quieres hacer?

  • Tener claro lo que quieres y lo que implica (tiempo, energía, etc). Y es que muchas veces no te paras a mirar qué es lo que realmente necesitarías.
  • Hacer lo que tengas que hacer. Aquí no hay más, se necesita un compromiso del 100%.
  • Seguir adelante a pesar de los miedos usando cualquier pregunta o técnica que te ayude a seguir adelante.

 

Y si alguno de estos pasos no lo tienes muy claros en tu situación y quieres profundizar más en cómo saber qué es lo que de verdad quieres, cómo elegir entre distintas opciones o tomar una decisión y crear un plan de acción efectivo, mi programa online “Qué Hacer Cuando No Sabes Qué Hacer” es perfecto para ti.

>> Echale un vistazo aquí  <<

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Y TU, ¿QUE OPINAS? - 6 COMENTARIOS

Comments

  1. ¡Qué bueno que posteas otro artículo nuevo!

    Siempre pido disculpas por ser extenso, pero esta vez no lo haré; quiero desahogarme, y creo que mi historia puede llegar a ser valiosa para otros.

    Me cae genial que publiques los martes, porque actualmente es el día que más horas trabajo, y el día que más “preguntas enloquecedoras” me hago.

    Hoy tomé una decisión importante: dejar mi trabajo. Por un lado me pone triste porque no es algo de lo que uno se alegre, pero por otro lado creo que es lo que merezco. Así que en Marzo 2018, sea a principio, a mediados o a finales de mes, ya no estaré en esa escuela que me ha brindado muchísimo, y a la que he entregado muchísimo también.
    No tomé la decisión desde el enojo, sino que hace un mes lo venía pensando, y finalmente tomé la decisión. Una de mis prioridades es el crecimiento, y se está viendo limitado. Te cuento que hoy hablé mucho con mi madre, e intercambiamos pareceres, pero creo que piensa igual que yo. Una frase que uso varias veces al día es “yo hago lo que quiero”, y a veces se enojan en mi casa. Pero lo cierto es que yo tengo valores muy arraigados, que no traicionaría por nada de nada. Y unos objetivos muy claros: el que debe cumplirse primero que todo (y estuvimos mirando el calendario) es dejar de ser profesor, aparentemente a principios de Junio. El siguiente es dejar de trabajar en escuelas, tal vez en un par de años más, aunque cuanto antes, mejor.

    Enganchando con los temas del artículo, cuando sale la “típica” conversación en casa, el diálogo es más o menos así:
    – Quiero dejar de ser profesor.
    – ¿Y de qué vas a trabajar?
    – Yyyyy… no sé.
    – Tiraste un montón de currículums, y apenas te llamaron
    – Yo tengo unas cuantas alternativas, pero hay que aplicar una estrategia. Lo que pasa es que no sé exactamente qué quiero hacer.
    – No hay trabajo (en este país), las cosas van a estar cada vez peor

    Yo tengo en mente cómo sería mi forma de trabajo ideal, pero no le puedo poner nombre y apellido. Entonces nunca puedo responder de manera concreta.

    Justamente, el primer ítem es lo que más necesito. Lo que estoy haciendo ahora, es ver qué tipo de vida quiero tener, y luego encajarle el trabajo, no al revés. Mi gran problema es la flexibilidad horaria. Y hasta hoy, lo que pensé como opción ideal es trabajar sólo a la tarde.
    Ahora, si quiero mejorar mi situación laboral, ¿qué cuestión puedo negociar?. En mi caso, odio levantarme temprano, porque soy nocturno. Pero podría hacer un cambio radical en mi vida, ajustar horarios, y levantarme todos los días para entrar a las 8.
    Esto es como “ir abriendo”. Me pasó una vez en una escuela, al finalizar mi segundo año como profesor. El director me dio una grilla de disponibilidad horaria, y yo hice las cruces correspondientes. A los pocos días, me llamó y me dijo “¿no podrás abrir más?”, y le abrí dos días más. Me volvió a llamar y me hizo la misma pregunta. Finalmente, abrí las dos primeras horas de la mañana. Resultado: me ofrecieron 16 horas a la mañana como suplente, dejando libre los jueves. Después cómo me fue, es otra historia.
    Yo lo planteo así, hasta alcanzar tu límite innegociable.
    Me informo lo más que puedo para decidir mejor.

    La escuela que dejaré me dio la posibilidad de ser yo mismo otra vez (allí soy preceptor). El empleo apareció en un momento donde el trabajo como profesor en otra escuela era un callejón sin salida. Y hoy al salir del trabajo como preceptor, mientras caminaba, lo comparaba con aquél trabajo. “Pero no puedo comparar siempre con lo malo, en algún momento tiene que aparecer el verdadero cambio”, me dije. Obvio que no tiene comparación, y estoy super agradecido pero, otra vez, “todo tiene su límite”.
    Un día trabajaba en aquella escuela, y al día siguiente a la misma hora, en otra. Era impresionante. Y tan fuertes eran las ganas de cambiar, que puse toda mi dedicación y mi esfuerzo para aprender y hacer el mejor trabajo posible, a pesar de que era la primera vez que trabajaría como preceptor. Quería que la Dirección estuviese tranquila de que “contrataron” a un buen empleado (es una escuela del Estado, y los puestos se consiguen por actos públicos, que son una especie de “remate de horas y cargos”, no existiendo contratación ni contacto previo alguno). Estaba dispuesto a hacer lo que sea.
    Y a medida que fueron pasando las semanas, ya ahí dentro, fui desarrollando lo que yo llamo “la maquinaria”, que es una serie de cuestiones que monitoreo para optimizar mi trabajo. A partir de ello, me fui dando cuenta qué actividades me gusta más hacer y cuáles no, y aquellas que me gustan, las podría seguir haciendo en otro lugar, y es mi propuesta de valor.
    En la charla de hoy con mi mamá, le confesé que un día mi compañera de trabajo me dijo “¿Sabés lo bien que nos vendría tener un preceptor como vos en la otra escuela donde trabajo?”, pero esa frase en el ámbito estatal no sirve para nada, por lo que expliqué anteriormente. Y no me gustan las escuelas privadas, porque ya sé lo que son.

    A principios de abril de este año casi renuncio a la escuela donde soy preceptor, y hubiese sido un gran error, ya que hubiese renunciado desde el miedo. Miedo a no saber cómo serían los nuevos alumnos que ingresarían, miedo a encarar un nuevo año escolar y si sería capaz de trabajar de la misma manera que el año anterior, etc. Pero faltando 7 días hábiles para que terminen allí las clases, puedo decir que estoy muy satisfecho con todo lo logrado con los alumnos que me tocaron. Pero soy muy consciente de todo lo que no se va a lograr, y por eso me voy, porque no me genera la suficiente confianza para quedarme.

    Cuando entro en Internet, y me pongo en contacto con estas cosas, todo se me pasa, y me doy cuenta de que no estoy donde quiero estar. Repito que no estoy en la etapa de “odio mi trabajo”, para nada. Lo que más me preocupa es mi futuro, porque más allá de las incertidumbres y los cambios que se vienen en las 3 escuelas donde ahora trabajo, yo no tengo esa opción de decir “dejo el coaching y vuelvo a la ciencia”. Me encantaría saber qué puedo ofrecerle al mundo, por qué me contratarían, qué es lo que haría a mi alma vibrar.
    El otro día fui a visitar a mis antiguos profesores de Inglés particular, y fue cruzar la puerta y que me temblara todo el cuerpo. Al salir, la energía positiva me duró un ratazo.
    Cuando fuimos a ver la (truchísima) obra de teatro que prepararon los alumnos de donde soy preceptor, tuve que imaginarme que me pagaban por viajar en ómnibus para verla (“me pagan el sueldo por hacer esto”), pero recordé lo lindo que se sentía cuando participé en 2 obras de teatro cuando era joven, y lo volvería a hacer.

    Encontrar aquello en lo que pueda contribuir, pueda ser monetizable, y además me apasione se ha convertido en una gema difícil de descubrir.

    Saludos.

    • Hola Martín, gracias por compartirlo. me alegro de que hayas tomado una decisión y de que no sea con miedo, sino meditada de otra forma. También e muy importante lo que mencionas de los límites, exacto, tienes que tener claros cuáles son.

      Yo veo que cada vez te conoces más y estás en la fase de probar algo nuevo porque pensar ya no te lleva a ninguna parte.Fíjate que lo importante no es saber si podrías volver a tu trabajo sino saber que te apañarías, que buscarías otra cosa. Yo no sabía si podría volver a la ciencia después de tanto tiempo sin publicar y sin hacer nada, habría sido bastante complicado pero no pensé eso, pensé que ya me apañaría.

      Y recuerda que yo decidí dedicarme al coaching cuando ya estaba haciendo el curso, cuando ya había dado un paso. Muchas veces solo sabes qué hacer cuando ya has dado un paso. Mucha suerte!!

      • Hola de nuevo!
        Estos días estoy en grandes replanteamientos (por la época del año, como dices), y a día de hoy, no estoy tan seguro de dejar esa escuela el día que dije. Y seguro tú dirás “no pasa nada, si es antes o después, que sea lo mejor para tí”, pero no estoy seguro de qué sería lo mejor para mí. Me explico mejor: yo soy una persona orgullosa, probablemente sea malo, pero soy así. Y debido a toda la experiencia laboral que tuve, siento que necesito tener un premio, que se haga justicia.
        Justicia en varias esferas: una de ellas, la salud, recuperar lo que perdí (esta se está haciendo esperar demasiado). La reputación, lo que tiene que ver con lo social, con “limpiar” mi apellido (se está logrando de a poco, de manera constante). Y luego en lo puramente profesional, en el reconocimiento sincero, no adulaciones.
        Y acá está el gran tema. Porque las dos primeras esferas apuntan más a lo psicológico, en donde a veces influye la voluntad que le ponga uno. Y la restante es saber si estás haciendo las cosas bien.
        La gota que rebalsó el vaso en el colegio del cual pienso irme, es que no hay premios ni castigos. En cambio, en el otro sí, porque los que hacen las cosas mal, tienen menor calificación por parte del director.
        Entonces, yo me siento cansado de estar así, desencajado con la cultura institucional. Sin embargo, lo que es importante es la respuesta de los alumnos que me tocaron, que es cada vez más alta: por ejemplo, ya varios chicos dijeron explícitamente que siga siendo su preceptor (en esa misma escuela o en otra, es decir, que me cambie a la que ellos se cambien). No recuerdo que esto me haya pasado alguna vez.
        Como decía, necesito un premio, que sería irme, pero también que me extrañen (los adultos de la institución). Yo tengo este pensamiento: si me extrañan, es porque me necesitaban y porque hacía bien las cosas (porque sé que muy pocos trabajarían como yo lo hago). Y ahora que me perdieron, me valoran. Punto para mí. Y si no extrañan, también punto para mí, porque significaba que yo no debía seguir en un lugar donde no me valoraban. El asunto es saber si irme antes que empiecen las clases (es decir, el trabajo fuerte y cotidiano), o soltar el carro de un día para otro, y que se note el contraste. Esta opción no me gusta mucho, porque quien venga, aprovechará todo el sistema que yo armé, se le hará todo más fácil, cosa que yo no tuve al entrar. Lógico que puede ir derrumbando todo de a poco, pero esa ya es otra historia.

        Sé que a los ojos de un externo suena todo un poco rebuscado, pero yo tengo esa necesidad de justicia, tal vez no tanto por el trabajo actual, sino, de alguna manera, buscar la redención por los trabajos pasados, en donde me sentí humillado.

        Me gustaría saber su opinión, y disculpe si le estoy contando esto, que puede parecer una nimiedad. De todos modos, en unos 15 días empieza la reconfirmación de cargos, y algunos compañeros pueden cambiar. Igualmente, yo me siento desencajado, no confío en que algo pueda llegar a mejorar allí.

        Gracias.

        • Hola Martìn, tu principal obstáculo es darle demasiada vueltas a las cosas, junto con expectativas muy altas de lo que tu puesto de trabajo o tus compañeros “tienen” que darte, como por ejemplo esa necesidad de justicia que mencionas. Y si simplificas las preguntas: si no te importara lo que los demás opinen de tu trabajo, si tu propia ego te diera igual (no te preocupes, el ego nos para a todos),qué harías?

          Simplifica en lugar de complicar las preguntas que te haces porque de tanto pensar sigues estancado en lugar de tomar la acción que habías decidido previamente…

          • Ante todo, gracias por publicarme.

            Tienes toda la razón. Lo que pasa que cuando me agarra la incertidumbre de no saber qué va a pasar con los cargos/puestos, es cuando me vuelvo más conservador, y tiendo a volver hacia atrás con la decisión. Además, también converso con mi familia, porque soy muy arrebatado, y algunas veces… ellos dan otra óptica que yo no tenía.

            Justo hoy se dio una situación resolutiva. Yo soy muy creyente, y ayer en Misa dije, “si sucede tal cosa, me voy. Tú decides (por Dios), como siempre”. Tal vez haya sido una excusa, no sé, pero ocurrió. En el fondo, quería que sucediera. Siempre fui complaciente, de “estirar” los límites. Pero ahora sí, la decisión es irrevocable, porque no puedo vulnerar mis propios límites y mi “dignidad”. No puedo seguir permitiendo que mis compañeros de trabajo resientan mis actividades. No es tanto lo que los demás opinen de mí, eso nunca me importó demasiado. Cuando no te dejan trabajar, es el asunto permanente en ese lugar.

            Si no sale ningún trabajo antes, me voy a ir para las Pascuas (me quedo sólo el primer mes de clases). En unos días redactaré la renuncia con esa fecha, la guardaré, y si he de presentarla, será antes de Semana Santa. Ya tengo pensado ahorrar dinero por si no consigo nada ahora en Diciembre (en estas 2 semanas son los “actos públicos”).

            Me siento muy tranquilo con mi decisión, y nada hará que la cambie.

            Mis padres son jubilados hace unos cuantos años, y yo soy hijo único. Si llegara a suceder algo grave, mi idea es rebuscármela de otra manera. Confío en mis capacidades, y aunque el proceso de cambio profesional pueda hacerse aún más lento, será todo a mi manera, y no atándome a algo que ya no tengo ganas.

            Saludos! Y gracias por todo, como siempre.

          • Me encanta esa última frase, guárdatela para releerla si la necesitas y ya me contarás cómo va todo. Mucha suerte!!

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